Aumento de muertes y heridos en Colombia: Cómo el uso de drones ha transformado la violencia
Un reportaje del medio británico The Guardian relata cómo la población civil del país cafetero queda cada vez más expuesta ante la aparición de los vehículos aéreos no tripulados, que abren un nuevo frente y fenómeno de violencia en un país asolado por los conflictos desde hace décadas.
El uso de drones para combates es una práctica que la guerra de Rusia en Ucrania masificó. Y, en la guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán, estos vehículos aéreos no tripulados han sido los protagonistas.
Pero no solo en los grandes conflictos internacionales, sino que la masificación de los drones alcanzó el combate contra organizaciones armadas internas. En Haití, por ejemplo, un reporte de Human Rights Watch de marzo evidenció que los ataques con drones contra el crimen organizado dejó a más de 1.200 muertos entre marzo de 2024 y enero de este año.
Ante esta nueva realidad de los conflictos, el periodista Fareed Zakaria señaló en The Futurology Podcast de Berggruen Institute: “Drones de 15 mil dólares pueden mantener al mundo de rehén”, en referencia a cómo el bajo costo de los dispositivos Shahed fabricados por el régimen islámico de Irán le permiten mantener el control de una de las vías marítimas más importantes para el tráfico de hidrocarburos a nivel mundial, el estrecho de Ormuz.
Así, la eficacia y eficiencia del uso de drones para los combates se hace evidente. Y, ahora en Sudamérica, la historia es similar.
“Al caer la noche sobre el sur de Colombia -escribió The Guardian-, mientras un grupo de niños comenzaba su partido semanal de fútbol los martes, un dron apareció en el cielo. Los niños alzaron la vista y el dron lanzó una granada. La explosión mató a un niño de 10 años e hirió a otros 12 civiles. La muerte del niño, ocurrida en el sur del Cauca -un departamento al occidente de Colombia- en 2024, marcó el primer caso conocido de una persona muerta en el país en un ataque con drones armados”
Y no sería la última vez, sino la primera de una serie de casos que están evidenciando cómo se está transformando la violencia en el país cafetero.
En febrero de 2025, también en el Cauca, un dron lanzó un explosivo cerca de un hospital provisional de Médicos Sin Fronteras, hiriendo a varios trabajadores de la salud. En agosto de ese mismo año, en Antioquia, un ataque derribó un helicóptero policial, matando al menos a ocho agentes. En octubre, la casa de un alcalde fue atacada.
En diciembre, un ataque contra una base militar dejó siete soldados muertos y treinta heridos. En febrero de 2026, en la ciudad minera de Segovia, un dron arrojó un proyectil de mortero sobre una vivienda, matando a una madre y sus dos hijos.
A principios de este mes, se encontró un dron cargado de explosivos cerca del aeropuerto internacional de Bogotá y una base militar adyacente.
Así, los ataques con drones perpetrados por grupos armados se han intensificado en Colombia desde 2023, abriendo un nuevo y peligroso frente en un país que vive entre la violencia de las guerrillas y el narcotráfico hace décadas. Hospitales, escuelas, comisarías, redes eléctricas y viviendas han sido blanco de ataques, y el número de heridos se cuenta ya por cientos.
Según Armed Conflict Location and Event Data (ACLED) -una organización deicada al monitoreo de conflictos-, solo se registró un ataque de este tipo en 2023. Pero esa cifra se disparó a 38 en 2024 y a 149 en 2025.
El Ministerio de Defensa de Colombia -agregó The Guardian- reportó un aumento aún mayor, sin registrar ataques en 2023, 61 en 2024 y 333 en 2025.
Avance rápido
El conflicto colombiano ha asolado pueblos, ciudades y aldeas durante más de seis décadas. Librado entre guerrillas, grupos paramilitares, narcotraficantes y fuerzas estatales, ha dejado más de 450.000 muertos y millones de desplazados, consignó el medio británico.
Si bien un acuerdo de paz en 2016 atenuó los combates e inauguró una estabilidad frágil, ahora la violencia se transformó. Los grupos armados han ampliado sus filas, reforzado su control sobre las rutas del narcotráfico y la minería ilegal, y buscado llenar los vacíos de poder dejados por las fuerzas desmovilizadas.
También están invirtiendo en armamento más sofisticado, como drones, un cambio que, según los expertos, está impulsando una peligrosa escalada del conflicto. “Los antiguos guerrilleros intentaron mil veces conseguir misiles y nunca lo lograron”, declaró Humberto de la Calle, exvicepresidente de Colombia, tras la ola de ataques con drones del verano pasado.
“Con los drones, creo que estratégicamente hemos llegado a un punto en el que debemos detener los ataques aéreos que estamos sufriendo. Esto nunca había ocurrido antes en Colombia”, siguió el exmandatario.
Según analistas, las facciones disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fueron las primeras en adoptar esta tecnología, seguidas rápidamente por grupos rivales como el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Los combatientes suelen modificar drones comerciales -que a menudo cuestan solo unos cientos de dólares procedentes de China- para transportar explosivos, y muchos ataques adoptan la forma de “kamikaze”, en la que el propio dron se convierte en el arma.
Se estima que para 2025, casi todos los principales grupos armados colombianos utilizaban drones militarizados, y que los ataques se extendían mucho más allá de las zonas de conflicto tradicionales. “Lo preocupante no es solo la rápida escalada y la frecuencia de su uso, sino también su alcance geográfico”, afirmó Tiziano Breda, analista sénior de ACLED. Señaló que se utilizaron drones en 12 municipios en 2024 y en 41 en 2025.
La mayoría de los ataques con drones han tenido como objetivo a la policía, patrullas del ejército y grupos armados rivales, según los datos. Solo en diciembre de 2025, ACLED registró al menos cuatro ataques contra estaciones de policía en Cauca y contra la base militar en Cesar, un departamento norteño. En enero de 2026 se registraron otros siete ataques contra unidades policiales y militares, todos adjudicados por combatientes del ELN y las FARC.
Civiles bajo ataque
Sin embargo, su uso se ha extendido cada vez más, superando la línea de los combatientes. Entre 2024 y 2025, ACLED también registró un fuerte aumento de los ataques con drones que afectaron a civiles.
En algunos casos, civiles quedaron atrapados en el fuego cruzado. Durante los ataques de diciembre contra comisarías y la base militar, al menos cinco civiles resultaron heridos. “Lanzan los explosivos sobre los objetivos con poca precisión, pero con un efecto aterrador”, declaró Breda.
En otros casos, los civiles parecen haber sido el objetivo de los ataques. Cuando el niño de 10 años fue asesinado en 2024, el comandante del ejército, el general Federico Mejía, acusó a combatientes de un grupo disidente de las FARC de atacar a civiles para presionarlos a “rechazar la presencia militar estatal”.
Como consecuencia de esto, el zumbido de los drones se ha convertido en una fuente de terror en muchas comunidades. En Putumayo, al sur de Colombia, líderes indígenas han denunciado que actores armados utilizaron drones no solo para lanzar ataques, sino también para intimidar a los residentes, sobrevolando las aldeas para imponer su control, según Human Rights Watch.
Durante un reporteo de The Guardian en Barrancabermeja -aseguró el mismo medio-, un dron siguió y vigiló al reportero mientras realizaba una entrevista sobre grupos armados ilegales, lo que obligó a interrumpirla.
Conocimientos importados
Los analistas consultados por el medio británico vinculan la proliferación de la guerra con drones en Colombia con conflictos globales, en particular con Ucrania, donde el uso masivo de drones -junto con videos difundidos en línea y el regreso de combatientes colombianos de las filas de voluntarios en la guerra- ha acelerado la circulación de tácticas, conocimientos técnicos y cadenas de suministro.
“Esta guerra en Ucrania y el uso masivo de drones en ese contexto, sumado a la participación de muchos extranjeros en la región, especialmente colombianos, contribuyó a la propagación del uso de estos dispositivos”, afirmó Breda.
Por ejemplo, el dispositivo hallado recientemente cerca del aeropuerto de Bogotá era un dron de fibra óptica, resistente a las interferencias y que se ha convertido en un elemento clave en la guerra de Rusia contra Ucrania.
Los vínculos transnacionales de los grupos armados colombianos, incluyendo conexiones con cárteles mexicanos y balcánicos, han facilitado aún más el acceso a equipos y capacitación.
Los expertos señalaron que también se han reportado cada vez más casos de niños, considerados más aptos para el manejo de esta tecnología, siendo reclutados para operar drones.
Los grupos armados también están formalizando unidades de drones. Un comandante de uno de estos grupos declaró al medio colombiano La Silla Vacía el año pasado que habían formado una unidad especializada de operadores de drones, conocidos como droneros. “Nuestra unidad de drones es la que más protegemos”, agregó.
El cambio no es meramente táctico, sino tecnológico. En julio del año pasado, una facción de las FARC atacó una patrullera de la Armada con un dron de visión en primera persona (FPV), que el operador estrelló directamente contra la embarcación antes de detonarla. Los drones FPV se guían manualmente en tiempo real, lo que permite ataques de precisión contra objetivos en movimiento
Esta tecnología, según los analistas, representa una preocupante escalada.
El Estado se queda atrás
El gobierno colombiano se ha apresurado a responder, presentando un “escudo” antidrones multimillonario, endureciendo las restricciones a la importación de drones y creando unidades militares especializadas.
Sin embargo, las autoridades también han reconocido la dificultad de contrarrestar los ataques con drones en un campo de batalla fragmentado.
“Es comprensible que este sea un trabajo arduo, difícil y costoso. Solo el Ejército Nacional cuenta con 3.000 pelotones desplegados en todo el país, y equipar a todo nuestro personal (con sistemas antidrones) es complicado”, declaró el comandante del ejército, el general de división Luis Emilio Cardozo, el año pasado.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, admitió ante las tropas que “los narcotraficantes tienen la ventaja aérea”.
Los expertos advierten que los grupos armados se mueven más rápido de lo que el Estado puede adaptarse. “Hay informes de grupos armados que ya poseen tecnología antidrones, lo que demuestra que se están adaptando con mucha rapidez”, afirmó a The Guardian la investigadora de Human Rights Watch, Martina Rapido Ragozzino.
A medida que los drones transforman el conflicto colombiano desde el aire, finalizó The Guardian, los analistas señalan que el equilibrio de poder se está desplazando más rápido de lo que las instituciones pueden responder, dejando a la población civil cada vez más expuesta en una guerra donde las líneas del frente ya no están fijas en tierra.
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