Boric y antisemitismo

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El diputado de Convergencia Social Gabriel Boric. Foto: Dedvi Missene



La semana pasada se celebró Rosh Hashana, el año nuevo judío. Se trata de una de las festividades más importantes del calendario hebreo y, como es tradicional, la Comunidad Judía de Chile, que en el pasado me correspondió presidir, comparte sus tradiciones. En ese contexto se le hizo llegar un pequeño y tradicional obsequio -un frasco con miel- a distintas autoridades del país, sin distinciones ideológicas o políticas, entre ellos el diputado Gabriel Boric, reafirmando el compromiso de todos con la construcción de una sociedad más inclusiva, solidaria y respetuosa. Ello, en la esperanza de que sea un año dulce y positivo para todos en Chile.

La reacción del diputado ante este gesto de hermandad entre chilenos resulto inesperada y desafortunada. En redes sociales respondió que la comunidad judía debía primero exigir a Israel "que devuelva el territorio palestino ilegalmente ocupado". Con ello, el diputado culpó colectivamente a chilenos de origen judío por las acciones de otro estado, Israel. Para muchos, el episodio puede parecer una mera anécdota propia de posiciones ideológicas enfrentadas o diferencias respecto del conflicto de Medio Oriente. Sin embargo, ella no se puede soslayar ni minimizar, pues se trata de un episodio -que quizás ni el propio Boric advirtió- de manifiesto antisemitismo. En efecto, la definición internacional de antisemitismo adoptada por la Unión Europea y muchos otros países, precisamente incluye el responsabilizar colectivamente a los judíos por las acciones de Israel.

En la narrativa de Antón Chejov, cuando en un capítulo el autor dice que el protagonista colgó un arma en el muro, en el siguiente o subsiguiente, dicha arma necesariamente será empleada. En otras palabras, cada acontecimiento es relevante para el drama, y se transforma en apropiado predictor de actos futuros.

Eso es precisamente lo que ocurre con fenómenos como el antisemitismo, la xenofobia, la intolerancia y la discriminación. Cuando aparecen y toleran, comienzan a permear la sociedad en cuyo seno se han nutrido.

Por lo mismo, cuando una autoridad, en este caso un diputado, postea un mensaje de contenido antisemita es relevante denunciarlo públicamente, de manera que a futuro ello no dé lugar a episodios mucho más graves, como ocurre en otras latitudes. Louis Brandeis, ministro de la Corte Suprema de Estados Unidos, señalaba que "la mayor amenaza para la libertad es la indiferencia de la gente". En tiempos en que el discurso de odio se propaga en todos los ámbitos del debate, se debe estar alerta a las señales de intolerancia de cualquier clase; a la hostilidad racial, étnica o religiosa que solapadamente muchas veces se difunde por ignorancia o indiferencia, ya que cuando la sociedad lo advierte muchas veces ya es demasiado tarde. Se han socavado los pilares de la convivencia social.

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