El mapa no es el territorio



Por Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura UDD

En momentos en que se instala la Convención Constituyente, y temas como la propiedad y manejo del agua, recursos naturales y medioambiente, emergen con fuerza en la redacción de la Carta Magna, bien vale recordar la polémica frase que da título a esta columna. Acuñada en 1931 por el padre de la semántica general, Alfred Korzybski, advertía que muchas personas confunden mapas con territorios, esto es, confunden modelos de la realidad con la realidad misma. ¿Por qué es importante esta advertencia? Por el carácter simbólico que el territorio tendrá en la nueva Constitución. Y la necesidad de contar con la mayor información que acorte la distancia entre el modelo ideal de territorio que se pretende y su realidad.

En este contexto, resulta oportuna la toma de razón por Contraloría el lunes pasado de la Nueva Política Nacional de Ordenamiento Territorial (PNOT). Un trabajo iniciado en 2015 con la creación de la Comisión Interministerial de Ciudad, Vivienda y Territorio, y que deberá “orientar la acción del Estado y de los actores privados y la sociedad civil a nivel nacional hacia la configuración de un territorio armónico, integrado, seguro e inclusivo en su diversa y amplia geografía, y, además, impulsar un proceso de desarrollo sustentable que integre las dimensiones sociales, económicas y ambientales, con identidad territorial”.

Las industrias extractivas, la transformación tecnológica del agro y sus efectos culturales están dejando huellas sin precedentes en nuestro territorio, pero al mismo tiempo presentan grandes oportunidades. Ya lo advierte el arquitecto holandés Rem Koolhaas en su última exposición en el Guggenheim de Nueva York, denominada Countryside, donde declara que nuestra fijación en el fenómeno de las ciudades inteligentes nos está distrayendo de una transformación aún más radical y desconocida en el mundo rural, el cual -sin que lo notemos- se vuelve mucho más inteligente que los entornos urbanos más avanzados.

Si ya llegamos tarde a resolver los dilemas del desarrollo urbano, no podemos ignorar los desafíos que este nuevo “paisaje inteligente” está planteando a nuestro país.

En este sentido, hay que destacar que la PNOT se basa en cinco ejes estratégicos o sistemas: de asentamientos humanos, económico-productivo, natural, de infraestructura y logística, y, por último, el sistema socio-territorial integrado. Su implementación permitirá contar con una herramienta aplicable a todo el territorio de nuestro país, que contribuya a armonizar y dotar de coherencia a la interacción de los diversos instrumentos, políticas y planes sectoriales y regionales con incidencia territorial. Esto último resulta especialmente relevante en aquellos territorios que no cuentan con instrumentos regulatorios, los que quedan comprendidos, en su mayoría, en las zonas rurales del país o en territorios limítrofes, o bien en sectores que cuentan con áreas protegidas, insulares o de frontera.

Esperamos que esta nueva Política sea considerada por los constituyentes, de manera de ilustrar simbólicamente la hoja en blanco, que si bien nunca será la copia fiel del territorio, al menos nos acercará.

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