Coronavirus y la falta de educación cívica

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El consejo asesor presidencial contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción, presidido por Eduardo Engel, hizo recomendaciones en abril de 2015 que apuntaban directamente a la formación en valores cívicos y al desarrollo de capacidades para abordar los dilemas éticos y de corrupción. A mi modo de ver, el tema de mayor interés de dichas recomendaciones estuvo centrado en la necesidad perentoria de crear en Chile una formación en consideraciones cívicas que contribuyan a fomentar el bien común, y el respeto a la convivencia pacífica.  

Si bien el Informe final de la “comisión Engel” priorizaba de manera importante el sistema educacional chileno, me parece que todo lo relacionado con la educación cívica es crítico y debe hacerse extensivo a la totalidad de la población nacional, principalmente en estos momentos, cuando existe una manifiesta tendencia hacia la agitación civil y las manifestaciones sociales. Los chilenos y chilenas debemos desarrollar ciertos conocimientos que nos permitan a lo menos: (a) ser capaces de convivir en una sociedad respetuosa de las diferencias y de participar en la construcción del país, contribuyendo como ciudadanos en diversos ámbitos del quehacer nacional; (b) ser personas con una fuerte formación ética, capaces de convivir e interactuar pacíficamente en base a principios de respeto al prójimo, transparencia, cooperación y libertad, y (c) contribuir a que Chile pueda avanzar socialmente a partir de un desarrollo económico sostenible y justo con los demás, y con el entorno.

El actual malestar civil no representa un buen momento para comenzar a predicar sobre las bondades de una indispensable educación cívica para todos los ciudadanos del país, pero llegará la instancia en que debamos hacerlo (incluyendo a la policía uniformada, que se encuentra capturada por un “desmadre” bastante generalizado). Por ahora, se puede afirmar que “los árboles no dejan ver el bosque”, habida cuenta del ruido ambiente imperante. Y es justamente este factor el que me lleva a pensar que en las actuales circunstancias, va a ser sumamente complejo implementar los controles y programas necesarios para contener la expansión del coronavirus a lo largo y ancho del territorio nacional.

La gente está irritada, violenta, muy difícil de gobernar; todo se pone en duda, nada que venga de la autoridad es creíble. Y además, fuimos “educados” en los últimos 40 años con un sistema capitalista basado en un individualismo salvaje, donde pareciera que lo único que cuenta es el bienestar propio (yo primero, no me importan las “cuarentenas”); hay acá un nivel de irresponsabilidad muy grande, y esto también se hace extensivo a un gobierno que se muestra incapaz de tomar medidas efectivas, y cuando las toma es el primero en incumplirlas. ¿Falta de educación cívica?

Así las cosas, el coronavirus llegó rápidamente a Chile, pues muchos están viajando al extranjero, lo que para una parte de ellos este hecho se ha transformado en un símbolo de estatus. A eso le llamamos apertura al mundo, y ahora somos el país con más contagiados per cápita de Sudamérica, seguidos a gran distancia por Ecuador, Perú y Argentina. Por lo tanto, y en base a todo lo anteriormente expuesto, si existe una nación latinoamericana en la cual el virus continuará expandiéndose aceleradamente - mucho más que en otros lugares -, esa nación es Chile. Nada sucede sólo por azar

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