Mundo

Cas Mudde: “El avance de la extrema derecha en Alemania refleja un descontento generalizado con la clase política tradicional”

En entrevista con La Tercera, el politólogo neerlandés y autor de “La ultraderecha hoy” comenta la victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt y la situación política en Alemania. A su juicio, el partido de extrema derecha “coquetea constantemente con el nacionalsocialismo”.

Los colíderes de Alternativa para Alemania (AfD), Tino Chrupalla y Alice Weidel, reaccionan después de las elecciones generales alemanas en Berlín, el 23 de febrero de 2025. Pool

Las elecciones de Sajonia-Anhalt, el domingo pasado, no dieron una sorpresa, pero fijaron un precedente: la AfD (Alternativa para Alemania), el partido antiinmigración, prorruso y negacionista del cambio climático, consiguió el 44% de los votos. Con esto, por primera vez una fuerza de extrema derecha se impuso en unas elecciones regionales en un estado federado alemán desde la Segunda Guerra Mundial.

Y aprovechando este viento a favor, la AfD mira con expectación su desempeño en las elecciones regionales que tendrán lugar el próximo 20 de septiembre en Mecklemburgo-Pomerania y en Berlín. Todo ello, mientras el canciller Friedrich Merz, tras el batacazo de la extrema derecha en Sajonia-Anhalt, prometió un cambio de rumbo de su Ejecutivo para ganar de nuevo “la simpatía de la ciudadanía”, aunque admitió que esto “no puede conseguirse en el corto plazo”.

El politólogo neerlandés Cas Mudde, experto en derechas radicales.

En entrevista con La Tercera, el politólogo neerlandés Cas Mudde, experto en derechas radicales, profesor titular de la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, y autor, entre otros libros, de La ultraderecha hoy (2019), Populist Right Parties in Europe (2007) y Populismo: una breve introducción (junto a Cristóbal Rovira, de 2017), textos considerados referentes globales en la materia, comenta la situación política alemana.

Ya parece repetitivo: da la impresión de que, cada pocos meses, la AfD consigue el primer puesto en alguna elección local, generalmente en Alemania del Este. En su opinión, ¿esta victoria concreta en Sajonia-Anhalt marca un punto de inflexión? ¿Es algo que podría tener mayores repercusiones en el panorama político alemán?

No creo que sea un punto de inflexión, ya que, para empezar, era algo que se esperaba ampliamente. El resultado superó ligeramente las previsiones de las encuestas. De hecho, la AfD ya obtuvo cerca del 37% de los votos en las elecciones federales de 2025 en ese estado concreto.

La AfD es, con diferencia, el partido más votado o el segundo más votado en casi todos los estados del este. Por tanto, parece más bien una evolución casi natural, aunque no inevitable. Obviamente, refleja un descontento generalizado con la clase política tradicional. Así que es más bien la continuación natural de la tendencia que hemos observado en los últimos años. En el sentido de que cada vez hay más gente descontenta con la política convencional, y, en la mayoría de los países, es casi exclusivamente la extrema derecha la que saca provecho de ello.

Porque, al menos en el sistema político alemán, no existe una opción de izquierda que se considere ajena al mainstream

Ciertamente en el contexto de Alemania Oriental, Die Linke es un partido muy conocido que ha estado presente prácticamente desde el principio. Y la Alianza Sahra Wagenknecht (BWS) es una formación que, en realidad, no quita demasiado ni a Die Linke ni a la AfD.

Tino Chrupalla y Alice Weidel, dirigentes de la AfD a nivel federal, junto al vencedor de las elecciones de Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund.

Por lo general, las regiones de la antigua Alemania Oriental muestran una mayor inclinación a votar por la AfD. ¿Se está trasladando al Oeste esa ventaja que el partido suele tener en la parte oriental de Alemania, o la situación sigue siendo realmente distinta en una y otra zona?

El hecho de que la AfD tenga tanto éxito en el Este hace que parezca que no lo tiene tanto en el Oeste. Sin embargo, en el Oeste obtienen entre un 15% y un 20%, una cifra que, en realidad, no es mucho menor. Creo que el problema radica en que, al ser una fuerza mucho mayor en el Este, a menudo se tiende a restar importancia a la AfD en el Oeste.

Aunque no tengan tanta fuerza en el Oeste como en el Este, siguen siendo, con diferencia, el partido de extrema derecha más exitoso de la posguerra también en Alemania Occidental.

En su opinión, ¿es apropiado o reduccionista calificar a la AfD de partido nazi?

La AfD se cuenta entre los más extremos de todos los partidos de ultraderecha. No son tan abiertamente neonazis como lo fue Amanecer Dorado en Grecia, pero coquetean constantemente con el nacionalsocialismo. Cuentan con muchas personas en la cúpula del partido que, en el pasado, formaron parte de organizaciones abiertamente neonazis.

Así que, desde esa perspectiva ideológica, se les puede considerar bastante cercanos. Sin embargo, el contexto es muy distinto: la República de Weimar, a principios del siglo XX, fue el primer sistema democrático que tuvo Alemania y tuvo que enfrentarse al trauma de la derrota en la Primera Guerra Mundial y a una enorme crisis económica, sin llegar nunca a demostrar que funcionaba. Esto contrasta enormemente con la República Federal de Alemania, que surgió de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, gracias al “milagro económico”, convertida en el país más poderoso de Europa.

Y, por tanto, cuenta con una democracia sólida y, hasta cierto punto, popular. Esto es importante, porque, incluso entre los votantes de la AfD, muchos apoyan la democracia, aunque su partido tal vez no lo haga.

Acto de campaña electoral del partido Alternativa por Alemania (AfD) antes de las elecciones estatales de Turingia, en Erfurt, Alemania, el 31 de agosto de 2024.

Y si apoyan la democracia, ¿por qué votan a la AfD? ¿Es simplemente un voto de protesta?

No, la protesta desempeña un papel importante, pero no se trata solo de una protesta genérica. Casi todos ellos están especialmente descontentos con la inmigración. Por eso, también influye mucho la visión que tienen de su país. Están a favor de la democracia, pero, al mismo tiempo, tienen una concepción étnica, o incluso racial, de lo que significa ser alemán.

En ese sentido, ¿qué nos dice esta victoria sobre la gestión del canciller Friedrich Merz y la CDU?

Alemania es un Estado federal, lo que por lo general significa que las elecciones estatales no reflejan necesariamente lo que ocurrirá en las elecciones federales. Hay que tener en cuenta que no solo el gobierno federal actual es muy impopular: el gobierno de la CDU en Sajonia-Anhalt también gozaba de muy poca popularidad y llevó a cabo una campaña pésima. Dicho esto, el gobierno nacional está claramente en crisis: no logra sacar nada adelante y Merz es percibido como alguien ineficaz.

Y una táctica que emplea Merz, y que, según décadas de evidencia, fomenta el crecimiento de la extrema derecha, es volver a poner constantemente el tema de la inmigración sobre la mesa. Abordan la cuestión bajo la óptica de la extrema derecha, pero en realidad no modifican sustancialmente sus políticas. Con ello, en el fondo, les están diciendo a los votantes: “Miren, la AfD tiene razón”.

Pero, al mismo tiempo, no hacen nada al respecto. Así que la gente acaba votando a la AfD.

Personas asisten a una protesta contra los planes migratorios de Friedrich Merz y del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) en Berlín, el 2 de febrero de 2025. Christian Mang

Por otro lado, se dice que la AfD es un partido prorruso. ¿Qué probabilidades reales existen hoy en día de que alcancen el poder a nivel nacional? Y de ahí, por ejemplo, que implementen políticas prorrusas o bloqueen medidas de apoyo a Ucrania, tal como ocurría con Viktor Orbán en Hungría.

Creo que es poco probable. Si observamos las encuestas a nivel federal, la AfD ronda el 28% de intención de voto, una cifra históricamente alta para ellos. Sin embargo, su agenda prorrusa no cuenta con el respaldo de prácticamente ningún otro partido. La CDU, los socialdemócratas y Los Verdes siguen concentrando la mayoría del apoyo y de los votos, por lo que mantendrán a la AfD fuera del poder a nivel federal.

Y esto no se debe solo a su deseo de conservar el poder o a diferencias ideológicas: también influye que la gran mayoría del sector empresarial rechazaría un gobierno de la AfD, ya que perjudicaría la reputación de Alemania. Dado que Alemania es un país exportador, un deterioro de su imagen conlleva una caída de las exportaciones.

Dicho esto, existe la posibilidad de que la AfD cobre mayor peso en el debate general, ya que tanto la ciudadanía como otros partidos intentarán frenar su crecimiento. No creo que esto afecte necesariamente a las políticas sobre Rusia o Ucrania, dado que, en líneas generales, estas gozan actualmente de respaldo en Alemania.

Si la AfD gana peso en el debate, podría derivar en cambios en políticas como la inmigración o la educación…

Sí. Creo que sobre todo en materia de inmigración hasta cierto punto, así como en medioambiente y cambio climático. Por ejemplo, revirtiendo medidas de protección ambiental bajo la excusa de ayudar a los agricultores. Esos son los dos ámbitos clave: la migración y el clima en un sentido amplio.

Pero ya ejercen una gran influencia, al igual que la extrema derecha en general. Un ejemplo de ello es el Partido Popular Europeo en Bruselas, que en gran medida ha dado marcha atrás en muchas de sus políticas del Pacto Verde Europeo y endurece constantemente la política migratoria. Por tanto, el margen de maniobra es limitado, ya que la corriente política dominante, especialmente en la derecha, ya es profundamente contraria a la inmigración.

La frontera sur de Europa es ya la más mortífera, y poco más se puede hacer aparte de recurrir a una política simbólica interminable que no aporta soluciones reales. Lo único que se consigue con eso es aumentar la visibilidad del tema, lo que lleva a la gente a sentir que el problema sigue sin resolverse. Así, pues, la única forma de solucionarlo parece ser optar por la postura más extrema.

El canciller alemán Friedrich Merz habla durante su conferencia de prensa de verano en Berlín, el 15 de julio de 2026. Foto: Xinhua Li Hanlin

¿Cuál es la situación de la izquierda y la centroizquierda en Alemania tras estas elecciones? ¿Cómo les va ahora que no están en el poder, observando que la derecha conservadora no está logrando frenar el ascenso de la AfD?

En líneas generales, la izquierda está débil y fragmentada. Esto ocurre en toda Alemania, pero la situación en el este del país es algo más problemática. Si observamos las encuestas a nivel nacional, por ejemplo, vemos que Los Verdes se sitúan en el 14%, el SPD en el 12% y Die Linke en el 11%. Eso suma alrededor del 37%. Un 37% repartido entre tres partidos, cuando hace 20 años el SPD por sí solo alcanzaba esa cifra.

No hay motivos para pensar que esta fragmentación vaya a cambiar significativamente en el futuro. Tienen electorados distintos: el del SPD es de edad muy avanzada, el de Die Linke es muy joven, y el de Los Verdes está compuesto mayoritariamente por millennials. Presentan perfiles diferentes en cuanto a nivel educativo, lugar de residencia, etcétera.

Lógicamente, el SPD no va a recuperar mucho terreno, sobre todo si mantiene esa postura indefinida y confusa de centro, ya que no resulta atractivo para los jóvenes.

Así, pues, el mayor problema para la izquierda reside en la centroizquierda. No obstante, todos los partidos de izquierda comparten una dificultad común: la incapacidad para dominar el debate político, ya que este suele centrarse casi siempre en cuestiones de identidad y seguridad vinculadas a la inmigración, ámbitos en los que tienden a mostrarse más débiles.

Más sobre:LT DomingoAlemaniaAfDMerzCDUCas Muddeextrema derechaSPDDie LinkeSajonia-AnhaltBWS

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE