Se abre el debate en Alemania para permitir que los negocios minoristas abran los domingos
Crece la presión para poner fin al cierre de los negocios minoristas los domingos, una tradición centenaria que una vez a la semana convierte las calles comerciales alemanas en pueblos fantasma.
La economía alemana se encuentra en un mal momento, con un crecimiento estancado desde 2019, afectada por los aranceles estadounidenses y la competencia china, lo que ha provocado que el canciller Friedrich Merz esté buscando utilizar todos los recursos a su alcance para reactivarla: desde una reforma a los impuestos, hasta el gasto en bienestar social e incluso crecen los llamados para que rompa con la tradición de que los negocios minoristas cierren el domingo.
Estos negocios están presionando para extender esta oleada de reformas a la prohibición centenaria del comercio dominical en el país, que una vez a la semana convierte las calles comerciales alemanas en pueblos fantasma.
Esta norma tiene su origen en el artículo 140 de la Constitución de 1949. Tomada de su predecesora de la época de Weimar, proclama que los domingos y festivos son “días de descanso laboral y de elevación espiritual”.
Si bien muchos sectores gozan de exenciones, la norma se aplica estrictamente a los minoristas, que no pueden vender nada los domingos salvo los artículos de primera necesidad como pan, bebidas, aperitivos, cigarrillos y alcohol.
“Alemania necesita reformas para impulsar su economía. Por eso se están explorando todas las opciones, o al menos debería hacerse. Y nosotros decimos: ‘No se olviden de nuestra parte’”, declaró Timo Weber, director de la cadena de grandes almacenes KaDeWe, citado por el diario The Telegraph.
El periódico dijo que las personas que quieren abrir los domingos se enfrentan a una batalla cuesta arriba. Esto, porque las iglesias, sindicatos y políticos de todo el espectro político se interponen en su camino.
Esto incluso cuando en la mayor parte del resto de Europa, aun en países relativamente religiosos, las tiendas y los supermercados pueden abrir los domingos, al menos hasta cierto punto. Pero en Alemania, solo pueden hacerlo los cafés, restaurantes y gasolineras, a menos que haya algún festival.
Los críticos de la prohibición afirman que definir qué constituye una “elevación espiritual” no es tarea fácil. “¿Por qué comer helado o jugar a los bolos debería considerarse una elevación espiritual, pero no comprar una novela?”, preguntó Martina Tittel, propietaria de dos librerías y una editorial en Berlín, al ser entrevistada por The Wall Street Journal.
“Alemania es un Estado laico”, dijo. “Si la gente quiere ir a la iglesia, que vaya a la iglesia… Y si quieren ir de compras, que lo hagan también".
En este contexto, The Telegraph señaló que Merz ha aprovechado las reformas para reactivar la economía y permitirá que las panaderías y pastelerías abran ocho horas los domingos, en lugar de solo tres. El horario de las bibliotecas públicas aumentará de tres a seis horas.
Esto ha reavivado el debate sobre si la “Sonntagsruhe” (descanso dominical) es una tradición beneficiosa o un anacronismo doloroso.
Los críticos afirman que, si bien la prohibición se aplica en teoría a todos, su cumplimiento discrimina a los comerciantes. Si médicos, pilotos, conductores de buses y taxi, personal de restaurantes y museos, periodistas, policías e incluso masajistas pueden trabajar los domingos, ¿por qué no los dependientes?
Las iglesias y los grupos sociales argumentan que el cierre dominical ofrece un respiro del comercio y fomenta la cohesión social.
Los minoristas afirman que hoy en día la gente compra por internet los domingos de todas formas, por lo que el comercio se produce igualmente.
En ese sentido, Nils Busch-Petersen, presidente de la Asociación de Comerciantes Minoristas de Berlín-Brandeburgo, señaló que estos pedidos suelen gestionarse desde Polonia. “Hay miles y miles de empleados justo detrás de la frontera polaca, que trabajan todos los domingos para mantener la ilusión alemana de un domingo libre”, afirmó a The Telegraph.
The Wall Street Journal indicó que los expertos legales distinguen entre “trabajar el domingo”, que generalmente está prohibido, y “trabajar para el domingo” -todas las actividades necesarias para garantizar un descanso tranquilo para la mayoría que no trabaja-, que sí está permitido. Las tiendas pueden vender pepinos o latas de Coca-Cola porque se consideran refrigerios, pero no calabacines ni latas de porotos.
Los minoristas también argumentan que ir de compras los domingos se ha convertido en una actividad de ocio, por lo que debería tener el mismo estatus que otras formas en que la gente podría pasar su día libre.
Algunos estados permiten que las tiendas abran algunos domingos al año para conmemorar eventos importantes como una maratón o un festival de cine. Sin embargo, los sindicatos han impugnado estas excepciones en los tribunales y los jueces han dictaminado que el evento festivo, y no las compras, siempre debe ser el principal atractivo.
En parte debido a las restricciones para trabajar los domingos, las autoridades no cuentan con suficiente personal para hacer cumplir sistemáticamente la prohibición, declaró a The Wall Street Journal, Manuela Anders-Granitzki, funcionaria encargada de las inspecciones en el distrito de Pankow, en Berlín. Los controles solo se realizan si se presenta una denuncia, y en lo que va del año el distrito ha iniciado 19 procedimientos contra reincidentes.
Una de las razones por las que los sucesivos gobiernos se han resistido a revisar la prohibición de los domingos es la oposición de una coalición multipartidista de iglesias cristianas y sindicalistas.
En 2009, el Tribunal Supremo de Alemania falló parcialmente a favor de una demanda presentada por las iglesias católica y protestante contra una propuesta del gobierno del estado de Berlín para permitir las compras durante 10 domingos del año, incluidos los cuatro anteriores a Navidad.
Tras una demanda interpuesta por el sindicato Verdi hace dos años, un tribunal prohibió la apertura los domingos de las tiendas automatizadas que operan sin personal. Poco después, el Parlamento estatal respondió con una ley que permitía su funcionamiento.
Quienes defienden la prohibición afirman que es popular. Una encuesta de YouGov realizada este mes mostró que el 50% estaba a favor de los cierres en los domingos y el 43% en contra. Sin embargo, esta situación está cambiando: el año pasado, un tercio de los encuestados se mostró a favor de modificar las normas. Cuanto más jóvenes son los encuestados, más críticos se muestran con la prohibición.
El Partido Democrático Libre (FDP), de tendencia liberal, mostró su apoyo. Su líder, Wolfgang Kubicki, declaró que garantizar la flexibilidad es urgente y señaló que quienes obligan al cierre de comercios no deberían quejarse después del estancamiento de los centros urbanos. Su argumento es que flexibilizar las restricciones operativas es necesario para reactivar la demanda interna.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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