Opinión

Carta a Patricio Guzmán

Hoy los tiempos para ti se han cerrado. Contigo se cierra también un capítulo de mi vida, en los ya lejanos días del exilio y las distancias, cuando me empinaba aún en la veintena.

Te digo adiós con el alma llena de recuerdos: gracias por los años compartidos, por lo bueno y por lo malo, por aprender a crecer juntos en calles ajenas.

Recorro ahora nuestro departamento de Madrid con ventana a la calle Chile y la cama en el suelo, nuestras enredaderas, los libros y los muebles horribles. Las caminatas de la mano, los viajes, los festivales inolvidables y nuestro trabajo de vender por el mundo La Batalla.

Vuelvo a la casa de La Habana que nos recibía con su dulce Elba, nieta de esclavos y siempre agradecida de Fidel. Cuando nos disfrazábamos de turistas rusos con el genial Sergio Castilla para colarnos a almorzar en los hoteles porque no teníamos libreta.

Se iluminan los veranos tropicales con las hijas pequeñas, en la playa celeste de Santa María del Mar, con las tormentas del Caribe, haciendo el quite a los trabajos voluntarios.

Me entristecen las navidades nevadas camino a la antigua casa de Cóbreces en Cantabria de Jesús y la Sole, a disfrutar de la chimenea, los pucheros y el frío.

Los blancos veranos de Andalucía vuelven y también nuestro escarabajo, que se incendió con nosotros y la Pilar Santana dentro.

Revivo a la gente corriendo despavorida por el golpe de Tejero y al Rey en la televisión calmando a los pueblos de España.

Trepamos por nuestras excursiones en los Andes venezolanos, con las flores del Páramo en las montañas por donde cabalgaba Bolívar, y otra vez tomamos la subida mágica hasta las nubes de América Latina en el teleférico más largo del mundo.

Me estoy despidiendo todavía, porque hace tan pocos meses que se fue mi pequeña Camila, tu hija menor, tan parecida a ti, con sus canciones del ratón chiquitín disfrazada de mujer grande, con mi ropa, dejándonos una inmensa tristeza en el corazón.

Hoy te vas también, pero dejas un legado a tu patria como nadie más. Cumpliste tu misión de guardar la memoria de lo vivido y las generaciones que no han nacido te lo agradecerán. Tal vez vas a encontrarte con tu madre, que murió con la maleta hecha sin lograr atravesar el mar para verte, y con tu niña Camila, tu retrato. Que la tierra te reciba en sus brazos como alguna vez fue en los míos.

Por Gloria Laso, actriz chilena.

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