Paso adelante, pero no definitivo: radiografía a la primera PAES

Fueron 245.625 las personas que rindieron la primera Prueba de Acceso a la Educación Superior. FOTO: ÓSCAR GUERRA / AGENCIAUNO

Las evaluaciones a la Prueba de Acceso a la Educación Superior reflejan que la nueva herramienta es mejor que sus antecesoras -PSU y PDT-, pero que tiene margen para seguir mejorando. Algunos expertos, además, piden poner atención a la concordancia entre lo que se mide en esos exámenes y lo que se enseña en los colegios.


Entre el 28 y el 30 de noviembre, 245.625 personas rindieron la primera Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) y con ello se puso fin a casi 20 años de una herramienta completamente diferente: la PSU, o Prueba de Selección Universitaria, y que incluyó una Prueba de Transición.

Esta primera generación, incluso, se mostró sorprendida con la PAES. No pocos se quejaron de que habían estudiado más de lo necesario, que lo más difícil había sido enfrentarse a una prueba que no era familiar y que las diferencias eran notorias con los ensayos PDT. Estos eran más fáciles. Y lo único a mano.

Las preguntas de esta nueva prueba, según se lee en el sitio del Demre (el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional, organismo técnico de la U. de Chile responsable de la construcción de las pruebas), están diseñadas para evaluar competencias, es decir, las habilidades que les permiten a los postulantes integrar y utilizar los conocimientos en diversos contextos, más que la evaluación centrada en los contenidos, que era el foco de la PSU.

Hoy, con los resultados en mano, viene el tiempo de las evaluaciones. Las primeras, las del propio Demre, dicen que en términos generales las brechas que se veían con los instrumentos anteriores se mantienen estables, salvo algunas que bajaron levemente como, por ejemplo, la de género en la PAES de Ciencias. “Sin embargo, hay que considerar que la educación en pandemia, con sus desiguales afectaciones en la población, pudo haberlas agrandado”, dice Leonor Varas, directora de dicho departamento.

La subsecretaria de Educación Superior, Verónica Figueroa, señala que como los cambios de esta prueba permiten evaluar las competencias basadas en conocimientos, que son “transversalmente impartidos” en todas las modalidades de enseñanza, “la PAES otorgan mayor justicia en el proceso de admisión”.

Eso sí, desde el Demre Varas reseña que “una prueba de selección para las universidades no puede borrar las inequidades de la segregada educación escolar chilena”. A pesar de lo anterior, señala que la PAES es un mejor instrumento por varias razones que llevaron a que aumentara en 35% la cantidad de personas habilitadas para postular: “Partiendo por su mayor pertinencia, tanto al currículo como a las necesidades de la educación superior, así como a la población examinada, sus intereses y contextos. En segundo lugar, nos entrega más y mejor información, más precisa, respecto de las reales competencias de los postulantes”, se extiende. Pero, además, suma otros elementos, como la prueba de invierno o el cambio en la metodología de puntajes.

Para Miguel Caro, coordinador del Centro de Experimentación Pedagógica de la U. Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), todo instrumento que intente predecir el rendimiento de los estudiantes en la educación superior tiene limitaciones, incluida la PAES. Pero, asegura, le parece que es “un avance que se ablande la lógica de medir contenidos y que se transite hacia evaluar competencias y habilidades. Eso es más coherente con el tipo de desempeño que se va a exigir en la educación superior”.

En la misma línea, Ruth Arce, directora de Pedagogía Media de la U. Diego Portales, cree que efectivamente la PAES mide competencias. “De acuerdo con las habilidades del siglo XXI, no es suficiente con el conocimiento puro, es decir, el saber, sino que es necesario que ese conocimiento pueda aplicarse en distintas circunstancias”, señala. Y suma: “Esa es la gran diferencia entre la PAES y las anteriores, cuyo foco estaba en el conocimiento”.

Mientras, Alonso Morgado, director general del Preuniversitario Pedro de Valdivia (PPDV), analiza que el cambio de las pruebas pretende lograr dos cosas: medir con mayor precisión y tener un sistema más justo.

Respecto de lo primero, considera que se está cumpliendo al aplicar una nueva forma de asignar puntajes. “A diferencia de pruebas anteriores, basadas en el instrumento total, ahora se dan valores distintos a cada pregunta de acuerdo a su grado de dificultad”, señala, antes de asegurar que “la PAES mide con mayor precisión”. Sobre tener un sistema más justo, añade que “se cae en un problema semántico respecto a qué entendemos por justicia o equidad”. A su juicio, un instrumento de medición de competencias académicas “siempre reflejará las diferencias de variables de diverso tipo, las cuales no dependen necesariamente del sistema educacional. Si el sistema de educación formal no logra superar estas brechas en doce o más años, difícilmente lo logrará un instrumento de selección”.

Respecto de las brechas, dice la subsecretaría Figueroa, “es importante recordar que las escuelas han vivido diferenciadamente los efectos del Covid, por lo que es difícil distinguir el efecto de la PAES del efecto de la pandemia en el aumento o disminución de brechas”. Eso sí, destaca que durante este proceso de admisión hubo un aumento del 6% de las escuelas públicas que tuvieron estudiantes dentro del 20% superior de los puntajes promedio de las pruebas obligatorias. “Sin embargo, los resultados deben ser mirados con precaución y esperar más aplicaciones de la PAES para evaluar las brechas”.

En el camino correcto

Es mejor que lo que existía, pero todavía falta trabajarla”. Ese es el sentir del experto en educación, Miguel Caro, quien ahonda en que las pruebas tienen un punto a favor, que es la orientación hacia la reflexión o resolución de problemáticas con base disponible en los textos de las preguntas. “Siendo eso correcto, creo que las formulaciones tienen que ser más generales, todavía siguen dependiendo mucho de contenidos específicos”, señala.

Un ejemplo de lo anterior, recuerda, se dio en la prueba de Ciencias, donde había una pregunta sobre un tipo de células, los eritrocitos, “y ese concepto ni siquiera está en el currículum de séptimo a segundo medio como parte de los objetivos”. Ese grado de especificidad, cree, “no es el adecuado, las personas necesitamos reflexionar de una manera mucho más global y no tan específica como sigue siendo la PAES. Es lo que plantean las teorías del aprendizaje”.

Asimismo, Arce dice otorgarle “un valor importante al nuevo instrumento, porque ya no se resistía más uno como la PSU”. Además de esto, la académica recuerda que la PAES ya ha pasado por un proceso largo de ajuste, por lo que “cumple con las tareas de validez que se le exigen a un buen instrumento”. Opina también que “las preguntas están bien formuladas, tienen los estándares técnicos y apuntan al desarrollo de competencias”. Sin embargo, advierte, “cuando los instrumentos se aplican por primera vez y están en transición siempre se presentan dudas”.

Justamente, es en los conceptos ‘tiempo’, ‘transición’ y ‘proceso’ donde se detienen los entendidos. “No debemos olvidar que es un proceso y que no todos los objetivos se pueden lograr a corto plazo”, cree Morgado, quien añade que “se requiere tiempo para ir perfeccionando este camino”. De todas formas, el experto asegura que una lectura tranquila, sin las presiones que pueden sentir los postulantes, permite apreciar que las preguntas “están bien formuladas” y que se adecuaron al temario público. Dice, eso sí, que como la PAES no es igual a las anteriores y por tanto es novedosa, “podría llevar a algunos a pensar erróneamente que hay problemas en la formulación”.

En esa línea, desde la UDP, Arce expone que “es importante darle un lapso para saber si efectivamente el instrumento refleja la coherencia de que los estudiantes sean medidos con un instrumento que tenga alineación con el currículum escolar. La PSU mostró muy rápidamente, a su tercer año, esa desalineación”.

Con todo, Morgado tiene una mirada positiva. Él cree que con esta prueba sí es posible disminuir las brechas, lo que teóricamente es factible si, como se ha dicho, se miden habilidades y competencias más que conocimientos. “Y esto es precisamente lo que hace la PAES”, asegura.

La lectura del Demre es coincidente con la de los expertos: “No hay duda alguna que esta prueba es mejor que la PSU”, dice Varas, quien igualmente afirma que “siempre hay margen de mejora”. De hecho, revela que hay muchas propuestas bien fundamentadas, además de los propios proyectos de desarrollo y los planes de análisis acordados con el Mineduc. “Uno de los progresos importantes del nuevo Sistema de Acceso ha sido este compromiso de no crear un proceso que quede escrito en piedra”.

Concordante a aquello, la subsecretaria Figueroa cree que la PAES es una herramienta más adecuada que sus antecesoras. Así, exterioriza que si bien el cambio “es un paso importante, no debemos solo perfeccionar el sistema centralizado de acceso, sino que también todas las vías de acceso”.

Correcciones más profundas

Pero, ¿qué debilidades podría tener esta prueba? “Desde el contenido, si lo que pregunta tiene que ver con habilidades de comprensión lectora o matemáticas, esas habilidades tienen que estar alineadas con el currículum nacional: que se enseñe eso”, asevera Ruth Arce.

En efecto, más allá de considerar que este es un mejor instrumento, algunas miradas apuntan a que los cambios se deben producir a mayor escala. “Tiene que haber coherencia entre la PAES y lo que se desarrolla en el sistema escolar. Hay un problema a la base y es que la política curricular no está orientada a una lógica de habilidades ni competencias”, señala Caro. Y agrega: “Los objetivos escolares más bien tienen un carácter descriptivo, entonces no hay coherencia entre ese currículum y la PAES”.

“Esta es la primera prueba, se puede seguir afinando, pero el camino más sustantivo va por el lado de, primero, complejizar los mecanismos de acceso, que dependan cada vez menos de una prueba de estas características, y por otro lado la política educativa y el currículum que hace varios años está siendo criticado, es obsoleto y no permite abordar problemas hacia donde se supone está conduciendo este instrumento como la PAES”, profundiza Caro.

Desde el Demre, eso sí, Leonor Varas recuerda que el currículum tuvo una actualización reciente, denominada Bases Curriculares, “la que no ha podido ser implementada plenamente producto de la emergencia sanitaria”. Es más, debido a la pandemia, el Mineduc diseñó una priorización curricular que equivale a una reducción de contenidos. Es por esto que el Demre ha trabajado más estrechamente con la cartera para definir los temarios.

La subsecretaria Figueroa apunta, además, que “es la prueba la que se construye en base al currículum escolar y no al revés”.

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