Falta de fondos obliga a programa de la ONU a suspender la ayuda alimentaria a medio millón de palestinos en Gaza
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) redujo su cobertura a 1,1 millones de personas este mes, luego de que su financiamiento cayera más de la mitad respecto de 2025. Dos tercios de la población del enclave enfrentan niveles críticos de inseguridad alimentaria y 200.000 personas están a un paso de la hambruna.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU suspendió el apoyo a más de medio millón de personas al mes en la Franja de Gaza, tras una caída en su financiamiento.
Además, según información de The Guardian, el director de la agencia para Palestina advirtió que el invierno boreal probablemente agravará el hambre en el territorio.

Durante el verano en el hemisferio norte, los programas del PMA ayudaron a alimentar a cerca de 1,6 millones de personas, tres cuartas partes de la población de Gaza.
Sin embargo, el financiamiento de la agencia cayó más de la mitad respecto de los niveles de 2025. Desde octubre, la asistencia se redujo para llegar a 1,1 millones de personas al mes, con recortes en la entrega de cajas de raciones, en las transferencias de efectivo para comprar alimentos y en las comidas calientes de los comedores comunitarios.
El organismo necesita cerca de de 400 millones de dólares en los próximos seis meses para restablecer sus programas esenciales en Palestina.
Fase de emergencia
Más de un año después del alto el fuego mediado por Donald Trump, la reconstrucción prometida aún no comienza, apenas hay empleos y la mayoría de la población depende de la ayuda para comer.
Un año de envíos de ayuda permitió poner fin a la hambruna declarada en el verano de 2025 y aliviar las situaciones de hambre más extremas. Sin embargo, “son logros muy frágiles, fáciles de revertir, y la situación sigue siendo brutal”, afirmó el representante y director del PMA para Palestina, Shaun Hughes.
Dos tercios de los habitantes de Gaza enfrentan niveles críticos de inseguridad alimentaria, equivalentes a la fase tres de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (IPC), el indicador que evalúa si una población se acerca a una hambruna. Según Hughes, 200.000 palestinos están en la fase cuatro, de emergencia, el paso previo a la hambruna, por lo que requieren ayuda humanitaria inmediata para evitar muertes por hambre.

Los niños pequeños y las madres son los más vulnerables. Una encuesta reciente de UNICEF reveló que uno de cada ocho niños en Gaza sufre desnutrición crónica o retraso en el crecimiento, lo que podría haberles causado daños permanentes.
La mayoría de las organizaciones humanitarias enfrenta problemas de financiamiento, agravados por los recortes que la administración de Donald Trump aplicó a la USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y por la reducción de aportes de otros donantes, que lidian con sus propias crisis por el aumento del costo de vida.
En 2025, la hambruna y la guerra atrajeron la atención mundial hacia Gaza y aseguraron la llegada de fondos. Con un alto el fuego meramente simbólico y los casos más extremos de desnutrición contenidos -apuntó The Guardian- la crisis salió de los titulares y dio paso al cansancio entre muchos donantes.
Además, según datos de la ONU, cerca del 80% de la población de Gaza está desempleada, por lo que las familias no tienen forma de alimentarse por sus propios medios.
“Necesitamos invertir en la recuperación. Esta operación humanitaria no es asequible ni sostenible a largo plazo”, dijo Hughes. Según el director, los habitantes del enclave “no quieren depender de estas ayudas ni tener que hacer fila cada día para recibir una comida caliente”.
Antes de la guerra, Gaza era autosuficiente en la producción de frutas y verduras. Hoy, la mayor parte de sus tierras agrícolas está ocupada por el Ejército israelí y sus sistemas de invernaderos y riego fueron destruidos. La Marina israelí, además, impide que las embarcaciones pesqueras faenen frente a la costa, pese a que el pescado ha sido una fuente fundamental de proteínas en el territorio.
El costo de operar en Gaza
Durante los últimos tres años, las restricciones impuestas por Israel a la entrada de ayuda han sido la principal causa del hambre y la desnutrición en Gaza.

Por primera vez desde octubre de 2023, la falta de fondos podría convertirse en un obstáculo adicional. Los controles israelíes sobre los envíos encarecen la ejecución de la labor humanitaria en comparación con otras partes del mundo.
También, las limitaciones para la importación de combustible, aceite para motores y a los repuestos, junto a normas de envío complejas y opacas, aumentan los tiempos y costos de transporte, mientras la destrucción de edificios por los bombardeos limita y encarece el almacenamiento.
Y aunque llegaran nuevos recursos, el PMA podría no revertir los efectos de los recortes de inmediato. La compra y el envío de productos para las cajas de raciones pueden tardar hasta tres meses. Según Hughes, la inyección de más de 40 millones de dólares al mes ha “sostenido el poder adquisitivo del sector privado en Gaza”, lo que permitió la entrada de camiones con alimentos. La reducción de las transferencias en efectivo ya podría estar afectando esas cadenas de suministro.
Por ahora, el PMA ha reducido el alcance de sus programas en lugar de eliminarlos, y las familias que recibían dos cajas de raciones ahora recibirán una.
Hughes advirtió que, para las familias más vulnerables, la reducción de raciones no se aplicará. “Existe un límite en cuanto a cuánto se puede recortar (el apoyo) antes de que se pierda el impacto en la seguridad alimentaria a nivel de los hogares”, dijo.
Alaa Sarhan, de 40 años, vive con su esposa y sus cinco hijos, de entre cuatro y 16 años, en una carpa cerca de la “línea amarilla”, que marca el límite del control israelí. Fue paramédico y la pensión por discapacidad que recibe apenas le alcanza. “En los últimos días, hemos tenido que planificar nuestras comidas en función de lo que hay disponible, y no de lo que nos gustaría comer”, relató al medio británico.
“A menudo, cedo mi ración de comida para que mis hijos puedan comer”, agregó.
Nesreen Muqayed, de 50 años, vive con su esposo, sus cuatro hijos y dos nietos. En octubre, las comidas calientes de los comedores comunitarios, que constituyen gran parte de su dieta, se han distribuido solo día por medio. “Ayer utilicé lo último que nos quedaba de harina”, contó.
“Las frutas y verduras se han convertido en lujos que no podemos permitirnos con regularidad, a pesar de ser necesidades básicas a las que toda familia debería tener acceso”, agregó Muqayed.
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