Felipe Alessandri (RN): “La violencia escolar se politizó y hoy estamos cosechando las consecuencias”
El exalcalde de Santiago y hoy jefe comunal de Lo Barnechea dice que en el pasado algunos grupos relativizaron y justificaron la violencia. "Los detectores de metales claramente ayudan, pero no nos podemos quedar ahí, vamos al problema más de fondo", dice.
El alcalde de Lo Barnechea, Felipe Alessandri (RN), se convirtió en uno de los símbolos del combate a la violencia escolar desde el mundo municipal luego de su paso como jefe comunal de Santiago (2016-2021), cuando promovió medidas como Aula Segura o la revisión de mochilas antes de entrar a los colegios, pese a la resistencia de estudiantes y sectores políticos.
Con esa experiencia, opina sobre el asesinato de una inspectora en un colegio en Calama a manos de un estudiante de 18 años, así como de la creciente ola de violencia escolar que se ha dado a lo largo del país, justo en medio de la publicación de la ley que permite detectores de metales en colegios y las promesas del gobierno de impulsar otras medidas en esta línea.
¿Qué fracasó en el caso de Calama?
Fracasó todo el sistema. Relativizar la violencia no es una posición neutral. Relativizar la violencia lo que hace es que hechos trágicos como de Calama finalmente ocurran porque no lo prevenimos a tiempo, porque no tomamos las medidas de control, porque como sociedad no lo abordamos prematuramente. Es supergrave. Los estudios dicen que cuando ocurren hechos que tienen tanta conmoción pública, después salen los imitadores. Relativizar la violencia no es neutral, se toma una posición. Se normalizan estos hechos y cuando se normalizan, suceden tragedias.
Ahora la discusión gira en torno a los detectores de metales y usted ha sido crítico de esa medida.
Los detectores de metales claramente ayudan y está bien que esta Ley de Convivencia Escolar lo permita. Pero no nos podemos quedar ahí. O sea, vamos al problema más de fondo. Se ratificó la violencia por muchos años. Desde María Música (NdR: joven que en 2008 lanzó agua a la entonces ministra de Educación Mónica Jiménez) hasta ahora. Acuérdate cómo me tildaban a mí de “Jaula Segura” por la Ley Aula Segura. Yo hice el “rompe paga” a los papás, porque uno tiene que exigir una coparentalidad en esto. Lo que veía en Santiago era que las familias no se estaban involucrando y le entregaban sus hijos al Estado: edúqueme usted a los niños y los padres ausentes. Entonces, por muchos años se politizó. Los de un lado querían orden y respeto, y los otros eran más laxos. Y frente a eso yo creo que estamos hoy cosechando las consecuencias.
También se critica a los detectores por su costo económico. Establecimientos más vulnerables no pueden pagarlos.
Yo no me enfocaría en el precio, porque si vamos a poner detectores de metales es por algo. Posiblemente logremos que un arma no ingrese al colegio, pero esa misma arma la puede ocupar afuera. ¿A qué voy con esto? Vamos al tema de fondo. ¿Qué está pasando que estos jóvenes llegan a estos niveles tan extremos y causan las tragedias que estamos viendo? Se ha relativizado la violencia.
Esto se profundizó durante su época como alcalde.
Lo que pasó en mi época es que se politizó el tema, porque yo llegué a enfrentar la violencia. Esta era avalada por la propia institucionalidad, la autoridad, el sostenedor y luego, cuando tomé medidas más drásticas, los concejales, los parlamentarios -algunos, no todos ciertamente- también lo relativizaban. La única herramienta que el sostenedor tenía era la aplicación del Manual de Convivencia. ¿Qué buscaba Aula Segura? Expulsar a ese alumno, pero después nos preocupábamos que entrara a otro establecimiento y el entorno lo condicionaba mucho.
Mientras se proponían medidas punitivas, la izquierda proponía soluciones formativas.
Ellos estaban relativizando la violencia y ahí tenían una posición que no era neutral. Ellos estaban validándola, y cuando tú la validas y sientes que tu autoridad te está validando o que no la condena gravemente, en el fondo la normaliza. Y hoy estamos viendo las consecuencias de aquello.
¿Pero cuál es la solución, entonces?
Un trabajo mucho más integral. Aquí hay que meterse al fondo, involucrar a la familia. No puede ser que la familia no tenga esta relación directa y no adelanten situaciones que estén viendo con sus hijos. Se requiere un apoyo integral, un apoyo psicoemocional en los colegios. Los alumnos están muy solos, las redes sociales y la pandemia ayudaron en esto. Aislados en sus celulares no saben transmitir sus emociones que pueden ser de frustración, depresión. Este es un trabajo mucho más profundo. Yo no quiero dejar de poner sobre la mesa el tema de que había exmiembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez con nombre y apellido que articulaban a estos jóvenes. Tiene que haber un respeto a la autoridad y para eso los colegios tienen que ser un ambiente seguro. Y lo que nos está pasando ahora es que ya no son un refugio, relativizamos tanto la violencia que hoy estamos peligrosamente muy cerca de una tragedia.
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