Cómo el cierre de la fundición de Ventanas enrareció el ambiente entre los habitantes de Quintero y Puchuncaví

Foto: Leonardo Rubilar Chandía / Agencia Uno

En el cordón industrial de la zona no hay nadie que no comente el paro nacional que se originó a raíz del anuncio del cierre de la oficina de Codelco. Ahí, en el corazón del conflicto, las opiniones están divididas y las movilizaciones causan estragos.




Quintero y Puchuncaví viven días agitados. Aun cuando ha transcurrido menos de una semana desde el anuncio del cierre de la fundición Codelco Ventanas, un día junto a los poco más de 6 mil habitantes de la zona bastan para entender que la medida no ha dejado indiferente a nadie y que el paro nacional convocado por los trabajadores del cobre ya hace mella apenas un día después de haber iniciado.

Las miradas están divididas. Las opiniones chocan y a veces las discusiones en torno al cese de funciones exasperan a sus antagonistas. Eso, sumado a un claro cambio en la dinámica diaria de los habitantes del eje industrial a causa de las movilizaciones, tiene los ánimos enrarecidos. Por una u otra situación hay divergencias.

Y es que, aunque la paralización de actividades fue un llamado nacional y al que, según los propios representantes de los trabajadores se adhirieron 26 sindicatos pertenecientes a todas las divisiones de Codelco, contratista y otros gremios, sumando 50 mil personas, el conflicto tiene su origen en la fundición que el viernes pasado el directorio de la estatal decidiera ponerle fin.

Incluso mucho antes de llegar a la zona, el paro comienza a notarse. Apenas es el primer día de las movilizaciones y los estragos están a la vista. Hay tacos, bocinazos y desorden. El ambiente está, derechamente, enrarecido.

Por un lado están los trabajadores de la planta y algunas voces ciudadanas que no ponen en duda que el polo industrial sea dañino, pero sí que efectivamente sea Ventanas el principal responsable. Pero también están los otros, los que festejan la medida. Así se palpa en una conversación de colectivo en Quintero, donde se oye un fuerte “nos contaminan y la plata más encima no queda acá. Además, estos nos torpedean el turismo, si la gente ya no viene a la zona”.

Al menos al ojo humano, la zona no se aprecia a primera vista contaminada. Al poco andar, en la antigua Escuela La Greda, cerrada por el exministro de Salud Jaime Mañalich en el primer gobierno de Sebastián Piñera, aparecen Keny Castro (63) y Doris Escobar (65), vecinas y dirigentes del sector. Ellas, derechamente, niegan que hayan visto consecuencias negativas por la contaminación.

Dicen, de hecho, que ninguno de sus familiares ha sufrido algún problema grave, aun cuando, aseguran, sus maridos trabajaron durante 40 años en plantas de la zona. “Ni ellos ni nadie de la familia se ha enfermado”, dice Keny. “No me creo que sea tanta la contaminación que emane de Codelco”, complementa Doris. Es más: piensan que muchas de las acusaciones buscan solo algún tipo de indemnización.

Pero así también hay voces en contra y que ejemplifican cómo ha variado el ambiente desde que se avisó el cese de la fundición. “La gente ha estado muy alterada desde el anuncio de cierre. Hay muchos que creen que esto traerá pobreza, más desempleo, y que los puestos de trabajo no se van a recuperar”, dice Viviana Escobar, trabajadora de un casino que presta servicios a la planta.

Sin embargo, la propia trabajadora cree que la decisión es correcta, aun cuando ella misma perdería su fuente laboral. “No se puede hipotecar la salud de las personas por la fuente de trabajo”, señala. Como ejemplo expone el caso de su esposo, quien hace dos años comenzó a sufrir una extraña enfermedad, la que primero fue diagnosticada como cáncer de páncreas y luego como una autoinmune, que hasta hoy lo tiene ciego y en constante deterioro.

“Ha sido terrible. Llevábamos dos años de casados cuando empezó con estas enfermedades. Él era sano y quedó ciego de la noche a la mañana”, asegura, al tiempo de confidenciar que a su marido le dieron una esperanza de vida hasta casi fines de julio de este año. Y aunque asegura no tener la prueba de que la contaminación fue la causante de esto, sí dice conocer otros casos similares.

El paro

El paro, dicho está, también es tema. La ruta F30 que conecta Quintero con Ventanas, donde está la planta de la discordia en la comuna de Puchuncaví, permaneció durante buena parte del día cortada por las movilizaciones. El problema no fue menor, toda vez que es el camino que une a todo el cordón industrial. Pero también une al ciudadano de a pie, que valió más de un reclamo.

Por lo mismo y tal como ocurrió en otros puntos de la capital, personal de Carabineros tuvo que intervenir, ante lo que la respuesta de la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC) no se hizo esperar. “El Consejo Directivo Nacional y los Sindicatos Base de la Federación de Trabajadores del Cobre tienen el deber de denunciar públicamente a la administración de Codelco, quien con su claro propósito de debilitar esta movilización, envió a las fuerzas policiales a reprimir y detener a dirigentes sindicales que lideran esta movilización, en sus respectivos centros de trabajo”, expusieron en un comunicado.

“Este gravísimo suceso se suma a otras acciones de amedrentamiento contra los trabajadores y trabajadoras, a quienes se les está exigiendo el ingreso a las faenas mediante caminos no habilitados, situación que pone en evidente riesgo la seguridad e integridad de las personas”, sigue el escrito. Y aunque el texto cierra señalando que, ante este escenario, suspendían cualquier intento de diálogo con la administración superior de Codelco, durante la noche de ayer, el presidente de la FTC, Amador Pantoja, informó que aceptaron sostener este jueves reuniones con autoridades de la estatal y del gobierno.

Con todo, según el balance de los propios dirigentes sindicales, las protestas en la fundición Ventanas contaron con la presencia de unos 300 trabajadores de la planta, además de otros puntos de la región que en solidaridad llegaron a apoyar, entre otros sindicatos, contratistas y subcontratistas.

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