En son de paz

Imagen Sebastian Piñera presentaa la nueva (42264331) jungla

El denominado "Comando Jungla". Foto referencial.



Tras la foto del Presidente en La Araucanía, rodeado de carabineros armados denominados el comando Jungla, llovieron los memes en las redes sociales. Uno de los más graciosos hace referencia a la película Mars Attack de Tim Burton, con el líder de los marcianos rodeado de los mismos uniformados y pronunciado, en su idioma, el discurso que venía en son de paz.

En la lógica de indicadores de éxito que se maneja actualmente en La Moneda, que esa puesta en escena haya sido comentada a ese nivel en redes sociales y difundida por los medios, es una victoria. Para cualquier gobierno, los minutos de televisión siguen valiendo oro, y para este en particular, los hashtag en redes sociales, valen aún más. Toda la escenografía en La Araucanía alejó de los titulares el aumento del desempleo, y el dato que el semestre que termina fue el peor de la Bolsa de Comercio de Santiago en los últimos cinco años.

También esta estrategia es consistente con cierto discurso callejero derechista que se ha apropiado de muchos chilenos. No se debe olvidar que, en una encuesta reciente, la abrumadora mayoría de la opinión pública estaba a favor de dispararle al cuerpo de un conductor de Uber que se negó a ser controlado.

La Moneda está jugando con fuego. El lenguaje, y sin duda las imágenes construyen realidad, en este caso, aparecer como una zona en guerra donde no existe Estado de Derecho y se debe optar por la mano dura. Huele demasiado a Operación Huracán, con las mismas ínfulas, que ya sabemos como terminó. El acierto del gobierno actual de remover a la plana mayor de Carabineros en los primeros días quedará en nada si repiten los mismos errores de grandilocuencia del pasado. Los personajes como el profesor Alex tiene sustancia sólo en estas escaladas de necesidad de éxito barato para satisfacer a la opinión pública.

Además de ello, el Estado de Derecho si funciona en la zona. Prueba de ello es las condenas de cárcel a los imputados por el horrible asesinato del matrimonio Luchsinger. Todo ello posible por el trabajo metódico de investigadores policiales y fiscales, que al mismo tiempo que toda la plana política aplaudía a Carabineros por la Operación Huracán, de manera tranquila reunieron pruebas para un caso que pudieron defender bien ante los tribunales.

Ese camino largo y exitoso se rehúye porque no da réditos en las redes sociales, a las que este gobierno se ha vuelto tan adicto. La pasada pasión por las encuestas ahora se ha reemplazado por los Facebook Live, las campañas con hashtag que buscan cercanía, y sin duda las puestas en escenas con fotos que sean fácilmente replicables en campañas digitales. En ese mundo de la inmediatez el trabajo concienzudo no rinde.

Ese es justamente el mismo problema de las soluciones para la macrozona mapuche. Las soluciones no son policiales ni de corto plazo. Requieren audacia, pero también templanza para sentarse a conversar con todos los actores. Y sin duda ponderar correctamente la situación. No es una zona en guerra como lo ven muchos actores de derecha, pero si hay episodios de terrorismo, algo que la izquierda se resiste a declarar. Un piso mínimo, que implica el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios y modelos de autonomía e integración como los que tiene, por ejemplo, Nueva Zelandia es resistido por quienes lo quieren todo y también por los que no quieren nada. El discurso de estos maximalistas es lo que manda hoy en la discusión pública.

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