La encuesta CEP provocó demasiadas muecas de dolor en los partidos, el Congreso y La Moneda, pero grandes satisfacciones en varios municipios. Si alguien ganó en medio del desastre para la clase política que significaron los datos, fueron los alcaldes. Desde que se produjo el estallido del 18 de octubre, los municipios fueron mirados en menos. Nadie advirtió las señales que dieron respecto del elemento lumpen que estaba jugando un rol en la destrucción. Varios en La Moneda creyeron las teorías sicodélicas sobre conspiraciones extranjeras.

Muchos deben mirar con asombro que Joaquín Lavín siga primero en las encuestas. El alcalde de Las Condes mantuvo la calma, no se sobreexpuso en la TV, ni tampoco entró en la confrontación como sí lo hicieron los presidentes de los partidos de su sector. Bajo una agenda pragmática, que incluyó elegir a su sparring, mantuvo su discurso directo. En el otro extremo, el alcalde de Valparaíso, víctima de una campaña mediática de desprestigio en las redes sociales, donde tuiteros anónimos hacían hilos con verdades a medias sobre su gestión, tuvo siempre una acertada visión crítica del festival de codazos en que terminó la foto del acuerdo social, y se mantuvo como la principal figura de la oposición. Vale también una mención para la alcaldesa de Maipú, víctima del más cruel de los machismos progresistas, que no la hizo moverse de su personaje cercano, valorado por las personas a pie.

Ante la pregunta de evaluación sobre el manejo de diversas instituciones sobre la crisis, los municipios les sacan amplia ventaja al gobierno, Carabineros y a la oposición. Los alcaldes se dieron cuenta de que las personas querían que les preguntaran sobre cómo redibujar el país. Así, desde la Asociación de Municipalidades, impulsaron una consulta comunal, sin apoyo del Servel, que sufrió el ninguneo. Al lograr las fuerzas políticas un acuerdo de un calendario para modificar la Constitución, varios trataron de dar por muerta la consulta. Un grupo de alcaldes disidentes, con tesón, mantuvo la idea, y así lograron una buena participación, pese a la poca propaganda y las dificultades logísticas. La encuesta CEP les da la razón, por algo lógico. Las personas quieren que los políticos lleguen a acuerdo, pero que no se apropien representaciones que no tienen. Simplemente quieren que les pregunten su opinión. Descubrir este hecho sencillo hizo que los alcaldes mantuvieran algo de respeto en esta crisis.

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