Por Fernando FuentesInforme de organismo de la OEA analiza el fenómeno del “tuci” y advierte de los desafíos para la política sobre drogas
"El ‘tuci’ representa un desafío por la variabilidad de su composición. Bajo un mismo nombre pueden circular mezclas muy diferentes, lo que dificulta que las personas sepan qué están consumiendo y complica también la respuesta de los servicios de salud, los laboratorios forenses y los sistemas de control de drogas", explica Marya Hynes, directora del Observatorio Interamericano sobre Drogas (OID).

Desde 2010 hasta hoy los mercados ilícitos de drogas han experimentado transformaciones importantes, impulsadas por la expansión de las drogas sintéticas, la aparición de nuevas sustancias psicoactivas (NSP) y los cambios en los patrones de consumo. Estas transformaciones han sido ampliamente documentadas tanto por organismos internacionales como por la literatura académica especializada.
En este contexto surge el fenómeno del “tuci”, también conocido como “cocaína rosada”, una mezcla psicoactiva que ha cobrado notoriedad en entornos recreativos vinculados a clubes nocturnos, festivales de música electrónica y espacios de ocio urbano. El producto suele presentarse como un polvo de colores llamativos, lo que contribuye a su diferenciación en el mercado y a su atractivo para determinados grupos de consumidores.
Frente a este fenómeno, el Observatorio Interamericano sobre Drogas (OID) de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), que forma parte de la Secretaría de Seguridad Multidimensional (SSM) de la Organización de los Estados Americanos (OEA), preparó un boletín informativo, titulado “’Tuci’: desafíos para la política sobre drogas”, donde alerta tanto sobre cómo la variabilidad en su composición no solo incrementa el riesgo de interacciones farmacológicas impredecibles, sino también dificulta su clasificación jurídica, al tiempo que reduce las barreras de entrada para su producción y comercialización.

El informe destaca que, a diferencia de las drogas ilícitas tradicionales, definidas por una molécula específica, el “tuci” no corresponde a una sustancia química única, sino a una mezcla de compuestos psicoactivos de composición variable, comercializada bajo una misma denominación. La evidencia científica reciente indica que la mayoría de las muestras vendidas como “tuci” no contienen ni cocaína ni 2C-B, pese a la asociación del término con esta última sustancia.
Los datos recopilados a través del Sistema de Alerta Temprana de las Américas (SATA) confirman que el “tuci” se caracteriza por una alta variabilidad química y una creciente complejidad en su composición. En algunos casos, se han identificado múltiples sustancias en una sola muestra, lo que refleja la naturaleza multicomponente del producto y dificulta prever sus efectos. Este patrón plantea desafíos significativos para la vigilancia epidemiológica y forense, tradicionalmente orientada a la identificación de sustancias individuales.
Los análisis de laboratorios forenses y toxicológicos de diversos Estados miembros, así como los servicios de análisis de sustancias, han identificado que las formulaciones más comunes incluyen ketamina, MDMA, metanfetamina, cafeína y paracetamol, además de una amplia gama de otros compuestos, como anfetaminas, anestésicos locales y catinonas sintéticas. “Esta variabilidad en la composición no solo incrementa los riesgos asociados al consumo, sino que también plantea desafíos para los sistemas de monitoreo, tradicionalmente orientados a la identificación de sustancias individuales”, señala el reporte.
Al respecto, el boletín del OID enfatiza: “Desde una perspectiva de salud pública, la variabilidad en la composición del ‘tuci’ incrementa el riesgo de interacciones farmacológicas impredecibles, de sobredosis accidental y de efectos adversos graves. La incertidumbre sobre la dosis y los componentes presentes complica, además, la respuesta clínica ante las intoxicaciones. Desde el ámbito de la seguridad, la variabilidad en su composición dificulta la clasificación jurídica, la identificación forense y los procesos de judicialización, al tiempo que reduce las barreras de entrada para su producción y comercialización”.

“Más que la aparición de una nueva sustancia, el ‘tuci’ representa un desafío por la variabilidad de su composición. Bajo un mismo nombre pueden circular mezclas muy diferentes, lo que dificulta que las personas sepan qué están consumiendo y complica también la respuesta de los servicios de salud, los laboratorios forenses y los sistemas de control de drogas. Para los países de la región, esto refuerza la importancia de contar con sistemas de alerta temprana capaces de detectar rápidamente cambios en la composición de las drogas que circulan en el mercado y compartir esa información entre las autoridades de salud y seguridad”, comenta a La Tercera Marya Hynes, directora del OID.
Surgido en Colombia
Diversos estudios sugieren que el “tuci” surgió en Colombia a comienzos de la década de 2010, en circuitos de ocio nocturno asociados a sectores de ingresos medios y altos. En sus primeras fases, el producto se promocionaba como una versión accesible del psicodélico 2C‑B, sustancia del grupo químico de las feniletilaminas, sintetizada originalmente en la década de 1970.
Debido a la escasez y al costo relativamente alto del 2C‑B en los mercados ilícitos, los productores comenzaron a reemplazarlo por combinaciones de drogas más accesibles, como ketamina y MDMA, detalla el boletín.
A partir de mediados de la década de 2010, el fenómeno comenzó a expandirse a otros países de las Américas. Información proveniente de los observatorios nacionales sobre drogas (OND) y de sus sistemas nacionales de alerta temprana (SAT) ha documentado la detección de sustancias como ketamina, MDMA e incluso, ocasionalmente, 2C-B en productos comercializados como “tuci” en países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, República Dominicana, Trinidad y Tobago, además de Uruguay.

Uno de los rasgos más característicos del “tuci” es su composición altamente variable. Diferentes estudios de laboratorio han identificado una amplia variedad de sustancias en muestras comercializadas bajo esta denominación.
De hecho, el informe del OID cita un análisis químico realizado en 2024 de 992 muestras en 22 eventos de música electrónica en Santiago de Chile identificó 48 muestras (5%) como “tuci”, revelando una composición heterogénea: el 42% contenía solo ketamina, el 33% contenía una combinación de ketamina y MDMA, el 15% incluía ketamina junto con otras sustancias y el 10% no pudo identificarse mediante el método analítico empleado. Además, 89 muestras (9%) fueron identificadas como ketamina, de las cuales el 42% contenía solo ketamina, el 33% consistía en una combinación de ketamina y MDMA, el 15% incluía ketamina junto con otras sustancias y el 10% no pudo identificarse mediante el método analítico empleado.
Un estudio posterior realizado también en Chile, en 2025, identificó, a través de una evaluación de riesgo toxicológico, niveles de exposición superiores a los considerados seguros, asociados con un mayor riesgo de toxicidad urológica y otras complicaciones de salud.
El “tuci” es una droga que mezcla a muchas sustancias psicoactivas, caracterizada por combinaciones impredecibles que se consume en ambientes nocturnos y recreativos. Sin embargo, evidencia emergente también sugiere su presencia en otras poblaciones vulnerables. Un estudio reciente realizado en Chile identificó una crisis de salud mental entre adolescentes involucrados en el sistema de justicia juvenil, con un 29% en riesgo de suicidio y una alta tasa de consumo de drogas sintéticas, incluido el “tuci”, señala el informe del organismo de la OEA.
“Chile ha generado información muy relevante sobre este fenómeno a través de sus capacidades de análisis y monitoreo. Los estudios realizados en el país han permitido documentar la variabilidad de las mezclas comercializadas como ‘tuci’ y otros cambios en el mercado de ketamina. Ese tipo de información es precisamente lo que los sistemas de alerta temprana necesitan para poder identificar riesgos emergentes y orientar respuestas de salud pública y de control de drogas”, explica Hynes a este medio.
Recomendaciones frente al fenómeno
A diferencia de otras drogas ilícitas que dependen de cultivos o de rutas de tráfico consolidadas, el “tuci” puede elaborarse a partir de insumos diversos y más fácilmente disponibles en los mercados locales, lo que facilita su expansión en contextos geográficos, sociales y de mercado específicos, señala el informe del OID. Este modelo de producción permite ensamblar el producto localmente a partir de diferentes sustancias, incluidos fármacos u otras sustancias químicas que son mayormente desviadas de sus usos médicos o industriales lícitos, reduciendo la dependencia de las rutas de tráfico tradicionales y dificultando los esfuerzos de interdicción.
“Es importante señalar que las mezclas no figuran como tales en las listas nacionales e internacionales de sustancias controladas, ya que el control suele aplicarse a sustancias específicas. En la práctica, la presencia de una sustancia ya incluida en la lista en una mezcla puede ser suficiente para la aplicación de medidas regulatorias. Sin embargo, persisten desafíos, particularmente en el caso de la ketamina, una de las sustancias más comunes en el ‘tuci’, que no está controlada internacionalmente y cuya inclusión en las listas de control nacionales varía entre países, lo que genera dificultades regulatorias adicionales”, advierte el reporte.

En el plano jurídico, el “tuci” evidencia las limitaciones estructurales de los marcos normativos basados en listas específicas de sustancias controladas. La composición cambiante obliga a realizar análisis periciales caso por caso y expone vacíos regulatorios ante combinaciones no contempladas explícitamente en la legislación. En consecuencia, diversos organismos internacionales han señalado la necesidad de avanzar hacia enfoques regulatorios más flexibles, basados en grupos de sustancias o en sus efectos farmacológicos.
Desde el ámbito de la seguridad, apunta el OID, el carácter no estandarizado del “tuci” dificulta las labores de inteligencia y el análisis forense. A diferencia de drogas como la cocaína y la heroína, que por lo general presentan composiciones más estables que permiten identificar patrones consistentes, el “tuci” presenta una alta variabilidad que dificulta la trazabilidad de las cadenas de suministro y la identificación de vínculos entre incautaciones.
En este contexto, señala el boletín, el fenómeno del “tuci” evidencia la necesidad de fortalecer los sistemas nacionales de alerta temprana, mejorar la capacidad analítica de los laboratorios forenses y promover el intercambio oportuno de información entre las autoridades de salud y de seguridad, así como con los observatorios nacionales sobre drogas. Asimismo, resalta la importancia de integrar enfoques de prevención, de mitigación de riesgos y de análisis de sustancias como herramientas complementarias para mitigar los peligros asociados. El informe del OID también propone actualizar las leyes y los marcos regulatorios nacionales, considerando enfoques más flexibles para abordar productos de composición variable y combinaciones de sustancias no incluidas en las listas de control tradicionales.
“El fenómeno ‘tuci’ pone de relieve la importancia de enfoques más integrados que fortalezcan la coordinación entre los sectores de salud pública, seguridad e inteligencia, y que conduzcan a respuestas más eficaces ante la creciente complejidad de los mercados de drogas sintéticas”, concluye.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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