Pablo Simonetti: “Hay diputados de la UDI que estarían a favor del proyecto, pero no lo dicen en público.”

El escritor y activista analiza la iniciativa sobre matrimonio igualitario, que el gobierno firmará este lunes, y dice que confía en que este proyecto va a contar con los suficientes votos de la derecha.

El proyecto de ley de matrimonio igualitario, una de las promesas de campaña de la Presidenta Michelle Bachelet y un largo anhelo de la comunidad LGBTI, se enviará este lunes al Congreso. Con ello, comenzará la llamada “última batalla valórica” del gobierno, que se dará en medio de un complejo período electoral. En entrevista con La Tercera, el escritor Pablo Simonetti, fundador e integrante del directorio de la Fundación Iguales y activista de los derechos de las minorías sexuales, reflexionó acerca de cuáles son las expectativas en torno a la ley y qué desafíos enfrentará su tramitación.

Como Iguales, ¿han podido participar en la redacción del proyecto?

Hemos participado en reuniones. La semana pasada la Secretaría General de Gobierno adelantó algunos de los contenidos, pero en estas cosas una palabra puede hacer la diferencia. Estamos a la espera.

¿Qué tema no puede quedar fuera?

El proyecto es muy sólido. Lo que se pide es que no haya discriminación a las parejas del mismo sexo en cuanto al matrimonio. Eso significa todos los derechos, todos los deberes, con los mismos nombres y de la misma forma. En el momento en que le sacas algo, volvería a ser no igualitario y el proyecto perdería el sentido.

¿Por qué es distinto al Acuerdo de Unión Civil (AUC)?

Las diferencias son ostensibles. Desde el punto de vista de los deberes, en el matrimonio hay compromisos morales, como la fidelidad, que no están incluidos en el AUC. Desde el punto de vista de los derechos, en el AUC no está considerada ni la adopción ni la filiación, ni otra serie de derechos. Por ejemplo, hasta hace poco una persona que se unía civilmente no tenía derecho a los cinco días de feriado legal. Eso se modificó mediante un decreto. Pero multiplicado por todas las leyes y reglamentos del país, si quisiera subsanarse de esa forma el tema, tendrían que haber miles de decretos para resolver cada diferencia.

¿Dónde estarán los puntos más complejos de la tramitación?

Por lo que ha dicho la derecha, en general, en la adopción y filiación.

¿Qué aspectos de la filiación?

En la relación que tiene un padre y un hijo, por ejemplo, entra la reproducción asistida. En Chile, el matrimonio desde hace tiempo se ha separado de la filiación, pero sigue teniendo una serie de consecuencias. Lo vemos en una pareja de dos mujeres lesbianas. Una de ellas queda embarazada y a pesar de que la otra haya participado desde el primer momento, el Estado asume que la única madre que hay es la que da a luz y aparta a la otra de la relación filial.

Respecto de la adopción, hay cuestionamientos a los efectos que puede tener en un niño el hecho de tener padres gays o lesbianas…

Hay un extenso campo de estudio que demuestra que las variables importantes en la crianza de un niño son el amor, la seguridad y la educación, y demuestran que la orientación sexual de los padres no determina la de los hijos, ni su identidad de género, ni el rendimiento escolar ni la estabilidad psicológica. Uno sabe que esas variables son mucho más importantes a que haya dos padres o dos madres metidos en una misma cama.

¿Qué enemigos tendrá el proyecto?

Hay dos niveles. Uno a nivel político y otro a nivel de la sociedad civil. A nivel político tendremos una oposición constante de parte de la UDI. Pero, llamativamente, hay diputados de la UDI que estarían a favor del proyecto, pero no lo dicen en público. Esto es cada vez más común. La idea de que la igualdad, la no discriminación y el pensamiento en torno a los derechos humanos es de izquierda está llegando a su fin. Pensamos que este proyecto va a contar con los suficientes votos de la derecha.

¿Y en la sociedad civil?

Allí siempre hemos tenido dos fuentes de oposición. Una es el mundo evangélico y otra el mundo católico, pero este último reunido sobre todo en torno al Arzobispado de Santiago, y particularmente en torno a la Universidad Católica, especialmente en su Escuela de Derecho. Hay un grupo enorme de abogados que están encima de estas leyes, muchos de ellos asociados al Opus Dei. Ellos, desde el trámite legislativo, son principalmente nuestros adversarios.

¿Les da miedo lo que ocurrirá con la ley si es electo Sebastián Piñera?

Lo que esperamos es que en este gobierno se apruebe al menos la idea de legislar. Aprobado eso, el Congreso puede seguir adelante sin necesidad de la aprobación del Ejecutivo. Tengo dudas sobre lo que pasaría si es que llegara a ser presidente Sebastián Piñera. Esperaría de él al menos una prescindencia del debate legislativo, o sea, que lo dejara andar. Si hace eso, el proyecto tiene todas las posibilidades de salir adelante. Si no, le significaría un problema político enorme. Porque al otro día tendría a todo el mundo en la calle.

¿Será el trámite de esta iniciativa más sencillo que el del aborto ?

Creo que sí. El aborto siempre por parte de la derecha se trató de plantear como un conflicto de derechos. El derecho de la madre a abortar y el derecho del nasciturus -el que está por nacer-. Aquí no hay oposición de derechos. Simplemente lo que se está haciendo es que un grupo de personas, discriminado, deje de estarlo.

Hay chilenos que creen que un niño tiene derecho a un papá y una mamá.

Ese derecho es una abstracción teórica. El más grave error de los grupos conservadores es querer negar la realidad. Hoy día hay un 35% de hogares donde solamente hay una madre. Ya existen familias de dos padres o dos madres que están criando a un niño o una niña, y solamente uno de ellos tiene relación filial con ese hijo. Ellos son matrimonios, solo que no tienen el sello y la aprobación del Estado. Entonces, claro, pueden decir “lo ideal es esto”, pero inmediatamente la realidad destruye su ideal. Y lo que ellos hacen es negar esas familias, no dándoles ni los beneficios de ley, ni la protección del Estado.

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