La democracia también aprende a usar la IA
A menudo se habla de la adopción de la Inteligencia Artificial (IA) en las empresas. Pero ¿qué ocurre en instituciones como los organismos electorales? ¿Qué pasó en el superciclo de elecciones en A. Latina, cuyo próximo capítulo será las presidenciales en Brasil?
El uso de la IA en los procesos electorales ha adquirido creciente relevancia al ritmo de la expansión de la IA generativa y la automatización avanzada. Aunque la atención suele concentrarse en los riesgos externos -desinformación, polarización, contenidos sintéticos como deepfakes, ataques coordinados y violencia de género-, existe una dimensión menos explorada: cómo los organismos electorales modernizan sus capacidades y utilizan estas herramientas para fortalecer su gestión.
El estudio “Inteligencia Artificial y Gestión Electoral: Un mapa de América Latina y el Caribe”, presentado la semana pasada por IDEA Internacional en República Dominicana ante 20 organismos electorales, ofrece una señal alentadora. Aunque la IA ya forma parte de la agenda institucional, su adopción sigue siendo limitada y gradual, basada en la experimentación, el aprendizaje y la cautela frente a funciones críticas. Hoy la IA se utiliza principalmente como herramienta de apoyo: chatbots para atención ciudadana, monitoreo del entorno informativo, análisis de la conversación digital, gestión documental y controles de consistencia. Esa gradualidad importa. En elecciones, no toda eficiencia fortalece la democracia. La supervisión humana, la trazabilidad, la protección de datos, la evaluación de riesgos y la rendición de cuentas son condiciones indispensables para preservar la legitimidad y confianza pública.
Chile figura entre los países más avanzados de la región. El Servel ha incorporado la IA en servicios a la ciudadanía, análisis de la conversación digital para detectar riesgos y patrones de desinformación, controles de integridad en el procesamiento de resultados, monitoreo de amenazas y respuesta temprana ante incidentes de ciberseguridad. Más recientemente, ha orientado estas capacidades hacia un desafío que la región ha normalizado por demasiado tiempo: la violencia política contra las mujeres, especialmente en entonos digitales. El Observatorio de Violencia Digital contra las Mujeres en Política representa un cambio de enfoque: generar evidencia, visibilizar ataques y anticipar respuestas antes de que la próxima elección municipal imponga nuevas urgencias.
Esta apuesta no es aislada. IDEA Internacional, la Asociación de Magistradas Electorales de las Américas y AECID iniciaron esta semana una formación regional inédita para autoridades electorales de seis países, incluido Chile. El objetivo es fortalecer capacidades bajo una premisa clara: la violencia política y digital contra mujeres constituye un riesgo directo para la democracia.
El caso chileno y la cooperación regional demuestran que prevenir y anticiparse a los riesgos, construyendo marcos de gobernanza de uso bajo supervisión humana, puede ser tan decisivo como contar los votos.
Por Alejandra Sepúlveda, Gta. Proyecto Integridad electoral y Género
(RLAC)-IDEA Internacional
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