Mercedes-Benz C 300e: una mirada más eficiente para un andar de alta gama

La primera opción híbrida enchufable de la Clase C mantiene los atributos del clásico sedán, pero con una tecnología más amigable con el medio ambiente, aunque no es la última tecnología de la marca.




Sin ruido mediático. Sin siquiera anuncio oficial de su llegada el año pasado. Su arribo fue tan silencioso como el sistema eléctrico que permite su funcionamiento en modo cero emisiones. Es el Mercedes-Benz C 300e, el debut de la Clase C en el segmento de los Plug-In Hybrid Vehicles (PHEV), un anticipo de la revolución eléctrica que promete la marca alemana cuando desembarque con la familia EQS 100% recargable.

Manejamos por unos días este sedán que combina el uso de electricidad con el motor térmico y volvimos a experimentar las sensaciones y vivir las mismas experiencias que nos han tocado con otros vehículos eléctricos.

Personalmente, me gustan mucho estos vehículos más eficientes. Claramente serán el futuro en nuestro país, pero la red de carga todavía es muy insuficiente, más cuando somos personas que no tenemos cargador domiciliario, puesto que nuestro estacionamiento está en subterráneo y no hay puntos de carga cerca.

Si le sumamos que, en este caso, este modelo solo se recarga con corriente alterna y no con corriente continúa (tiene un solo conector de carga), las opciones disminuyen aún más.

Entonces, la solución siempre es ir a una electrolinera, pero nos pasó en más de una ocasión que los puntos de carga estaban ocupados, lo que genera todavía una distancia con esta tecnología, aunque estamos conscientes de que es parte del proceso de cambio y que en un par de años existirán más alternativas.

Los años también traerán más modelos pensados desde un comienzo para incorporar mecánicas electrificadas. Pero no es el caso de este C 300e, sobre el que se hizo ajustes para poderlo sumar a la oferta de PHEV, lo que en Europa permite acogerse a beneficios que en Chile todavía miramos a lo lejos.

Estéticamente y a nivel de dimensiones exteriores, no ofrece mayores variaciones con el sedán que conocemos. Tiene las dos barras horizontales con la estrella en centro como en la línea Avantgarde, pero para diferenciarlo con el resto de la gama basta ver la inscripción EQ Power por el costado (el símbolo de los híbridos de Mercedes-Benz) y el puerto de carga que está en la parte trasera del vehículo, en la zona baja del maletero.

En el interior, la calidad de un Mercedes salta de inmediato. Terminaciones, materiales, buena disposición de los distintos elementos y elegancia son aspectos que no pueden estar ausentes en un modelo que lleve la estrella solitaria. Y en este caso, eso se mantiene.

Lo que sí es llamativo es la presencia de pantallas que están algo añejas para lo que encontramos actualmente en el mercado. Quizás ya nos malacostumbramos con las pantallas continuas que tiene, por ejemplo, la Clase A o el sistema MBUX (Hey Mercedes) con el que se interactúa y que tampoco está en la versión PHEV.

El tablero de instrumentos de 12,3′', por ejemplo, tiene dos relojes análogos y un clúster a color de 5,5′' con un pequeño computador a bordo en el centro, donde se muestra desde el modo de manejo a cierta información del vehículo, pero que en verdad dista bastante de los modernos tableros digitales de la marca. Lo distintivo es que el tacómetro tiene en la parte baja un indicador que muestra cuando está cargando la batería o cuando se está usando el poder del motor térmico.

La pantalla central que domina el sistema de infoentretenimiento y desde donde se hacen los ajustes dinámicos, es una pequeña pantalla flotante digital de 7′', pero no es táctil. Por ende, todo se articula desde un controlador sobre el túnel central, con una especie de mouse y un mando circular. Es de uso bien intuitivo y en verdad no requiere gran esfuerzo para manejarlo, además de que está en una posición cómoda para la mano.

Lo bueno es que cuenta con enlace inalámbrico a Apple CarPlay y Android Auto, lo que facilita la conectividad y hace más sencillo el uso.

Ahora, donde empezamos a encontrar algunos puntos complicados es, principalmente, en las plazas traseras. Por la altura del túnel central, resta comodidad al que viaje en el asiento central y debe viajar con las piernas muy encogidas.

El maletero es otro que cede, pero en este caso ante la tecnología, puesto que las baterías están ubicadas en el baúl, escondidas en una especie de escalón, acotando a 300 litros la capacidad de carga, frente a los más de 450 que tiene un Clase C estándar.

Eficiencia y confortabilidad

El Mercedes-Benz C 300e es un vehículo que se siente un poco pesado. Es lógico, considerando que pesa 1.815 kilogramos, frente a sus hermanos sin baterías que tienen 1.635 kg.

A nivel motriz, combina el uso de un bloque a gasolina de cuatro cilindros y 2.0 litros que desarrolla 208 Hp y 350 Nm, con un motor eléctrico de 120 Hp (90 kW) y 440 Nm. Entre ambos, la potencia máxima alcanza los 315 Hp, con un enorme torque de 700 Nm, asociado a una caja automática 9G-TRONIC, de 9 velocidades.

Respecto del sistema de carga, más arriba les comentamos que solo puede ser cargado con corriente alterna y no en los cargadores más rápidos, ya que pertenece a la generación de PHEV anteriores de Mercedes-Benz.

De todas maneras, logra completar su carga en un puerto de 7,4 kW en una hora y media, mientras si se hace en un puerto de 3,7 kW el tiempo es más cercano a las tres horas. En el hogar, con una toma de 2,3 kW, se necesitan cinco horas para su recarga.

Toda esta nomenclatura que a veces se entiende poco deriva en que el vehículo tenga una autonomía homologada de 59 km en modo eléctrico, cifra que bajará considerablemente si no somos cuidadosos y lo aceleramos con brusquedad.

Para su mayor eficiencia, estos modelos deben llevarse de forma suave, y en un uso más urbano, donde el frenado vaya apoyando la regeneración de energía. En autopista es cuando baja con mayor rapidez la energía eléctrica y con suerte llegará a 40 km de autonomía. Pero ahí está el depósito de combustible para apoyar y no tenerle susto a quedarnos parados en cualquier lugar.

¿Y cómo se comporta en movimiento? La verdad es que nos pareció un vehículo que respeta la tradición de la marca.

Es un vehículo muy confortable, con un gran trabajo de aislación (independiente de cuando funciona en modo eléctrico), que se apoya en una suspensión con recorridos medios que cubren sin problemas las imperfecciones del camino, pero que al mismo tiempo nos permiten desplazarnos con mucha seguridad.

Al comienzo puede parecer algo lento, pero eso pronto queda en el olvido. La entrega de potencia es progresiva, con cambios relativamente cortos que además se pueden ir variando con levas en el volante.

Una de las diferencias que encontramos en este modelo, a raíz de su electrificación, son los distintos modos de manejo, los cuales se escogen a través de un botón sobre el túnel central y que también los puedes ir chequeando en el tablero.

Así, tenemos el modo Hybrid, donde se va alternando el motor a gasolina con el eléctrico, mejorando el rendimiento. También tenemos el E-Mode, que es 100% eléctrico y sin emitir partículas contaminantes; el modo mencionado E-Save, que permite guardar energía en la batería para cuando regresemos a zonas urbanas y el modo Charge, que hace actuar al motor térmico, permitiendo que se vaya recargando la batería.

Pero no es la única opción que podemos hacer. Para variar el dinamismo del vehículo y hacerlo más reactivo o más moderado con un corte de revoluciones más arriba o más abajo, tenemos otras cuatro opciones que ajustamos desde el selector Dynamic (Eco, Comfort, Sport e Individual). Eso sí, de estas alternativas, solo con Eco y Comfort se puede activar el E-Mode.

Todas estas opciones nos permiten personalizar el vehículo, pero tener claro que los diferentes modos no hacen cuatro autos distintos. Hay matices entre uno y otro, pero en líneas generales mantienen un esquema que tiene como pilares la gran estabilidad de los sedanes de Mercedes-Benz sin transferencias de peso que compliquen al entrar o salir de curvas. Y eso considerando que tiene tracción trasera es otro punto alto.

A esa postura firme - no rígida- al asfalto se le suma a una dirección precisa, directa y con buen tacto, agilidad suficiente en zonas urbanas a pesar de sus casi 4,7 metros de largo y respuesta de potencia que siempre esconde un extra, especialmente cuando estamos en una autopista y requerimos aceleraciones repentinas y con el empuje suficiente.

En consecuencia, el Mercedes-Benz C 300e ofrece una alternativa más eficiente para uno de los sedanes más confortables y agradables para manejar en el mercado. Eso sí, la tecnología híbrida de este modelo no es de la última generación y los dispositivos de infoentretención tampoco están a la par con lo que encontramos en el resto de la gama, lo mismo que las asistencias de seguridad, que son menos en esta versión frente a un Clase C.

Ficha Técnica

Mercedes-Benz C 300e

Motor: 2.0 litros + eléctrico

Potencia: 315 Hp (en conjunto)

Torque: 700 Nm (en conjunto)

Autonomía: 59 km

Caja: AT 9 velocidades

Airbags: 7

Largo x ancho x alto: 4.686 mm x 2.020 mm x 1.444 mm

Maletero: 300 litros

Autonomía 100% eléctrico: 50 km

0-100 km/h: 5,4 segundos

Precio: US$ 50.000

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