Columna de Gerardo Ureta: Lluvias que develan nuestra realidad

La vialidad ha sufrido cortes y daños, mostrando la urgencia de una infraestructura resiliente. Deslizamientos e inundaciones han afectado rutas clave, comprometiendo el tránsito y la respuesta a emergencias.



Por Gerardo Ureta, académico Escuela de Arquitectura Universidad Mayor.

Las recientes lluvias ha dejado en evidencia la fragilidad de nuestra infraestructura. Un informe de la OCDE destaca que, aunque las políticas de infraestructura han sido un pilar para el desarrollo económico del país, es imperativo actualizar los procesos de inversión pública con un enfoque más integrado y de largo plazo, dejando de lado el centralismo, pues un 88% de las decisiones se toman a nivel central. Esto contrasta con el promedio de 41% de la OCDE.

La vialidad ha sufrido cortes y daños, mostrando la urgencia de una infraestructura resiliente. Deslizamientos e inundaciones han afectado rutas clave, comprometiendo el tránsito y la respuesta a emergencias.

Así, las formas de mitigar los impactos climáticos deben ir en la línea de invertir en infraestructura verde, mediante pavimentos permeables, colectores de aguas lluvias y humedales urbanos para gestionar el exceso de agua y prevenir inundaciones. Además de una urgente modernización vial, aumentando la inversión en reparación, mantención y reconstrucción de calles y carreteras resistentes a eventos climáticos extremos

El suministro eléctrico ha sufrido cortes extensos, afectando hogares y negocios, y poniendo en riesgo la seguridad y bienestar de la población. La conectividad, no tan solo física, sino que también digital, es vital para la información y coordinación en emergencias, pero las interrupciones de servicio demuestran la necesidad de una red más robusta.

Está demostrado que garantizar el acceso equitativo a la tecnología y mejorar la infraestructura de telecomunicaciones son pasos necesarios para asegurar que todos puedan mantenerse conectados y continuar con sus actividades educativas y laborales.

Es imperativo actuar con determinación para construir un Chile resiliente, protegiendo nuestra economía y calidad de vida. La resiliencia es una inversión esencial y urgente.

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