Chile cambió

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Consulta ciudadana



Hoy se cumplen dos meses del estallido social que a partir de ese viernes 18 de octubre removió los cimientos de nuestra estructura social y política, generando una dinámica que ha marcado estas semanas que sin duda quedarán escritas en la historia nacional como un hito que marcó un antes y un después en el acontecer nacional.

No hay antecedentes que permitan pronosticar por cuanto tiempo más pueda prolongarse esta movilización encabezada principalmente por la juventud. Lo que sí se puede afirmar, es que lo que enfrenta hoy el país, no es una movilización más.

En un país como Chile, cuya memoria está plagada de ejemplos que muestran a un movimiento popular organizado con partidos con tradición e historia que conducen el movimiento, con liderazgos claramente legitimados ciudadanamente, lo acontecido en estos meses, rompe con aquella tradición, instala un fenómeno que se estudiará por muchos años y genera un precedente de cambio que nadie podrá desconocer en el futuro.

En solo dos meses, ha quedado en evidencia que el parámetro del que se partía para analizar la dinámica social chilena era incorrecto. Se partía de la base de que la juventud mostraba indiferencia frente a la dinámica político-social y lo ocurrido en estas semanas deja en evidencia lo contrario. Tenemos una juventud con sentido de país, con opinión, con propuestas, con voluntad de cambio, que enfrenta sin miedo la defensa de sus demandas y con la decisión de modificar el orden actual.

Hasta antes del estallido, la llamada clase política operaba con el principio de que el gobierno, el Parlamento y los partidos podían "ordenar" cualquier situación, por más compleja que fuese. Ha quedado claro, que eso hoy, no es así. ¿Alguien pensó hace algunos meses, que sería posible un acuerdo para un plebiscito que definiera un cambio constitucional? El acuerdo político alcanzado por la mayoría de los partidos políticos se logró en el marco de la fuerte presión de la movilización social y no habría sido posible en otro contexto. Pese a ese avance, la demanda de participación igualitaria de mujeres y hombres, de cuota para los pueblos originarios y de espacios claros para independientes, nuevamente remeció los ahora débiles cimientos de la institucionalidad política y esfuerzos más, esfuerzos menos, está a punto de concretarse como el sentido común lo indica.

Hoy la opinión mayoritaria es que se debe reinstaurar el voto obligatorio y legitimar a los nuevos liderazgos. Así se demostró en el ejercicio no vinculante de la Asociación de Municipalidades.

Afortunadamente se ha ido configurando una mayoría que entiende que la actual no es una dicotomía entre modelo neoliberal o chavismo, ni una revuelta antisistémica. Hoy se requiere asumir el llamado de esa ciudadanía que espera ser escuchada con cambios reales para Chile.

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