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Del patio de la casa a las escuelas para perros: el gran negocio de las mascotas como miembros centrales del hogar

En un país como Chile, donde el 80% de las familias vive con un perro o un gato, su presencia impacta cada vez más en la organización de rutinas, presupuestos familiares y decisiones económicas. Este cambio ha propiciado el crecimiento de un mercado de mascotas que busca satisfacer desde necesidades básicas hasta entregar sofisticados servicios, lo que abre la siguiente encrucijada: ¿cómo mantener su necesaria “animalidad” en un mundo que hoy les ofrece hasta ir al ‘colegio’?

Era mediados de 2025 cuando el departamento de Alejandra (30) se llenó de un silencio repentino. Uno de sus dos perros –“el más valiente y potente”, dice ella– rompió su racha de energía voraz. El comedero automático soltó las croquetas con su sonido metálico de siempre, pero esta vez él no corrió. Se quedó inmóvil en el piso, con el abdomen duro como una piedra.

Fue así como Alejandra y su mascota llegaron a la urgencia veterinaria. El diagnóstico: un mucocele en la vesícula que requirió una cirugía de urgencia y que le dejó una deuda millonaria con la clínica.

Además del susto y el apuro económico, se sumó un problema extra –uno que para cualquier tutor habría sido impensado hace una década–: la batalla administrativa con la “isapre” de su perro, que le puso una serie de trabas para gestionar los reembolsos.

En un país como Chile, donde según las últimas cifras ocho de cada diez familias viven junto a un perro o un gato –en total, una población de unos 12 millones de animales domésticos–, no es raro que el mercado relacionado con las necesidades de las mascotas haya tenido un aumento exponencial, que va mucho más allá del crecimiento del negocio de las clínicas veterinarias, las tiendas especializadas y las marcas de alimentación.

En el mundo, el mercado de los animales domésticos genera unos 289 mil millones dólares anuales, y se espera que suba a 499 mil millones en los próximos diez años.

Sólo en 2025, según datos de la consultora inmobiliaria GPS Property, las veterinarias se expandieron en un 22% en la Región Metropolitana, mientras que las tiendas de mascotas aumentaron en un 18%: exactamente el doble de la presencia que tenían en 2020. Por su parte, el mercado de los alimentos especializados mueve nada más ni nada menos que 1.300 millones de dólares al año en el país.

El crecimiento del rubro es tal que incluso bancos y otras instituciones financieras se han subido al barco, con productos destinados al aseguramiento de su bienestar, lo que ha llevado, a su vez, a que las empresas incluyan estos seguros dentro de los programas de beneficios para sus trabajadores.

En el mundo, el mercado de los animales domésticos genera unos 289 mil millones dólares anuales, y se espera que suba a 499 mil millones en los próximos diez años.

Estos números no sólo hablan de un fenómeno económico, sino también de un cambio que llegó para quedarse: perros, gatos y otras mascotas se han vuelto parte estructural del núcleo familiar, tanto en lo afectivo como en lo funcional.

“La mascota ya no está en la periferia del hogar, sino en su centro”, resume Mauro Basaure, profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

Una “inversión emocional”

En los últimos años, los animales de compañía han pasado del patio de la casa a una vida cómoda y con mimos puertas adentro. Han saltado de comer las sobras a nutrirse de alimentos balanceados que pueden llegar a costar 90 mil pesos el saco de 18 kilos. De aburrirse y destruir cosas cuando se quedan solos, ahora pueden ir a colegios y guarderías que los pasan a buscar y a dejar en furgones iguales a los que transportan a los escolares, con valores que van entre los 8 y los 35 mil pesos por día. De ser enterrados en el jardín cuando mueren, ahora pueden tener funerales con caravana incluida, crematorios y cementerios especiales.

En Italia, por ejemplo, hace algunas semanas se aprobó en el congreso la creación de un permiso laboral que permite que los tutores tengan hasta tres días remunerados dedicados al cuidado de sus mascotas enfermas.

En esta “interiorización” ha influido que hoy las viviendas son más chicas, pero también que el núcleo familiar ha cambiado: en muchos casos, perros y gatos centran los cuidados y atención en aquellos hogares conformados por personas que viven solas o por parejas que aún no tienen hijos o han decidido no tenerlos.

“Yo no diría que están reemplazando a las personas, pero sí que compensan un entorno relacional más frágil, más acelerado y demandante”, dice el sociólogo UNAB Mauro Basaure.

El sociólogo Mauro Basaure sostiene que, cuando hay maternidades o paternidades tardías, la necesidad de vínculo no desaparece, sino que se transforma. “La mascota ofrece afecto, rutina y responsabilidad sin exigir la misma estructura que un hijo”, apunta. “Yo no diría que están reemplazando a las personas, pero sí que compensan un entorno relacional más frágil, más acelerado y demandante”, propone Basaure.

En una vida marcada por la hiperconexión y la sobrecarga de información, explica el especialista, los animales ofrecen un vínculo estable que funciona como un anclaje emocional. Este cambio, a su vez, también redefine lo que los tutores esperan de ellos: si antes se tenía un perro para que fuera guardián, hoy son los destinatarios de una gran inversión emocional.

¿Dónde está la frontera humano-animal?

Se calcula que, en promedio, cada familia desembolsa entre 50 y 100 mil pesos mensuales entre alimentación, cuidado y juegos de sus mascotas. Pero, para los humanos, perros y gatos son mucho más que un gasto.

Ana Francisca Soto, médico veterinaria y académica de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad Andrés Bello, identifica que esta mayor inversión emocional se traduce en una sofisticación del consumo. Los dueños ya no buscan sólo cuidados básicos, sino también medicina preventiva, nutrición especializada o servicios de comportamiento.

A pesar de eso, la especialista recalca que el bienestar de la mascota no depende exclusivamente del gasto. “Puede tener muchos productos o servicios, pero si sus necesidades conductuales no están cubiertas, su bienestar puede verse comprometido”, asegura. Recalca, además, que los animales buscan seguridad y predictibilidad, y que la relación se debe basar en comunicación clara y confianza.

“Una mascota puede tener muchos productos o servicios, pero si sus necesidades conductuales no están cubiertas, su bienestar puede verse comprometido”, asegura Ana Francisca Soto, veterinaria y académica UNAB.

El mercado se ha sofisticado con una oferta que, en ocasiones, exagera las necesidades, en lo que el sociólogo Mauro Basaure denomina como la “institucionalización” del cuidado. No son sólo productos, sino sistemas completos de bienestar, que incluyen seguros, monitoreo o juego remoto.

“Esa institucionalización muestra que el cuidado animal dejó de ser informal y pasó a integrarse a un mercado muy sofisticado”, argumenta. El problema se instala cuando esta instancia va contra la realidad biológica o emocional de los procesos médicos.

“Ya no se venden sólo productos para animales; se venden sistemas completos de bienestar: salud, alimentación especializada, monitoreo, hotelería, transporte, entretenimiento e incluso servicios funerarios”, afirma.

La gran pregunta es: ¿son necesarios tantos cuidados o responden, más bien, a necesidades creadas por un mercado?

La doctora Ana Francisca Soto reconoce que uno de los errores más comunes en el nuevo paradigma es humanizar a los animales. Quizá el mercado y sus servicios empuja a muchos tutores a restar de la necesaria animalidad a sus mascotas. Incluso hay muchos que terminan interpretando las emociones y conductas de perros y gatos como si fueran humanas.

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Lo que está ocurriendo hoy, dice la experta, es la redefinición de la frontera entre animal, familia y cuidado.

“Más que una simple humanización, lo que estamos viendo es una redefinición de la vida doméstica”, plantea. Hoy las mascotas mueven presupuesto, ordenan horarios e influyen en decisiones sobre vacaciones o vivienda. “No deciden por sí mismas, pero hacen que las familias decidan en función de ellas. Y eso, sociológicamente, ya las convierte en un actor doméstico muy relevante”, sugiere.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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