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Las claves del primer round electoral de Lula y Flávio Bolsonaro

La controversia en torno al supuesto retiro del título de patrona del país a Nuestra Señora de Aparecida, el polémico financiamiento para una película sobre Jair Bolsonaro, las investigaciones por supuesto tráfico de influencias contra el hijo mayor de Lula y las denuncias de “injerencia electoral” contra EE.UU. marcaron la campaña de cara a la primera vuelta presidencial de este domingo en Brasil. Al igual que en 2022, se repite el escenario de polarización con candidatos virtualmente empatados.

Lula aspira a un cuarto período no consecutivo, mientras que Flávio Bolsonaro pretende arrebatarle la reelección.

Al igual que en 2022, la polarización entre dos expresiones políticas marcadamente opuestas vuelve a repetirse en las elecciones presidenciales de este domingo en Brasil. El octogenario e histórico líder del progresismo brasileño Luiz Inácio Lula da Silva intenta conquistar un nuevo mandato frente a Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario Jair Bolsonaro, condenado y detenido por intento de golpe de Estado.

Las encuestas muestran una leve ventaja para el líder histórico del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), pero con su inmediato contrincante, el ultraderechista senador del Partido Liberal, en un escenario competitivo. Si estos datos se confirman este domingo, nadie alcanzará el 50% necesario para asegurar el triunfo y el país tendrá una definición en la segunda vuelta del 25 del mismo mes. El adelanto de las mediciones para este escenario indica un panorama aún más ajustado.

A continuación, las claves que han marcado la actual campaña electoral en el gigante sudamericano.

La virgen y el voto religioso

La última semana de campaña estuvo marcada por una polémica religiosa, luego que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (80) citara el domingo pasado versiones de redes sociales según las cuales su principal rival en la urnas, Flávio Bolsonaro (45), retiraría el título de patrona de Brasil a Nuestra Señora de Aparecida, una acusación desmentida por el candidato derechista.

La virgen de Aparecida tiene uno de los mayores templos religiosos del planeta en Brasil y es venerada por los católicos, mayoritarios en el país y que, según los sondeos, prefieren a Lula para las elecciones. En cambio Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), se hace fuerte entre evangélicos, una confesión de crecimiento acelerado en años recientes que no reconoce a esta virgen como objeto de culto.

Lula recibe oraciones en octubre de 2024 al sancionar el Día Nacional de la Música Góspel. Foto: Ricardo Stuckert/PR

La polémica se intensificó después de que Flávio acusara el domingo a miembros de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) de ayudar al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de Lula a difundir lo que calificó como “la mayor fake news de la campaña”.

La encuesta Quaest difundida el lunes muestra que Lula adelantó la intención de voto entre católicos y evangélicos en medio de la polémica sobre Nuestra Señora de Aparecida. En el escenario de primera vuelta, el candidato del PT pasó del 43% al 48% en la intención de voto entre los católicos en comparación con el sondeo de la semana pasada. Por su parte, Flávio pasó del 27% al 29% en ese mismo período. En el segmento evangélico, Lula subió del 23% al 27%. El candidato bolsonarista, en cambio, retrocedió del 49% al 46%.

“El PT mantiene una relación histórica con la Iglesia Católica desde su fundación. El temor a que los evangélicos cobren gran fuerza en un eventual gobierno de Bolsonaro incrementa el apoyo de los católicos a Lula”, dijo a La Tercera el historiador brasileño Lincoln Secco, autor del libro A história do PT y profesor del Programa de Historia Económica de la Universidad de Sao Paulo.

Mujeres y voto indeciso

Thomas Traumann, analista político en GloboNews TV y en el diario O Globo, ponía de relieve en un artículo publicado a comienzos de septiembre en Americas Quarterly que “la batalla por los votantes indecisos de Brasil” se jugaba entre el electorado femenino.

Según Traumann, “la familia Bolsonaro ha tenido dificultades para conectar con las mujeres votantes, pero la inflación y otras cuestiones que afectan al bolsillo podrían brindarles ahora una oportunidad”.

“El perfil demográfico de estos votantes indecisos se asemeja más al electorado de Lula que al de Bolsonaro. No obstante, el descontento con el costo de vida y la seguridad pública ha llevado a muchos de ellos a alejarse durante el último mandato de Lula”, advierte.

Flávio Bolsonaro en su acto de inicio de campaña en Copacabana. Foto: Fernando Frazão/Agência Brasil

El análisis de una de las últimas encuestas de Quaest muestra que los votantes indecisos de Brasil son predominantemente mujeres de entre 25 y 40 años. Suelen ser madres de niños pequeños, católicas, de clase media baja, se identifican como mestizas, tienen educación secundaria y viven en las afueras de las grandes ciudades del sureste. La mayoría son madres solteras. Más del 51% de las familias brasileñas están encabezadas por mujeres.

En la encuesta Quaest publicada el lunes, Lula vio cómo su ventaja sobre Flávio entre las mujeres se reducía de 10 a 3 puntos a mediados de septiembre, cuando recuperó el liderazgo en el segmento, y terminó el mes con un 46% frente a un 37%.

Lulinha y Dark Horse

Las investigaciones que involucran a Lulinha y al financiamiento de Dark Horse se han situado en el centro de la contienda electoral. Por un lado, se le exige a Lula que dé explicaciones sobre el supuesto tráfico de influencias de su hijo mayor, Fábio Luís Lula da Silva, dentro del gobierno. Por otro, el senador y rival del candidato del petista en las elecciones presidenciales, Flávio Bolsonaro, debe responder sobre el financiamiento de la película biográfica de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.

El hijo de Lula es mencionado en tres investigaciones de la Policía Federal sobre tráfico de influencias en el gobierno. Al ser consultado, el presidente afirmó que su hijo no recibirá un trato especial. El mandatario calificó las acusaciones de tráfico de influencias como “conjeturas” y aseguró que su hijo será investigado como cualquier ciudadano.

En el caso de Flávio Bolsonaro, audios revelados en mayo por The Intercept Brasil mostraron al senador pidiéndole fondos a Daniel Vorcaro -expresidente del Banco Master, intervenido por el Banco Central, ahora liquidado-, en teoría para financiar la película Dark Horse, centrada en la carrera política de su padre. El extitular del Banco Master habría transferido 61 millones de reales a la producción.

Lula junto a su hijo mayor, Lulinha.

El senador sostuvo que se trataba de transacciones comerciales privadas y negó irregularidades. En una entrevista con CNN Brasil, tras conocerse los audios, prometió justificar los gastos de la película. Un documento que se conoció en junio, adjunto a la investigación policial del caso, detalla que la película costó 75 millones de reales, 54 millones gastados en el extranjero y 20,9 millones en Brasil. Sin embargo, no hay recibos ni facturas que respalden esas cifras.

Un sondeo de Quaest de comienzos de septiembre mostró la opinión de los electores sobre las investigaciones del caso Lulinha y sobre las indagaciones relacionadas con la película Dark Horse acerca de las campañas de Lula y Flávio Bolsonaro. El 65% opina que la investigación sobre Lulinha perjudica la campaña del mandatario. En tanto, el 64% considera que la investigación sobre el filme afecta la campaña del senador.

Interferencia de EE.UU.

Aprovechando la vitrina de la Asamblea General de Naciones Unidas, Lula hizo de la defensa de la soberanía y la democracia el eje de su discurso. “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, afirmó el líder izquierdista que busca un cuarto mandato, al advertir sobre las “tentaciones hegemónicas” de “la mayor potencia del mundo”, en alusión a Estados Unidos. El presidente brasileño dijo que América Latina necesita “socios con una agenda positiva” y no presiones externas.

En su décima intervención ante la Asamblea General y la última de su actual mandato, Lula aseguró, además, que la región vuelve a presenciar “injerencia externa en procesos electorales” y que “la democracia está nuevamente en jaque”.

Si el senador Flávio Bolsonaro resultara electo, EE.UU. contará en Brasilia con otro socio ideológico en la región, tras haber apoyado las victorias de sus aliados en Colombia, Honduras y Argentina, entre otros. Una de las hipótesis más comentadas es que, de lo contrario, Washington podría impugnar los resultados de los comicios. “Si la segunda vuelta de las elecciones brasileñas resulta reñida y Lula gana por un margen estrecho, es probable que Trump no reconozca los resultados o insista en que el ganador fue Flávio Bolsonaro”, comentó recientemente a La Tercera James N. Green, profesor emérito de Historia y Cultura Brasileña en la Universidad de Brown.

Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump en Kuala Lumpur, Malasia, el 26 de octubre de 2025.

La Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin), ya anticipó el riesgo crítico de una interferencia electoral por parte de EE.UU., en un informe enviado al gobierno y al Tribunal Electoral, según el diario Folha de Sao Paulo. También el Instituto Vladimir Herzog, organización en pro de la democracia y los derechos humanos, envió cartas de alerta a las autoridades en Brasilia y al secretario general de la ONU, António Guterres, apunta la cadena alemana Deutsche Welle.

“Ciertamente, muchas personas rechazan la injerencia de EE.UU., pero esa preocupación pesa menos que el costo de vida. Al menos para la base social más fiel al PT, que son los sectores pobres. Por ello, Lula anunció recientemente un aumento en el programa Bolsa Familia y mencionó la reducción de la jornada laboral en su discurso ante la ONU”, explica Lincoln Secco.

Felipe Nunes, CEO de la encuestadora Quaest, comenta a La Tercera que “la defensa de la soberanía puede favorecer a Lula si consigue que la controversia sea percibida como una presión contra Brasil”. “Sin embargo, ese efecto no es automático ni necesariamente duradero”, advierte.

“Mi hipótesis es que estos temas pueden influir cuando se conectan con preocupaciones cotidianas o con la percepción de quién protege mejor al país. Pero sería un error concluir que una victoria diplomática se convierte, por sí sola, en una ganancia electoral”, añadió.

Marcha de la economía

“La economía de Brasil se está desacelerando. ¿Arruinará esto las posibilidades de Lula?”, se preguntaba, a mediados de septiembre, Alessandra Ribeiro, socia y directora de Macroeconomía y Análisis Sectorial en Tendências Consultoria en Sao Paulo. En un artículo para Americas Quarterly, advertía que la economía brasileña se estaba desacelerando claramente bajo el peso de las elevadas tasas de interés, el aumento del endeudamiento y la preocupación de los consumidores por la asequibilidad. “Otra cuestión muy distinta es si esta desaceleración bastará para frustrar definitivamente las aspiraciones de reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva”, matizó.

Jair Bolsonaro y su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, se dirigen a sus seguidores durante un acto de campaña en la playa de Copacabana, el 16 de marzo de 2025, en Río de Janeiro. Wagner Meier

A juicio de Ribeiro, es probable que esas cifras fueran aún peores sin un “paquete de reelección” diseñado para impulsar su competitividad electoral a lo largo de 2026. Un amplio conjunto de medidas -que incluye exenciones del impuesto sobre la renta para trabajadores que perciben hasta cinco salarios mínimos, facilidades para la renegociación de deudas, incentivos para la compra de viviendas para personas de bajos ingresos y ayudas para la reforma del hogar- ha contribuido a sostener la confianza del consumidor.

“Básicamente, la desaceleración económica, si bien es percibida claramente por los votantes, no parece actualmente lo suficientemente grave como para ser el factor decisivo en las elecciones de octubre”, apuntó Ribeiro. Sin embargo, alertó: “Si, no obstante, la economía se desacelera de forma más acusada de lo previsto, con repercusiones más claras para el mercado laboral, la balanza podría inclinarse hacia la oposición”.

Al respecto, Nunes señala que Lula mantiene una base importante, pero enfrenta dificultades para crecer fuera de ella: el 44% aprueba su gobierno y el 50% lo desaprueba. “La experiencia cotidiana con la economía ayuda a entender ese límite. El 57% dice que sus ingresos no aumentaron o que crecieron menos que el costo de vida. Para ese electorado, la evaluación del gobierno pasa por lo que puede comprar y por las cuentas que consigue pagar”, concluye.

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