Por Bastián DíazHistórica ola de calor: El peor verano azota a Europa
La crisis climática ha hecho las olas de calor más frecuentes, mientras los ríos se quedan sin agua y los bosques se queman en todo el continente.

La frase se ha vuelto un cliché: “El verano más caliente hasta ahora, el verano más fresco que queda”. El calor no cesa de aumentar en Europa, el continente que aumenta de temperatura mayor velocidad a causa del calentamiento global.
Si los incendios ya se esperan, y cientos de miles de hectáreas se quemaron estos meses en España y Francia, ahora la sequía también trae problemas con los ríos: algunos desaparecen, e incluso los más grandes bajan a niveles en los que ya no se pueden navegar.
Las olas de calor, en tanto, se hacen cada vez más frecuentes e intensas. Si en Andalucía o Sicilia el calor sofocante es algo “normal” del verano, Francia de norte a sur ya se está acostumbrando a que la temperatura no baje durante las noches.
El dato es claro: Europa es el continente que más rápido sube de temperatura. El planeta entero, hoy, es 1,4 grados Celsius más cálido que durante el período entre 1850 y 1900, definido como era preindustrial. En comparación, el Viejo Continente ha aumentado 2,4 grados, según indica el Servicio de Cambio Climático Copernicus.
Este 2025 la situación se aceleró, y entre el 95% y el 100% del continente registró temperaturas superiores a la media. Ya comparado con otro período de referencia, entre 1991 y 2020, las medias han aumentado 0,9 grados.
“Desde la década de 1980, Europa se ha calentado a un ritmo aproximadamente dos veces superior a la media mundial, lo que la convierte en el continente que más rápido se calienta. Esto no se debe a un único factor, sino a una combinación de influencias. La región mediterránea constituye un punto crítico en materia climática: allí, el calentamiento se produce a mayor velocidad que la media mundial, lo que aumenta el riesgo de olas de calor, sequías y condiciones propicias para los incendios forestales en gran parte de Europa”, explica a La Tercera Samantha Burgess, responsable de estrategia climática en el Servicio de Cambio Climático de Copernicus:
Francia en particular renovó sus récords. El Hexágono ya pasó 52 días dentro de una ola de calor desde mediados de junio, según un análisis de AFP basado en datos de Météo-France. Se trata de un récord desde que comenzaron las mediciones en 1947, y el verano de 2026 aún no ha terminado. El récord anterior, establecido en 2022, había sido de 33 días, en comparación con los 22 días del devastador verano de 2003.
París, para dar el ejemplo más claro, ya pasó más de 40 días superando los 30 grados de temperatura. Esto, en una ciudad que históricamente tenía, durante las mismas fechas, máximas de entre 23 y 26 grados.

Al otro lado de los Pirineos, más habituados al calor, los españoles están sufriendo a causa de los incendios forestales, que en general se expanden por todos los países del Mediterráneo. Solo en España, ya se han registrado 43 “grandes incendios forestales”, o sea, aquellos que superan las 500 hectáreas quemadas.
Entre los incendios más graves están el que ocurrió en Burgohondo, provincia de Ávila, que destruyó 50 mil hectáreas, y otro en la provincia de Huelva, que dañó 33 mil. También se registró el incendio más mortífero en España en el siglo XXI, ocurrido cerca de Almería, en el que fallecieron 14 personas.
En tanto, Bélgica vivió el incendio más grande de su historia en una zona cercana a Alemania. La ciudad germana de Monschau ordenó una evacuación parcial, y si en un momento se trataba de 80 hectáreas, ya el domingo estaba en 3.000. En general, el país no acostumbra a altas temperaturas, pero en algunos lugares se llegaron a sentir 37 grados Celsius este viernes, lo que propició la propagación de incendios.
En Salamina, la isla que mira de frente a Atenas, cientos de personas tuvieron que ser evacuadas al declararse dos incendios, en lo que es un lugar popular para los turistas locales. En un solo día, los bomberos locales declararon 36 incendios.
Volviendo a Francia, un incendio forestal cerca de Burdeos obligó la evacuación de 224 mil personas. Esto, luego de que se quemaran 420 kilómetros cuadrados: casi cuatro veces la superficie de París.
Las asfixiantes temperaturas les han costado la vida a unos 25.000 europeos en lo que va de verano, con más de 9.500 muertos solo en Alemania durante la aterradora ola de calor de la última semana de junio.
El verano de 2026 en Francia, sin que haya acabado agosto, pasará ya a la historia como uno de los peores y más mortíferos desde que existen registros. El país contabilizó 1.243 muertos adicionales entre el 3 y el 22 de julio, durante la segunda ola de calor estival, que se suman a los 5.764 decesos registrados del 17 al 30 de junio, en la primera canícula. Esto sitúa el balance provisional en unos 7.300 fallecidos, según informaron este miércoles el Ministerio de Sanidad y la agencia Santé Publique France. Así, el actual verano ya el más mortífero tras el de 2003, con 15.000 decesos.

Ríos secos
No es solo la temperatura, sino la falta de lluvia, la que trae problemas en Europa, y sobre todo en los ríos. Al oeste de Alemania, el río Rin registró su nivel más bajo desde que se tienen estadísticas. La situación es similar en los grandes ríos europeos, como el Danubio y el Po.
Esto ha terminado afectando industrias como el transporte y la agricultura, que dependen en gran medida de estas masas de agua. En particular, indican los observatorios de la UE, la sequía se concentró en el centro y oeste del continente.
A causa de la falta de agua, Serbia tuvo que apagar sus centrales eléctricas de carbón, ya que no podía usar sus sistemas de refrigeración. En Rumanía tuvieron que hacer una “explosión controlada” de una roca a orillas del Danubio, para aumentar el caudal de agua que llegaba a una central nuclear. Hungría tuvo que parar por completo su única central nuclear, que se enfriaba con las desaparecidas aguas del mismo río.
En el Rin, que sube por Alemania y los Países Bajos, se han visto bajos históricos, y en la estación de medición de Kaub, que mide la navegabilidad del río, se notó que los bajos niveles podrían afectar a los buques al pasar. Los buques de carga que transportan bienes esenciales hacia Rotterdam por el Rin viajan al 30% de su capacidad para no encallar.
“Los bajos niveles de los ríos son una de las formas más evidentes en que los fenómenos climáticos extremos afectan a la vida cotidiana y a la actividad económica”, explica Burgess. “Cuando ríos importantes como el Rin y el Danubio presentan niveles demasiado bajos para la navegación, se interrumpe el transporte de mercancías, aumentan los costos de envío y se ven afectadas las cadenas de suministro mucho más allá de la propia cuenca fluvial”, agrega.
Asimismo, la experta destaca: “Los niveles extremadamente bajos de los ríos ejercen presión sobre la agricultura, los ecosistemas, el suministro de agua potable y la producción de energía. Estos efectos demuestran que los riesgos climáticos no son meramente medioambientales; tienen consecuencias cada vez más directas para las economías y las infraestructuras, además de alterar la vida diaria de las personas”.
Uno de los peores golpes se lo lleva la agricultura, con la producción de los grandes graneros diezmada: la producción de trigo en la UE y Reino Unido caerá un 24% este año, lo que costará a los productores unos 2.000 millones de euros. Esto ha obligado a Francia a prometer ayudas a un sector muy sensible. El nuevo primer ministro británico Andy Burnham define la situación como un “polvorín”, mientras en Italia ya han pedido agua a Suiza para no perder los arrozales. Según el diario El País, el golpe económico a corto plazo por la gran sequía europea será de al menos 50.000 millones de euros.
Círculo vicioso clave
Europa sube de temperatura a un ritmo acelerado, y se encuentra encerrada entre dos territorios críticos: por un lado, recibe los vientos del norte de África que calientan desde el Mediterráneo, pero, por el otro, no se enfría lo suficiente con su cercanía al Ártico, precisamente porque este terreno lidera el aumento de la temperatura.
“Europa está conectada con el Ártico, que se está calentando mucho más rápido que el resto del planeta”, declaró a DW Ben Clarke, del servicio Copernicus. El Ártico es 3,2 °C más cálido que en la era preindustrial.
Esta parte del mundo vive un círculo vicioso clave: el proceso conocido como retroalimentación del albedo. La nieve y el hielo brillantes reflejan gran parte del calor del Sol de vuelta al espacio, pero a medida que se derriten dejan al descubierto superficies más oscuras. Estas últimas, como la tierra y el océano, absorben más el calor.
“Así que, a medida que el hielo marino se derrite, se produce una mayor absorción de calor, lo que a su vez calienta aún más las aguas y derrite más hielo”, explicó Clarke.
La tasa de cambio de temperatura varía en toda Europa, y se concentra en el sur. El este y el sureste del continente, así como partes de Europa central, incluidos los Alpes, se han calentado entre 0,5 °C y 1 °C por década durante los últimos 30 años, según Copernicus. El oeste y el suroeste de Europa, así como la Finlandia subártica, Noruega y Suecia, se calentaron entre 0,2 °C y 0,5 °C por década.
Frente a este escenario, Burgess dice que “la adaptación ya se está produciendo en toda Europa y cobrará cada vez más importancia a medida que continúe el calentamiento climático”. “Para muchos europeos, el cambio más perceptible será la mayor frecuencia e intensidad de las olas de calor. Los edificios, las redes de transporte y los sistemas energéticos diseñados para el clima del pasado deberán ser cada vez más resilientes frente al clima actual y futuro”, advierte.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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