Diagnóstico educacional

PISA



SEÑOR DIRECTOR

El diagnóstico de la Agencia de Calidad de la Educación sobre la falta de avances en lectura y matemática de los escolares chilenos es algo preocupante pero no sorprendente. El ministro de Educación llama “terremoto” a algo que hemos vivido por años. Según la prueba PISA, Chile ocupa, en las pruebas de lectura, matemática y ciencia, el lugar 43 de 79 países (el más bajo del promedio OCDE). En nuestro país, ni los terremotos telúricos, ni los educacionales son desconocidos, pero los impactos de los primeros son imprevisibles. Los educacionales son previsibles y atendibles. Lo mismo se desprende de los buenos resultados de los colegios particulares respecto a los públicos y subvencionados. Sin embargo, a partir de sexto básico, en ambos casos, los resultados son insuficientes y se comprueba la segregación en ciertos grupos sociales al interior del sistema educativo.

Lo paradójico es culpar a la pandemia y al distanciamiento social de los malos resultados. Los logros eran igualmente bajos antes del Covid-19, en especial en los contextos desaventajados. Se suma otra paradoja más incisiva: antes se imputaba a los profesores de los bajos resultados académicos. Injustamente se les señalaba que muchos no eran capaces de motivar a sus alumnos, de alimentar su autoestima y reforzar a los estudiantes. Ahora se sostiene, con justicia, que la presencia de los profesores es fundamental, positiva y requerida para lograr los aprendizajes.

Creo que estas sorpresas y paradojas nos deben hacer repensar las políticas públicas que hay que generar, qué cambios no cosméticos hay que introducir y la gran necesidad de apoyo académico y material a las escuelas y profesores sin mezquindad. Sobre todo, en tiempos de debate constitucional, la educación debe ser un tema prioritario.

Abraham Magendzo K.

Premio Nacional en Ciencias de la Educación 2017

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