Luis Larraín al cierre: su balance al partir de la Fundación Iguales

El primero de marzo, Luis Larraín se va de Iguales. En esta entrevista aclara por qué tomó esa decisión y dice que sus recientes problemas de salud no han sido determinantes para optar por un nuevo rumbo. Además, hace un balance de su gestión, admite que antes de asumir tuvo miedo de ocupar el cargo que antes tuvo Pablo Simonetti y proyecta los temas de diversidad sexual en un mundo que parece dar un giro hacia el conservadurismo.

Luis Larraín anunció en diciembre pasado que ya no iba más como presidente de Iguales. Fueron tres años y medio luego de reemplazar al escritor Pablo Simonetti en ese rol. En la antesala de dejar el cargo (el traspaso de mando se hará el primero de marzo al abogado Juan Enrique Pi) Larraín recibe en la sede de la fundación en Bombero Núñez, Recoleta, en pleno barrio Bellavista. “No creo que salga completamente por ser fundador de Iguales”, aclara Larraín de entrada. “Pero siento que, después de tres años y medio, ya di lo que podía dar. Es bueno que se vayan renovando los liderazgos. Ya es tiempo prudente para pasarle la posta a otra persona que tiene todas las características necesarias para el cargo”, dice.

– ¿Esta salida se relaciona con los problemas de salud que ha tenido en el último tiempo?

-Coincidió pero no fue la razón, porque ya lo había decidido, y la búsqueda del nuevo presidente empezó antes que tuviera mis minutos más críticos de salud. Diría que la decisión no la tomé por eso, pero sí de alguna forma me dio una señal que es bueno parar un poco.

Larraín tuvo problemas, de un origen no del todo claro, en su intestino, recto y próstata a fines del año pasado. Pudo ser un efecto de los muchos remedios inmunosupresores que toma debido a sus dos trasplantes renales, uno en 2010, otro en 2013, combinado con estrés. Además le encontraron un parásito en el intestino. Todo eso lo tuvo 12 días hospitalizado a fines de noviembre. Ahora, aunque todavía está, es menos el dolor, dice. El estrés siempre influye, pero los dolores están desde agosto de 2015.

Las marcas que han dejado los problemas de salud son visibles en el cuerpo de Larraín. Su antebrazo izquierdo tiene varios huevos producto de los tres años que se tuvo que dializar, lo que hace que la vena se engruese, permitiendo dializar en menor tiempo. “La reacción de la gente es de sorpresa, incluso se asquean un poco, pero para mí es lujo tener el brazo así, porque ante cualquier complicación es llegar y pinchar”, comenta.

Marzo será para tomar decisiones, aunque Larraín todavía no tiene claro qué hará con su vida después de sus años al frente de la fundación. Ideas hay. Una de ellas es volver a insertarse en las relaciones internacionales, campo en el que estuvo trabajando antes de llegar a Iguales; por ejemplo, en la Segpres del gobierno de Sebastián Piñera, monitoreando lo que hacía la Cancillería. “No quiero apresurarme. Todavía no me he dado el tiempo para parar a pensar hacia dónde irá mi vida”, comenta.

Larraín nunca se vio liderando una fundación como Iguales, pero, como muchas cosas en la vida, así terminó ocurriendo. Fundó Iguales con Pablo Simonetti antes de irse a París a estudiar. Al volver, el mismo Simonetti le pidió que se hiciera cargo. “Nunca me vi a mí mismo haciendo la pega de Pablo”, dice Larraín. “Al principio, sentí que me quedaba súper grande el poncho, antes le tenía demasiado respeto a los parlamentarios, por ejemplo”.

Amor es amor

Estos tres años y medio, Larraín estuvo dedicado exclusivamente a Iguales, con ocho personas en staff, cinco de ellas a tiempo completo. Uno de los trabajos es financiar la fundación, que tiene 500 socios que aportan mensualmente diferentes montos. Además, hacen dos eventos de recaudación al año: una subasta de arte, y una premiación a empresas y personas que trabajan en favor de la diversidad sexual. La tercera vía es mediante fondos concursables que han ganado de embajadas y, en menor medida, del Estado.

Pero el gran objetivo, según reconoce el mismo Larraín, es convencer. La semana en que hablamos, un 64% se había mostrado a favor del matrimonio igualitario en la encuesta Cadem.

-La comunidad gay, en un principio, tenía un discurso combativo, de choque, que algunos comparan con ciertos bloques más extremos del feminismo hoy. ¿Sientes que en los últimos años mutó a ser un discurso más inclusivo, de decir que “amor es amor”, por ejemplo?

-Es verdad que hoy Chile es bastante distinto en nuestro tema. La última Cadem ha sido el apoyo más alto que hemos tenido al matrimonio igualitario, y creo que tiene que ver bastante con lo que dices. Todavía siguen habiendo hartos estilos dentro de la diversidad sexual, pero se ha dejado ese lenguaje confrontacional, que era necesario por ejemplo durante la dictadura, cuando nadie se atrevía a tocar el tema y había una fuerte e indisimulada homofobia en el mundo político y empresarial. Ahora nuestra visión es que no estamos en la época de las grandes pasiones ideológicas como lo fue en la Guerra Fría hasta el año 90, sino que estamos en una época en que estamos llenos de causas. Creemos que nuestra inserción no pasa por tratar de alienar el resto, sino que por tratar de bajar las barreras. A pesar de la rabia que podamos sentir a veces, creemos que hay que tener respeto, cuidado, paciencia también. No queremos poner el acento en las diferencias, sino que en las similitudes, por eso nos llamamos Iguales. En teoría, deberíamos tener los mismos derechos, las mismas oportunidades y sabemos que no es así. Pero para avanzar y convocar es mucho mejor un discurso amigable, respetuoso, propositivo, que con un lenguaje al choque.

-¿Esa es una diferencia que pueden tener con el Movilh?

-Cuando partimos no lo planteamos como oposición a algo que ya había. Fue algo de guata, sin tanta cabeza y todo partió porque a Pablo y a mí nos empezaron a consultar mucho de los medios y había un escenario de fondo como el gobierno de Piñera, que había prometido la Unión Civil, pero que tiraba el poto pa las moras por una coalición que no lo dejaba avanzar, aunque eso no lo exculpa. Pero nos consultaban tanto de los medios que parecía tener sentido fundar algo que nos trascendiera a nosotros. Después fuimos conceptualizando lo que queríamos hacer y salieron cosas como el respeto, ser positivos más que negativos, proponer más que criticar…

-Ahí tú crees que se empezaban a diferenciar del Movilh…

-No, esa conceptualización no fue hecha en base a lo que otras organizaciones hacían, sino en ser muy estratégico y en convencer al mayor número de personas. El error de muchas ONG es que les hablan a los públicos convencidos, nosotros queríamos ir más allá, haciendo campañas, por ejemplo. Ser visible te hace tener mayor poder de influencia ante los tomadores de decisiones, lo que es fundamental para cambiar ciertas conductas, que hoy están suscritos a personajillos que son más bien pocos. Ya no es toda la derecha, solo algunas personas de la derecha que se mandan frases controvertidas…

-¿En la izquierda eso es más soterrado?

-Sí, es más soterrado. Suelen no pegarse frases destempladas, pero hay mucha gente que te dice en privado que no tienen problemas con el matrimonio igualitario, pero que no lo va a decir en público porque su distrito es muy conservador. También hay harto socialista antiguo que se crió en ambientes donde la desigualdad de clases era la única desigualdad y todas las otras desigualdades eran sofisticaciones que no estaban presentes. Los comunistas, como tienen fama de ordenados, están todos alineados y nos favorece. Son la única bancada que ha apoyado todas nuestras demandas.

-Hace un par de años me tocó estar contigo y Rolando Jiménez en una sesión de fotos. No se hablaron. ¿Sigue esa distancia?

-Preferiría centrarme en lo que hacemos y no el resto, no puedo responder lo que hace el resto y tampoco conozco las motivaciones. Para nosotros la cooperación es un valor súper fuerte y lo aplicamos en el frente de la diversidad sexual, que está compuesto por 12 organizaciones, entre otras de lesbianas y de trans.

-¿Entre esas organizaciones está el Movilh?

No.

-¿En algún momento se sintieron acogidos o colaboraron con el Movilh?

-No sé si acogidos, pero ha habido momentos de mayor y menor colaboración. Al principio hubo más, aunque después igual nos pusimos de acuerdo en alguna indicación en el Congreso.

Iguales en tiempos de Trump

Larraín decidió parar todo febrero. Viaja a Indonesia y Filipinas con su padre, el director ejecutivo de Libertad y Desarrollo, Luis Larraín, su madre y su hermana chica. “Justo había terminado una relación y me quedé sin nada para el verano, así que me colé con ellos. Me pidieron que me comprara el pasaje hasta Australia y junté todos los puntos que tenía”.

-¿Firmaste el Acuerdo de Unión Civil durante esa u otra relación?

-No, no lo he firmado. Como te dije, estaba en una relación, pero hace unos meses terminamos, así que por ahora no está en los planes. Creo que estamos muy desprotegidos sabiendo que te puede pasar cualquier cosa en cualquier minuto.

-Políticamente, ¿cómo ves lo que viene a través de los ojos de la Fundación Iguales? O sea, ¿en qué se van a sentir más cómodos: ¿con una coalición continuista o que el gobierno pase a la derecha?

-A ver, como antecedente para nosotros, los periodos de elecciones son súper importantes, porque son una ventana de poder participar como ciudadanos, exigir compromisos y lo hicimos ahora recién con las municipales, lo habíamos hecho también el 2012 y en 2013 lo hicimos con las presidenciales. Me acuerdo que en esa época siete de los nueve candidatos estaban a favor del matrimonio igualitario y eso fue simbólicamente súper importante…

-¿Quiénes no? Matthei y…

-Ricardo Israel, creo que sacó un 1%. Y el comando de la Presidenta Bachelet fue bastante abierto a trabajar con la sociedad civil, tenía comisiones de todos los temas, uno de ellos era la diversidad sexual. La Presidenta en esa época estaba por recoger las inquietudes de la ciudadanía. De hecho, el programa de gobierno incluye la Unión Civil, la Ley de Identidad de Género, fortalecer la Ley Antidiscriminación e incluye el Matrimonio Igualitario. Vamos a tratar de reunirnos con el mayor número posible de candidatos y comprometerlos con nuestras principales demandas.

-¿No te cierras a hablar con Piñera?

-No, no me cierro. Ahora, él ha dicho muy explícitamente, y lo ha repetido, en que cree que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, por lo tanto, si sigue con esa postura tan firme, no le veo mucho sentido reunirse. Si sale electo un presidente que abiertamente está en contra del matrimonio igualitario, para nosotros sería muy complicado. En cambio, si el que sale electo está a favor, eso nos permite proyectarnos y seguir en este camino de avances.

-¿Cómo se ve el futuro? Te pregunto porque con el fenómeno Trump empieza a haber un efecto boomerang de regreso al conservadurismo y por ahí quizás también en Chile empiezan a salir voces en esa línea…

-Lo que uno ve en la diversidad sexual es que hay una conquista de derechos que se van ganando, pero después es muy difícil retroceder. Cuando se abolió la esclavitud, cuando se acabó la segregación racial o cuando empezaron a votar las mujeres, esos derechos no se han revertido nunca en ningún país, por lo tanto, creo que en temas tan evidentes de igualdad de derechos deberíamos tener aseguradas ciertas batallas. Por ejemplo, en España gobierna la derecha, pero no ha derogado el matrimonio igualitario; en Argentina lo mismo, así que yo creo que incluso Trump, con lo peligroso que me parece, con lo nefasto que me parece, ha dicho que el matrimonio igualitario ya fue, que no va a perder energías en derogarlo, así que al menos en ese aspecto creo que tenemos más suerte que los migrantes.

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