Opinión

El crecimiento que importa

Imacec, crecimiento de la economía SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

Las cifras del primer semestre fueron decepcionantes. La economía cayó 0,3%, Chile entró en recesión técnica -con cualquiera de los criterios que se use-, la inversión permaneció estancada, con el componente de construcción y otras obras marcando un fuerte retroceso en doce meses, y el consumo privado mostró una fuerte desaceleración.

Parte de estos resultados son atribuibles a causas puntuales. La minería cayó 6,4% en el segundo trimestre, en parte por mantenciones de empresas relevantes; la pesca, 5,9% por variables climáticas; y la construcción retrocedió 3,2%, producto de los incentivos indeseados que tuvo la discusión de la megarreforma.

¿Hay razones para deprimirse? No necesariamente. El primer semestre no tiene por qué predestinar la trayectoria de los próximos meses. La rebaja de impuestos a las empresas, la invariabilidad tributaria, los incentivos a la construcción —la exención de IVA a la primera vivienda y el regreso del DFL2 con impuesto único de 5% al arriendo— y una mayor certeza regulatoria pueden destrabar decisiones de inversión que llevan demasiado tiempo esperando. Si sumamos un cobre persistentemente sobre los US$6 la libra, Chile tiene una oportunidad concreta de retomar el crecimiento.

Hay más. En los últimos doce meses se han aprobado en el sistema de evaluación ambiental US$50 mil millones en proyectos —una cifra histórica— y el catastro de inversiones para el próximo quinquenio muestra un salto de 33% respecto del catastro previo. El petróleo, además, se alejó de los US$100 el barril, aunque todavía permanece alto.

Son condiciones objetivamente mejores para la inversión y debieran ser fuente de un mejor estado de ánimo para el sector privado. Una vez que despegue la inversión comenzaremos a ver efectos en el empleo. Eso implica esperar varios meses antes de que el desempleo pueda bajar del 8%, umbral que llevamos 42 meses sin poder romper.

Pero necesitamos dar un paso más. No basta con que Chile vuelva a crecer. Necesitamos que ese crecimiento se sienta en la vida de las personas, y para eso tiene que transformarse en empleo, mejores salarios y oportunidades. Un análisis de Clapes UC muestra que, después de la pandemia, la relación entre actividad económica y empleo se redujo cerca de 7%. Dicho de manera simple: si antes una determinada expansión de la economía generaba 100 empleos, hoy genera aproximadamente 93.

La conclusión es bastante evidente. Necesitamos crecer más, pero además revisar las condiciones bajo las cuales se crea empleo en Chile. La inteligencia artificial ya está transformando tareas, procesos y profesiones, y la robotización va a acelerar ese cambio.

No tiene sentido enfrentar estas nuevas condiciones con una legislación laboral pensada para una economía que ya no existe. Necesitamos más adaptabilidad de jornadas, modalidades de contratación acordes con las nuevas formas de trabajar, capacitación y reconversión permanente e incentivos a la contratación formal.

Sería una paradoja incómoda que Chile vuelva a crecer, pero que los chilenos no lo perciban. Porque para una familia el crecimiento se siente -y se aprecia- cuando alguien encuentra trabajo, cuando un joven consigue su primera oportunidad, cuando una persona sale de la informalidad o cuando una familia vuelve a mirar el futuro con cierta tranquilidad.

Las condiciones para volver a crecer empiezan a despegar. Hay que cuidarlas y profundizarlas. Pero el empleo tarda en recuperarse y más si enfrenta un marco regulatorio rígido y cada vez menos conectado con la realidad. Si queremos que la recuperación llegue realmente a las personas, necesitamos avanzar en dos frentes al mismo tiempo: crecer más y hacer que Chile vuelva a ser un país capaz de generar empleo de calidad.

*El autor de la columna es socio de Mirada Externa

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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