El desfonde de los partidos



Por María Jaraquemada, oficial de Programa para Chile y el Cono Sur IDEA Internacional

Estos días hemos visto cómo integrantes del Congreso o de partidos políticos se desmarcan del resultado en las primarias para apoyar a otras candidaturas. Por un lado, han sido criticados por falta de lealtad y de compromiso, y estos se justifican en su libertad política y las mejores opciones de triunfo dentro de cada sector.

Las elecciones que se realizarán en 20 días más tienen una particularidad, especialmente en comparación a las últimas cuatro presidenciales: aún hay un escenario abierto y no hay tanta claridad sobre quiénes pasarán a segunda vuelta, por lo que sumado a las parlamentarias simultáneas, la adherencia a candidaturas se ha vuelto más ligera y el “cambio de bando” menos costoso.

Esto también puede entenderse por lo que se ha denominado el “desfonde” de los partidos políticos. En la última encuesta CEP, la confianza en estos es nuevamente la más baja de todas las instituciones medidas (con un 4%, algo mejor que el escaso 2% del 2019). Esta situación ha llevado a que sea visto como algo negativo la identificación con estos, con una exaltación de la no militancia, lo que como vimos en las elecciones de mayo, pareciera tener réditos políticos. Es cosa de ver la propaganda electoral desplegada en las calles y plazas, donde la excepción es aquella candidatura que pone el logo de su partido. No se trata de un fenómeno nuevo, de hecho, en 2016 no hubo apoyo entre los propios parlamentarios para aprobar la propuesta de la Comisión Engel, en cuanto a que lo anterior fuera obligatorio -de modo de fomentar un voto más informado.

Si bien la renovación de liderazgos y propuestas en la política es algo que se ha demandado para aumentar la conexión con la ciudadanía y aun cuando hemos visto cómo en las últimas elecciones las personas más jóvenes -usuales ausentes- se han movilizado más a votar, debe preocuparnos enormemente la falta de identificación y confianza en los partidos políticos, particularmente en los niveles vistos estos días, donde parece primar nuevamente la calculadora electoral, más que programas, ideas o proyectos de país.

Ya hemos visto lo que la falta de partidos fuertes y su desconfianza ha causado en otras latitudes, siendo terreno fértil para populismos o autoritarismos, amenazas graves de nuestras democracias.

Sin duda, una conversación que será relevante y esencial de abarcar dentro de la Convención Constitucional será el diseño del sistema electoral y de partidos, que deberá conversar con el sistema político. Será clave considerar medidas para fortalecerlos e intentar que retomen, junto a otros actores sociales, el clave rol de intermediación con la ciudadanía. El desfonde de los partidos -de lo cual sin duda estos son los primeros responsables- no debe tomarse a la ligera, y en momentos de profundización democrática, es clave repensar su rol y el cómo reconectar con la ciudadanía.

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