Sergio Melnick

Sergio Melnick

@melnicksergio

Opinión

Bonos, legado e inmigrantes

Michelle Bachelet

El bono en efectivo como política social tiene un claro sentido cuando responde a una emergencia puntual y es por una sola vez. Por ejemplo, un terremoto y la ayuda a los afectados. Pero el bono como un suplemento de ingreso permanente es probablemente una de las peores políticas públicas conocidas y en ese sentido resulta casi obvio recordar por quien fue implementada.

Es una política claramente populista que solo busca votos; es además discrecional, y sin duda voluntarista. Por ejemplo, ¿por qué $ 45 mil y no $ 150 mil u otra cifra? Nunca nadie lo ha podido contestar, pues su cálculo carece de racionalidad. Y si hay problemas fiscales (como ahora) ¿se puede cortar? Claro que no, en nuestra cultura de derechos sin responsabilidades. Aún peor argumento es decir que los gastos se concentran en marzo, porque lo inteligente desde el punto de vista público, es que se reprogramen los gastos durante el año. No hay razón alguna de tener que pagar la patente todos en marzo, las contribuciones y otros cargos estatales.

En términos simples, los impuestos son para recaudar y para desincentivar, como por ejemplo el tabaco o el alcohol. Los subsidios son para compensar, pero especialmente para estimular. ¿Qué estimula el Bono Marzo? Saque usted sus propias conclusiones, porque la pobreza nunca se resolverá por decreto.
Los inmigrantes son bienvenidos en los países libres como Chile, pero con dos observaciones simples: una es que el flujo y oportunidad responda a políticas claras y aprobadas por la mayoría, y la otra es que se les abre una oportunidad que debe ser ganada y probada. En Chile ya fallamos en la primera consideración. Se admitieron cientos de miles de inmigrantes de manera trucha o irregular, sin consultarle siquiera al Congreso. No se adquiere la nacionalidad y todos sus derechos por el simple expediente de pisar el suelo de un país. Más aun, los derechos van acompañados de deberes que se deben respetar y méritos que se deben demostrar. Obviamente no podemos negar ni la salud ni la educación a nadie que esté en nuestro territorio, y el acceso debe ser libre. Tampoco les podemos negar el acceso libre al trabajo, que es parte del proceso de colaborar en la sociedad. Pero distinto es pagarles de manera sistemática solo por estar acá. Si hay una emergencia sin duda se les debe ayudar, pero eso es otra cosa y es puntual.

La izquierda es siempre generosa con la plata de los demás. Así es como revientan las economías cada vez que las administran. Para ellos la solución es simple: que los empresarios paguen más impuestos. Así lo hizo Bachelet, por cierto de manera técnicamente muy deficiente, y el resultado fue la caída de la inversión, el empleo y el crecimiento.

Yo fui recibido como estudiante de doctorado en Estados Unidos, sin tener una beca ni recursos propios. Me dieron todas las oportunidades, pero no me regalaron nada. Trabajé desde recoger mesas, a chofer, cocinero, mudanzas, limpieza, y cuidando un edificio por la noche. No fue fácil, pero sí una enorme experiencia vital de la que estoy muy agradecido. Sí recibí una ayuda de la universidad, que se llamaba “work study” y que era un pequeño monto acotado que subsidiaba en un 20% el salario por hora al empleador que lograra dentro de la universidad, por ejemplo en la cafetería u otro y eso básicamente facilitaba lograr el empleo. Pero tenía que trabajar al tiempo de estudiar.

Reitero, bienvenidos los inmigrantes y que se les abran todas las oportunidades posibles, pero de ahí en más es su responsabilidad, no la del Estado, menos del gobierno. Una vez que sean residentes o chilenos, serán uno más de todos nosotros. El populismo nunca será una buena receta de progreso en ningún país.

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