Marca devaluada: la crisis de la UDI tras la derrota de Lavín

El análisis de dirigentes, expresidentes del partido, parlamentarios y analistas sugiere que la colectividad “leyó tarde” los cambios que la sociedad chilena había tenido. A la luz de los últimos resultados electorales, en la tienda ronda la idea de realizar un congreso doctrinario e, incluso, cambiar la marca, cuestión que aún no se traduce en una propuesta formal. Lo que sí comenzó a avanzar es una comisión que preparará un “nuevo relato” para enfrentar la etapa que viene.




La cita era a las 17 horas, en la casa del abogado Rodrigo Pinochet, en Concón. El miércoles 21 de julio, una veintena de diputados de la UDI, incluyendo al presidente del partido, Javier Macaya, y la secretaria general, María José Hoffmann, se reunieron en el domicilio del coordinador político-legislativo de la bancada.

El objetivo era hacer un análisis de la derrota que tres días antes había sufrido el abanderado gremialista, Joaquín Lavín, quien quedó en segundo lugar, a casi 20 puntos del independiente Sebastián Sichel.

Ese día fue la primera vez que se mencionó la idea de hacer un “cambio de marca”.

La decepción tras el mal resultado de su candidato en la primaria cristalizó un proceso de declive para el partido -ya golpeado por un mal desempeño en las elecciones de mayo- y dio pie para que se comentara la necesidad de impulsar una “nueva UDI”, pues, en voz de varios dirigentes, “la marca está desgastada”.

Se trata de un diagnóstico común tanto entre expresidentes como parlamentarios, quienes miran con inquietud la falta de posicionamiento y el riesgo de que el partido que una vez tuvo un tercio de la Cámara de Diputados termine con menos de los 26 representantes que tiene hoy.

Porque en la UDI, algunos con pesimismo y otros con mayor entusiasmo, coinciden en que la derrota del exalcalde de Las Condes viene a cerrar un ciclo para el partido, que tuvo años exitosos a partir de los 90 y comenzó su declive con el caso Penta. Así, distintos dirigentes plantean que la tienda atraviesa por una crisis de identidad, por lo que deberá hacer una “pausa reflexiva” para enfrentar a “un Chile distinto”.

La secretaria general María José Hoffmann y el presidente de la UDI, Javier Macaya.

Un paso concreto se dio esta semana. El martes, tras una reunión de la directiva, le encomendaron al abogado y convencional Ricardo Neumann liderar una comisión que contribuya a crear “un nuevo relato” para el partido, para lo que está trabajando con el alcalde de La Florida, Rodolfo Carter, y otros asesores comunicacionales.

Adicionalmente, la mesa buscaría realizar un congreso ideológico en los próximos meses, que permita revisar más en profundidad algunos de los principios y el posicionamiento del partido en el debate público.

En opinión del exsecretario general del partido y hoy exmilitante gremialista Darío Paya, “las fuerzas que han tensionado a la UDI son muchas y de larga data. Probablemente, la más potente en sus efectos ha sido en los gobiernos de Piñera: esa tensión entre ‘ser partido leal y funcional’ y ‘sostener posiciones para no perder el perfil propio’. En ese ambiente, dejaron de estar ordenadas y alineadas vertientes distintas que se habían articulado de manera extraordinaria en décadas previas. Es en ese ambiente que se crean espacios a ambos costados de la UDI, para un proyecto de derecha conservadora y otro de derecha liberal, ambos encabezados por un Kast”.

Expectativas electorales

Esta discusión se da en un contexto en que la UDI busca a los candidatos para la parlamentaria de noviembre bajo lo que definen como “un escenario incierto” y con una desventaja práctica: 12 de los 30 diputados electos en 2017 no podrán ir a la reelección debido a la ley que puso un límite para ello.

Ante la incertidumbre de noviembre, los cálculos más pesimistas apuntan que la bancada se reducirá a 13 o 15 diputados, mientras que los más optimistas dicen que conseguiría elegir a unos 28.

Uno de los que levantaron una campanada de alerta fue el expresidente Pablo Longueira. Hace unas semanas, a varios dirigentes les planteó la idea de realizar, junto con la primaria presidencial, una paralela en la que se inscribieran todos los militantes e independientes que quisieran competir en cada distrito, a fin de asegurar cartas que pudieran ganar y el recambio en las plantillas. El objetivo, buscar obtener cerca del 40% del Congreso y así pavimentar la victoria de Sichel. Sin embargo, ello no cuajó. Y hoy el exministro ha planteado severas críticas a las directivas de Chile Vamos, junto con una visión pesimista sobre el futuro electoral de la coalición.

Foto: Mario Téllez / La Tercera

Como él, varios dirigentes calculan, en privado, que un mal resultado en la parlamentaria golpeará las posibilidades de Sichel.

Pero otros lo miran desde otro ángulo: para muchos dirigentes y militantes de base, la candidatura del independiente representa una oportunidad para “refrescar” la imagen del partido e influir a partir de un programa de gobierno que -aunque pretende despercudirse de los políticos- represente a un sector más amplio de la sociedad. En esa línea, lo que más destacan las distintas fuentes consultadas es que el exministro “encaja” con el perfil social que el gremialismo busca representar y que, de hecho, potenció Lavín con su bandera de la integración social.

Moverse al ritmo del trap

Pero más allá del rendimiento electoral, hay visiones dispares sobre el panorama político, ante el cual muchos están pesimistas. “Lo que queda es construir credibilidad para cuando el péndulo venga de vuelta. Hay que ir perfilando al partido y construyendo desde ya una alternativa, y eso pasa por un tema de convicción”, dice el abogado Gonzalo Cordero.

Uno de los factores al que apuntan para explicar la crisis actual de la colectividad tiene que ver con una “lectura atrasada”. Varias fuentes afirman que era correcta la lectura del hoy ministro vocero de Gobierno, Jaime Bellolio, cuando en 2016 se enfrentó a la senadora Jacqueline van Rysselberghe por la presidencia del partido.

En esa disputa, Bellolio sostenía que la UDI debía enfrentar a “la nueva izquierda” -representada por el Frente Amplio-, modificar su forma de liderazgo por uno más horizontal –que contrastaba con “el dedazo de Lagos”- y hablarle a una clase media que había sufrido los abusos de un modelo económico que la propia UDI había ayudado a construir, pero que no había sido capaz de criticar con fuerza ante sus fallas y abusos.

Más del 60% de la militancia de ese entonces no compartió su diagnóstico y le dio el triunfo a la senadora por Biobío.

Hoy, el expresidente gremialista y actual ministro del Trabajo, Patricio Melero, dice que “a la luz de los resultados, sin duda que la UDI leyó tarde los cambios, pero no solamente la UDI, todos los partidos no tuvieron la capacidad de adecuarse a tiempo a los nuevos paradigmas que la sociedad impone y a la manera cómo espera que sus políticos la representen”.

Otro antiguo militante gremialista sostiene que “estamos bailando al ritmo del perreo intenso de los 90 o de los 2000, y no al ritmo del trap. Muchos en la UDI siguen escuchando a Sandy y Papo y la música ahora la pone Paloma Mami”.

Sebastián Sichel es saludado por Joaquín Lavín en su comando. Foto: Agenciauno

A partir de ese análisis, diputados y autoridades del partido coinciden en que un punto de inflexión se dio con el caso Penta, que destapó el financiamiento irregular de la política y que, para la tienda, demostró la ligazón -por aportes económicos, vínculos familiares y de amistad- de algunos empresarios con los dirigentes del partido.

Así, un personero de la UDI acusa que “el caso Penta demostró que no habíamos tenido la libertad suficiente para defender a las personas frente a los intereses de los empresarios y que, en muchos casos, habíamos mirado para otro lado frente a los abusos”.

Según remarca un legislador, esta situación habría sido revertida en los últimos años, porque “es con votos nuestros que se han aprobado una serie de leyes para aumentar las sanciones y controles para evitar los abusos”.

Sin embargo, en opinión del diputado y tesorero del partido, Nicolás Noman, “se ha instalado que la UDI defiende a la élite, a los grupos empresariales y el statu quo”, y que la estrategia que ha mostrado la tienda en el último tiempo ha sido “oponerse a todo”. Por eso, asegura que “más que un cambio de marca, tenemos que cambiar la forma en que nos posicionamos ante las personas y tenemos que definir una nueva hoja de ruta”.

Un nuevo relato

“Así como siempre fue exagerado pretender que los triunfos de Joaquín Lavín eran triunfos de la UDI, porque Joaquín era mucho más que la UDI, su derrota tampoco es un juicio sobre la UDI”.

Esa reflexión hace Paya respecto del resultado de la primaria para luego sostener, como otros miembros de la colectividad, que la crisis que afecta al gremialismo responde a una crisis global de los partidos políticos tradicionales.

Así lo reconoce también un expresidente de la UDI, quien desestima que “esto sea un tema de marca” y, más bien, subraya que “estamos frente a un escenario incierto y donde hay que buscar que esos rostros que tengan que aparecer (para la lista parlamentaria) muestren bien nuestro ideario”.

En ese mismo sentido, Macaya sostiene que “la mejor demostración de una lectura distinta va a ser la conformación de la plantilla parlamentaria”. Y añade: “Cambiar la marca y seguir haciendo lo mismo no tiene mucho sentido”.

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