Fortalezas y temores

Nueva Constitución

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En el complejo avance del proceso constituyente ya es un logro que, a pesar de los vaivenes de la derecha, no se haya puesto en cuestión el camino, sino únicamente la dirección. Porque como diría Mafalda, son muchos los codos que quieren derramar el tintero en la hoja en blanco.

No da igual apoyar o rechazar una nueva Constitución, y tampoco resulta indiferente que ésta pueda surgir de un grupo tan heterogéneo como nuestra sociedad, con igual representación de mujeres y hombres.

En las próximas semanas los comentarios con verdad mañosa y falsedad ingenua estarán a la orden del día. Ya han aparecido. Que la Constitución solo ha paralizado proyectos de ley que estaban destinados a violar derechos humanos. Que tenemos que apoyar la nueva Constitución "bolivariana" porque hacia allá va el proceso. Que la Constitución será hija de la violencia, y por ello espuria (seguramente una gestada en dictadura no tuvo un origen violento), como si en realidad no fuera un anhelo ciudadano que no ha sido atendido en tiempos de paz.

Los días pasan y los temores y los obstáculos aumentan. Ya empezó, con fuerza y recursos, la campaña por el rechazo a la nueva Constitución, que abunda en afirmaciones equívocas y que desinforma, invocando a los fantasmas del caos y el conflicto, instalando mitos y leyendas del país que tenemos y del que podríamos tener.

La realidad es que la actual Constitución, además de ser espuria por su origen, que ya podría ser considerado suficiente para arriesgar o fragilizar una democracia robusta, ha funcionado como una camisa de fuerza para cualquier proyecto que pretenda liberar la "locura" de un pueblo que piensa por sí mismo y cree en las mayorías.

En estos días, como en el término de un baile de máscaras, han caído las caretas de quienes se definen demócratas, pero no creen o no confían en las decisiones ciudadanas. Los problemas y atajos que se han puesto a necesidades obvias de un proceso constituyente dan cuenta de una voluntad férrea por impedir la expresión del sentir ciudadano. ¿Cómo, si no, podría entenderse que se hayan rechazado todas las fórmulas para contar con una comisión paritaria? Quienes se oponen a contar con una mitad de mujeres constituyentes, disfrazan su temor a perder su hegemonía en argumentos electorales que excepcionan sin problemas en otros casos.

¿Cómo, si no, entender que se intente precarizar un proceso democrático por una violencia mayoritariamente indeseada? Quienes reclaman garantías de estabilidad para avanzar en el cambio, disimulan su negativa a ceder sus privilegios en una violencia que ha subsistido en episodios a menor escala por la impericia de una policía que no estuvo a la altura.

En una sociedad que se había acostumbrado a aceptar las violencias cotidianas de la desigualdad, existe fortaleza suficiente como para enfrentar el cambio constitucional sin temor.

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