Bolivia: los temas que marcan la campaña electoral

Luis Arce junto a Evo Morales.

A diferencia de elecciones anteriores, la demanda marítima dejó de ser un foco central y los bolivianos ahora concentran su preocupación en la estabilidad del próximo gobierno.




137 mil contagios y 8 mil muertos: Pandemia, casos de corrupción y colapso sanitario

“Ahora ha pasado lo peor, lo que no significa que nosotros tengamos que relajarnos o ya dejemos de preocuparnos”. Con estas palabras, la mandataria interina, Jeanine Áñez, aseguró que Bolivia dejó atrás la etapa más complicada de la pandemia, que irrumpió en el país el 10 de marzo, con dos casos confirmados, uno en Santa Cruz y otro en Oruro, lo que obligó a decretar emergencia sanitaria para frenar el virus.

La pandemia coincidió con la crisis social y política en el país, y además dejó al descubierto las fracturas en el sistema sanitario en medio de la cuarentena, que se extendió desde el 22 de marzo al 31 de agosto. Entre las polémicas que se vivieron durante estos siete meses aparece el caso de corrupción en la compra con sobreprecio de respiradores mecánicos. El 14 de mayo, Áñez recibió en una ceremonia 170 ventiladores provenientes desde España por los que pagaron US$ 4,7 millones, cuatro veces más de su valor de mercado. El caso desencadenó en la detención del ministro de Salud, Marcelo Navajas. Aunque no fue el único escándalo, ya que días después el personal de salud denunció que los respiradores no eran aptos para las UTI y UCI.

En junio, los hospitales y morgues comenzaron a colapsar ante el aumento de casos. En ese momento, la prensa local denunció que una decena de personas fallecieron en la calle a la espera de atención médica tras un “peregrinaje” a los hospitales, donde no pudieron ser ingresados, ya que no había camas de hospitalización disponibles.

Un mes después el virus llegó al Palacio Quemado, donde 11 altos funcionarios, incluida Áñez, dieron positivo. Aunque Bolivia dejó atrás la mayoría de las restricciones, una de las críticas ha sido el cierre anticipado del año escolar presencial en agosto para todo el país.

Expresidente en Argentina: El factor Evo Morales

El 10 de noviembre, en medio de masivas jornadas de protestas tras las denuncias de fraude electoral y a través de un video, Evo Morales renunció a la Presidencia de Bolivia después de 14 años en el poder. El entonces mandatario, que buscaba el cuarto mandato, viajó tras la dimisión a Cochabamba, desde donde salió junto a su círculo cercano hacia México, para luego llegar en diciembre a su destino final: Argentina.

Desde Buenos Aires, el líder del Movimiento Al Socialismo (MAS) “guiaría” la campaña electoral y es hasta donde el candidato y exministro de Economía, Luis Arce, se ha trasladado en varias ocasiones para participar en reuniones. En un intento por volver a La Paz, Morales presentó una candidatura al Senado por Cochabamba, pero en septiembre el Tribunal Constitucional lo inhabilitó por no tener domicilio en el país.

Una de las críticas en que se centra la campaña es en la “influencia” de Evo Morales en el binomio de Luis Arce y David Choquehuanca.

“Un antimasismo después de Evo”, sostiene el politólogo boliviano, Marcelo Arequipa. El exmandatario es una figura que divide a los bolivianos, ya que no solo acumula acusaciones del gobierno interno de Jeanine Áñez de terrorismo y sedición, sino que también enfrenta investigaciones por presunto estupro. Según el diario El País, la acusación filtrada y presentada por el gobierno acusa que el exmandatario comenzó una relación con una menor que hoy tiene 19 años.

Por el momento, Luis Arce, el favorito para imponerse en las elecciones de este domingo, aseguró que si el MAS vuelve al Palacio Quemado volverán todos los exiliados, lo que sería el ticket de regreso para Evo Morales.

Protestas y bloqueos: El “fantasma” de un nuevo estallido social

Al menos 41 episodios violentos a lo largo del país fueron informados por la misión en Bolivia de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los DD.HH. desde que comenzó la campaña electoral, el 6 de septiembre. Candidatos y funcionarios de Tribunales Electorales han recibido ataques verbales y/o físicos, lo que da cuenta de la crispación en el país y recuerda las violentas movilizaciones desatadas tras la incertidumbre política que dejó la elección anulada del 20 de octubre.

Durante la campaña, los seguidores de las dos primeras candidaturas (Luis Arce con 42,2% y Carlos Mesa con 33,1%) han medido fuerzas en marchas en La Paz, especialmente por las acusaciones cruzadas de un posible fraude electoral el próximo 18 de octubre, escenario que podría impulsar un nuevo estallido social.

Organizaciones de Derechos Humanos constataron al menos 33 fallecidos en las protestas de 2019 -10 de ellos en Senkata, El Alto-, y más de 500 detenidos.

A juicio del analista político boliviano, Jorge Dulón, “para el MAS el fantasma del fraude va a ser una excusa definitiva. Están enfocando esa idea para quizás, si pierden, no reconocer (los resultados) de las elecciones”.

Tanto en noviembre como en agosto pasado, sindicatos y movimientos sociales relacionados al MAS realizaron bloqueos en las carreteras del país, lo que generó un desabastecimiento y alza de precios en productos esenciales.

El periodista Raúl Peñaranda señala que la preocupación de cara a los comicios es el ‘fantasma de la violencia’ después de las elecciones".

Contracción del 6%: Recesión y falta de empleos

En medio de la pandemia y tras la inestabilidad gubernamental derivada por la salida de Evo Morales, la economía se transformó en una de las mayores preocupaciones para los bolivianos. A diferencia del “milagro económico” que alcanzó el país durante los primeros mandatos del MAS, hoy Bolivia atraviesa “una recesión que no se veía desde los 80”.

El Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (INE) sostiene que la crisis económica refleja una caída del 7,9% entre enero y julio de este año, lo que se suma a que el desempleo llegó a un 10,6% en agosto. Este “estancamiento” se atribuye al confinamiento vigente hasta el 31 de agosto. Además, la entidad acusa un “deterioro” en el PIB, desempleo, déficit público y las reservas internacionales.

Según datos del gobierno, el déficit superó los US$ 2.800 millones en el primer semestre y las reservas internacionales llegaron a US$ 6.600 millones debido a la caída en exportaciones de gas y soya, una notable baja en comparación con la situación en 2014, cuando eran más de US$ 15.000 millones.

En esa línea, es que Luis Arce, exministro de Economía, lanzó como base de su campaña el “resurgir de la economía”, especialmente porque durante su gestión Bolivia alcanzó los mayores peak de crecimiento, en 2008 y 2013, con un 6,1% y 6,8%, respectivamente. El candidato del MAS acusa directamente al gobierno interino del retroceso económico. En tanto, la candidatura de Carlos Mesa sostiene que es necesario inyectar más de US$ 6 mil millones para lograr liquidez y empleos; y Luis Camacho prometió que de ser electo generará 300 mil puestos de trabajo. Las estimaciones del Banco Mundial sostienen que la economía boliviana caerá cerca del 6% este año.

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