Preparando el despegue Franklin Factory

Fotos: Juan Pablo Sierra

El año pasado comenzó a habitarse y trabajar en silencio. Ahora, empezando el 2021, cuenta de aperturas, cambios, productos y construcciones que van dando forma y fuerza a este inédito proyecto. Un enclave de pequeñas fábricas de artes y oficios que, además de revivir un antiguo edificio abandonado, plantea una nueva y atractiva convivencia laboral en pos de dar valor a lo hecho a mano.




El portón de metal azul, grafiteado y descaradamente urbano de Franklin 741 es la antesala perfecta para la sorpresota que hay detrás. Es como un mural que no avisa nada, que se pierde entre el bullicio de tiendas y puestos de fruta con lápices, enchufes, mascarillas y un eterno etecé, que susurra un “espérate”. Justamente lo que le pasó a todo el proyecto durante el 2020 y lo que hoy, manejando la contingencia, empieza a transformarse por etapas y de manera orgánica. Si bien todavía hay que entrar tocando la puerta, se están apurando trámites para abrir sin restricciones.

Un edificio de los años cuarenta en desuso por casi un cuarto de siglo, exlaboratorio de Sanitas Chile y por lo mismo, ya como estructura, un tesoro que visitar. Una construcción de tres pisos con pasillos largos, baldosas, puertas añosas y recovecos propios de los años cuarenta. Enfrente, dos grandes galpones en sus extremos: uno que llega a la calle Santa Rosa marcado por el antiguo horno de fierro con chimenea alta y letreros de Tanax, y el otro, igual de amplio, con vigas de madera viejas y techos todavía de zinc, que da a San Francisco. Es casi una manzana de 5.700 m2, propiedad de Inversiones Monpla, grupo a cargo de la administración, remodelación y restauración –con Franca Chichizola como arquitecta–, que ve en este proyecto no solo un lugar donde convergen plantas de oficios y talleres de arte, sino como un modelo de cowork artesanal que se potencia con gastronomía, galerías y espacios para ferias o actividades, enriqueciendo además el contenido cultural y recreacional del histórico barrio Franklin.

Los inicios

Parte por la gestión de Teresa Undurraga (creadora del Emporio La Rosa), que ya convencida del valor de los oficios como plus para cualquier producto, se decidió a hacer gin y chocolates. Fue de viaje de estudios, recorrió destilerías y fábricas, armó su empresa Quintal y partió la búsqueda para instalarse. Ya había notado que “todos los productos artesanales de alta gama tienen la misma lógica de producción y enfrentan problemas similares”, y pensó en una especie de co-factoring, “un lugar donde convivieran plantas de oficios, se compartieran dificultades y se armara un enclave de producción. Cada uno con su gestión y política pero potenciándonos como conjunto en un mismo espacio”, agrega.

Dio con este exlaboratorio, contactó a su dueño –Carlos Montrone– y presentó la idea; Marcela Arias, gerente de Desarrollo de Inversiones Monpla, enganchó y salió el vamos con ella liderando. Empezaron a ver restauraciones, marcas que podían calzar. Luego la pandemia provocó una pausa importante y ahora de vuelta al ruedo con ya el 50% arrendado en un abanico de comidas, grabados, zapatos, botellas, fiambres y más. “La proyección es avanzar por etapas con miras a inaugurar un galpón gastronómico este semestre, la galería AFA en verano y el espacio de actividades con experiencias exitosas, más habilitado”, comenta Arias. Cuando se permita, entrar en funcionamiento diario recibiendo al que se interese por comprar directo en fábrica, conocer cómo producen y funcionan los talleres de los distintos oficios y productos presentes.

Teresa Undurraga
Teresa Undurraga

¿Qué hay?

El hit del momento es By María, la consolidada marca de encurtidos que celebra su apertura hace menos de un mes. Segundo piso, oficina, tienda con algunas mesas y el área de producción, grande, blanca, iluminada. Lo mejor es que además de estar desarrollando productos, inauguran una barra picklera para hacer degustaciones, vender sanguchitos, pichanga y otros que incluyan el barrio y lo local. @_bymaria

La otra gran entretención es sin duda Quintal, destilados, chocolates y próximamente refrescos hechos con botánicos chilenos de Teresa Undurraga, que además suma una cafetería de azulejos negros, repisas recuperadas que fue encontrando en las primeras visitas y toda esa estética vintage que la identifica. Aquí la vedette es la destilería: blanco en paredes altas, quintales de arpillera apilados en un muro y dos alambiques de 500 litros en gloria. Hasta ahora hay dos gin en el mercado: Franklin #1 y Los Andes #1, y un nuevo Patagonia pronto a salir con cerveza destilada y reutilizada. La gran novedad es Chocolates Quintal, lanzado hace semanas. Tabletas de distintas mezclas de chocolates con hierbas, especias, porcentajes de cacao que resultan delicados, profundos, actuales. Ya se pueden agendar visitas y por supuesto comprar sus productos. @destiladosquintal @chocolatesquintal

Volviendo al edificio compartido encontramos La Fiambrería, el templo charcutero de Marcos Somana, muy pequeñita, linda, con harto jamón colgando coqueto y el resto de su repertorio. Somana cuenta que tomará el espacio de al lado para sala de producción, de cursos, demostraciones. Una expansión que varias marcas de Franklin CoFactoring han experimentado con buenos resultados en pandemia, ese que mira al consumidor final, hoy convencido y valorando el trabajo y producto artesanal y de oficio. @lafiambreriacl

Siguen varios talleres de artistas, muebles y la fábrica de zapatos Camille, más una tercera destilería, Zunda, casa de Gin Pajarillo, en sus dos versiones, supercelebrado desde que apareció y con un packaging tan lindo y moderno que sin duda lo hace volar feliz y ya en alquimias de próximos lanzamientos. @ginpajarillo

En este mismo primer piso y al fondo, Destilería Urbana, hija de Alambiques Chile, marca que produce varios gin del mercado, que tiene el propio Maestro, hiperdestacado y bien calificado, y más Revolución Chilean Moonshine, un destilado sustentable que maceran con distintas frutas como huesillo o papaya. @revolucion_moonshine

+ @factoria_franklin

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

Los “desaparecidos no localizados” se dispararon de 265 a 10.366en 2021, acumulando un total de 108 mil casos desde 1964.