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Soledad Cruz y la obra sobre el movimiento que enfrentó a la UP: “El Poder Femenino fue invisibilizado por la derecha”

La actriz y directora estrena en Matucana 100 Las cacerolas vacías, montaje enfocado en el Poder Femenino, la agrupación de mujeres de alta burguesía que se movilizó contra la Unidad Popular. En conversación con Culto, reflexiona sobre la invisibilización histórica de estas figuras por su sector, la vigencia del cacerolazo y las complejidades de hacer teatro y postular a fondos en el escenario político actual.

Soledad Cruz y la obra sobre el movimiento que enfrentó a la UP: “El Poder Femenino fue invisibilizado por la derecha”

Judit decapitando a Holofernes, la célebre pintura de Artemisia Gentileschi, abre la obra de teatro Las cacerolas vacías, escrita por Iván Fernández Vidal. Con esa impactante imagen bíblica comienza la historia de dos mujeres que conformaron el movimiento político Poder Femenino, agrupación que gestó las famosas protestas de las cacerolas vacías en contra del gobierno de la Unidad Popular (UP).

La puesta en escena, estrenada en Matucana 100, es protagonizada por Carol Henríquez Aguilera, Bárbara Martín Espinoza y Tamara Ferreira. Hace unos años, en un encuentro en la Universidad de Chile, las actrices hicieron una lectura del texto y quedaron fascinadas. Decididas, invitaron a Soledad Cruz a dirigir el proyecto junto a su productora, La Maulina Producciones.

Tras postular y adjudicarse un Fondo de Artes Escénicas del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, comenzó el proceso creativo. “Empezamos a reelaborar todo el texto, a hacer ediciones, a concentrarnos más desde el presente al pasado, del pasado al presente, jugar con el tiempo y a determinar ciertas líneas que fueron guiando la creación”, explica a Culto la actriz Soledad Cruz Court (42), directora de la obra.

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La temática la atrajo desde el primer momento, pues desde el drama se acerca por primera vez a la comedia. “Desde La Maulina trabajamos con diferentes artistas en distintas obras, pero la mayoría se ha cruzado con la memoria histórica política chilena, desde el Golpe de Estado, como la obra de Roberto Parra que se llama El Golpe, hasta El pago de Chile. Después Acevedo. He estado de alguna manera u otra vinculada a esa historia, pero desde siempre la mirada de las víctimas”, reflexiona la directora.

Las cacerolas vacías propone, sin embargo, protagonistas distintas. “Encontrarme con una obra que hablara de mujeres que fueron parte del movimiento que derrocó al gobierno de Salvador Allende, y que además fueran aristócratas, de la alta burguesía, me parecía interesante. Son mujeres, dueñas de casa, madres y esposas —que es la consigna de este movimiento—, que salieron a la calle, al mundo público, a luchar para seguir sosteniendo un sistema que las mantiene en la casa como madres y dueñas de casa”, explica.

Para documentarse en el proceso, el equipo revisó el texto La mujer de derecha. El poder femenino y la lucha contra Salvador Allende (1964-1973), de la historiadora Margaret Power. Para quienes vieron la película Machuca (Andrés Wood, 2004), esta descripción corresponde al personaje de María Luisa, madre de Gonzalo, interpretada por Aline Küppenheim, quien se suma junto a otras mujeres a marchar con las cacerolas contra la UP.

Durante la obra se da cuenta de las acciones del Poder Femenino para expandir su mensaje, como dejar alcancías en las peluquerías para reunir fondos para los panfletos o recurrir a sus trabajadoras del hogar para penetrar en la clase trabajadora.

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“Vengo de una familia de derecha, conozco muy bien cómo se mueve esta mujer de la alta burguesía. Entonces me pareció interesante, a propósito de la trayectoria de las obras que había hecho anteriormente. Fue otro tipo de trabajo en lo personal para mí, otra forma de empatizar, conocer otras formas del lenguaje que eran más ajenas a mí. En esta obra, si bien ideológicamente no soy partidaria, sí conozco muy bien esa naturaleza humana. Me pareció un ejercicio interesante desde la dirección”, reflexiona Soledad.

En la puesta en escena, las protagonistas ya mayores recuerdan con nostalgia sus días como líderes, pero resienten el olvido de su sector político y de la historia chilena.

Hoy en día el cacerolazo se ocupa para todo, pero nace en ese momento con estas mujeres. Es un dato que muy poca gente sabe. Fueron súper invisibilizadas, poco se sabe lo que es el Poder Femenino; fueron invisibilizadas por la derecha. Una de las acciones fundamentales para la victoria de la derecha en ese momento fue el contar con estas mujeres y la gran movilización que hicieron. Nadie las reconoció, no hay mucha información de este movimiento, ellas se ocultaron bastante también, o las ocultaron bastante”, expone Soledad Cruz.

“No es casual, yo creo, que este movimiento tan fuerte de mujeres no haya dado mucho de qué hablar, es curioso. Entonces me pregunto por qué será: ¿por qué son mujeres? ¿por qué ellas no quisieron? No lo sabemos con exactitud, pero hay algo en el rol de la mujer que ellas defienden y cómo ellas también terminan siendo víctimas, entre comillas, de un olvido de nuestra historia”, añade.

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La cultura y el escenario político actual

La obra llega a la cartelera en septiembre, mes de Fiestas Patrias y en el cual se conmemora un nuevo aniversario del Golpe de Estado. Si bien proyectaban su estreno para 2025, debido al delicado estado de salud de la actriz Tamara Ferreira este debió posponerse. La fecha final resultó ser una coincidencia, puntualiza su directora: “Fue circunstancial que estuviéramos estrenando en esta fecha, por cosas de logística. Ahora, creo que nada es coincidente”, dice.

“También es parte de un lado de nuestra historia que está invisibilizado y pone en discusión lo que creemos hoy en día, luchar por las convicciones. Creo que eso es lo que está en crisis. Hoy es fácil tener una convicción y luchar hasta el final por ella, y creer que esa es la verdad; me cuestiono hasta dónde creemos realmente en lo que luchamos, y si las consecuencias de lo que creemos y luchamos están exentas de ética si es por lo que creo”, reflexiona sobre la temática central del montaje.

En este contexto, Soledad Cruz reflexiona también sobre el momento en que irrumpe la obra frente al escenario político actual y el financiamiento cultural: “Es súper complejo todo, la verdad, para nosotros como artistas, apaleados en todo sentido: financieramente, desde los discursos, desde la casi censura, los lineamientos que pone el Ministerio de las Culturas para poder hacer un proyecto, hay una restricción solapada”.

Sin embargo, reconoce como positiva la incorporación de líneas en torno a la infancia. “Estaba muy abandonada esa área. Ahora que soy mamá, me doy cuenta. Era un problema, así que está bien que se equilibre un poco la balanza”.

Dado que varios de los proyectos en los que ha trabajado la actriz y directora han sido financiados por fondos concursables estatales, aborda las transformaciones en el sistema de asignación:

¿Cómo ves los cambios en los fondos?

—Todavía me cuesta hacer un diagnóstico de qué es lo que va a pasar con el mundo de la cultura en general. Actualmente, estamos en la postulación de fondos y ya estamos viendo que está súper complejo el escenario, desde la curatoría o los lineamientos. Si no estás alineado con esas líneas, no puedes postular. Me parece que eso ya es un signo de alerta y en ese estado estamos todos, a ver cómo se desarrolla esta situación. Cada gobierno tiene su derecho de poner sus lineamientos, pero hay algo ahí en la cultura que ha sido un poco despreciado. No solo se trata solo de recursos, hay algo en el lenguaje, la mayoría tenemos una sensación de que a nadie le importa la cultura en este gobierno, como que no fuera algo relevante, porque se pone en la misma balanza que las necesidades de salud o de educación y eso no es así, no es una cosa o la otra, por algo existen ministerios que tienen recursos distintos.

Cruz aclara sobre el origen de la obra: “Este proyecto fue financiado por el gobierno anterior, porque fue prorrogado. Es como si este gobierno no quisiera que se abran puertas al debate ni a la discusión sobre temas de identidad, memoria o territorio, como si todas esas palabras estuvieran asociadas a la izquierda. Entonces es grave, porque nos puede a largo plazo limitar nuestra capacidad reflexiva y de auto-observarnos como sociedad”.

“Se entiende que el artista en general es más de izquierda y ese discurso ha provocado mucho odio, hemos recibido odio como nunca. Empezamos a publicar esta obra en redes sociales y ya empezaron a salir comentarios agresivos, como que ahora se permite eso porque hay un gobierno de derecha; es como si la gente de derecha hubiera salido del clóset con tanta rabia que cualquier cosa es detonante de: ‘Ah, mira, están hablando de memoria, uy, qué creativos los artistas flojos’. No hay nada que responder ante eso”.

Orígenes, televisión y proyectos futuros

Oriunda de Talca, en la región del Maule, Soledad Cruz fundó en 2011 La Maulina Producciones, con el objetivo de llevar obras de calidad y educación teatral a su zona de origen. “Fue una gran misión en su momento, devolver la mano a mi pueblo”, reflexiona.

Aunque estos últimos años se ha dedicado exclusivamente a la dirección y actuación teatral, fue un papel en televisión el que la hizo conocida a nivel nacional: dio vida a María Mercedes Möller, la recordada “Mechita”, en la teleserie Perdona nuestros pecados (Mega). Por su interpretación romántica junto a la actriz María José Bello, ambas ganaron el premio Valencia Ciudad del Grial en España (2018).

¿Volverías a las teleseries?

—Sí, por supuesto, me gustaría. Fui mamá después de la teleserie, mamá doble, entonces me retiré de esa intensidad televisiva en su momento para criar. Fueron muchos cambios; al mismo tiempo me fui a vivir al Cajón del Maipo y me dediqué cien por ciento al teatro y a los proyectos culturales. Estoy alejada, pero por cosas circunstanciales. Me encantaría volver, es trabajo, así que fantástico. No le hago el quite a ningún tipo de expresión artística, no tengo ningún juicio con respecto a las teleseries, me gusta hacerlas y verlas. Creo que el formato vertical está buenísimo, son formatos cortos que funcionan hoy, así que estoy súper abierta a integrarme a cualquier tipo de proyecto.

En cuanto a sus próximos pasos, Cruz incursiona por primera vez en el teatro infantil con la obra escrita en décimas Cuentos de cajón, proyecto que realiza junto a su pareja, el actor Nicolás Pavez. “Está basada en los imaginarios de la montaña y de la cordillera, habla acerca de la geografía, el territorio y la memoria desde los habitantes animalescos, como el puma y el cóndor. Nos quedó un trabajo precioso”, relata. Asimismo, produce un programa para NTV, la señal infantil y cultural de TVN, junto a la banda infantil Caleuchísticos.

La obra de teatro Las cacerolas vacías estará disponible en Matucana 100 hasta el 13 de septiembre.

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