Gloria de la Fuente

Gloria de la Fuente

Directora ejecutiva de Chile21

Opinión

“El día de la marmota”


Como si se tratara de la película “El día de la marmota” la última parte de noviembre nos ha mostrado una escena que ya nos es familiar. El álgido debate respecto al presupuesto fiscal del año siguiente, viene acompasado de movilizaciones, paralizaciones y negociaciones más o menos acaloradas respecto al reajuste de remuneraciones en el sector público, hasta que la tensión llega a un punto donde todos los actores involucrados se ven obligados a llegar a un acuerdo. A ello se suma, también en la misma época, pero especialmente en el primer año de una nueva administración que alterna en el poder, tal como ocurre con la actual, una inclinación a los despidos en cantidades relevantes, por cuanto es en el último día hábil de este mes, donde año a año se renuevan los contratos(en especial las contratas) del sector público y, en consecuencia, es el momento en que las autoridades entrantes buscan desvincular a los funcionarios heredados de la pasada administración.

Al momento en que trabajadores y funcionarios llegan a acuerdo, las partes en general celebran, aunque los alcances lo conseguido nunca sean todo lo que las partes quieren. La mayoría de las veces estas negociaciones significan también bonos por término de conflicto y la promesa de mantener el diálogo para mejorar las condiciones del empleo público, pero al final, todo sigue más o menos igual y la escena se vuelve a repetir. En paralelo en años en que se produce alternancia y la nueva autoridad se instala, es posible observar a muchos funcionarios movilizados por los despidos masivos y pese a que en los últimos años la justicia ha obligado la restitución de funcionarios que han sido arbitrariamente despedidos, lo cierto es que ello solo muestra la precariedad de los instrumentos para enfrentar un problema que debiera estar radicado en la política pública.

La recurrencia de estos hechos, la necesidad de abordar de manera íntegra el debate sobre el empleo y la función pública, así como la centralidad que tiene este tema en la reforma del Estado, debieran llevarnos a relevar como fundamental esta cuestión porque una cosa es clara: la modernización del Estado es una quimera si no se aborda con seriedad la situación del empleo del Estado en un mundo, además, donde las relaciones laborales se han ido transformando de la mano del cambio tecnológico.

Sin duda abordar este tema tiene una complejidad no menor. De hecho, tal como señala Rajevic en un trabajo reciente que analiza la realidad del sector público, es posible observar como la carrera funcionaria se ha ido desvirtuando y deformando, generando un evidente problema que se hace patente en las fronteras poco claras que existen entre funcionarios de Estado y funcionarios de gobierno o, dicho de otro modo, entre la función pública profesional y política, ambas legítimas, pero orientadas a cuestiones distintas. Por cierto, no es que no exista conciencia respecto a este tema, sino que es evidente que sin un acuerdo transversal y sustantivo sobre la materia, es imposible avanzar sin pagar los platos rotos que finalmente nadie quiere asumir. Lo anterior ha significado que en el sector público el empleo sea muchas veces precario y carente de derechos sociales que en el mundo privado si están garantizados como derecho.

Por cierto, a ello se suma una cuestión que está francamente en el limbo y que requiere también una decisión política amplia. Mientras que la Constitución política prohíbe expresamente que los funcionarios del Estado y las municipalidades se declaren en huelga, contraviniendo convenios internacionales que nuestro país ha ratificado, la práctica ha hecho que de manera legítima los funcionarios busquen hacer patentes sus demandas, con los costos que indudablemente esto tiene para los ciudadanos.

El gobierno se apronta a generar anuncios importantes para la modernización del Estado, así como en el pasado lo han hecho también otras administraciones. Es menester, entonces, para evitar otro nuevo “Día de la marmota”, que se produzcan acuerdos transversales en materias tan importantes como esta que son el corazón de las reformas que necesitamos.

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