Opinión

La política exterior de Milei

La política exterior argentina bajo el mandato de Javier Milei ha sido menos errática de lo que algunos creen. Las distintas declaraciones sobre reabrir la disputa sobre la soberanía de las Malvinas o del Estrecho de Magallanes no son pulsiones antojadizas, sino que obedecen a una reconfiguración profunda de lo que ha sido la diplomacia argentina desde su retorno a la democracia. Esto responde a una visión de las relaciones internacionales que se basa en una serie de principios como el rechazo a la multilateralidad, la preferencia por los liderazgos personales sobre las relaciones institucionales, y el alineamiento ideológico con los que considera sus aliados más fuertes.

Milei ha sido definido como un populista libertario, lo que se traduce en una combinación entre una concepción de las élites como corruptas (“la casta”), sumado a la preferencia por liderazgos personalistas por encima de las instituciones del Estado. En términos de política exterior, los liderazgos al estilo de Milei han tendido a la centralización de las decisiones por encima de las políticas de Estado, concentrando la decisión en el gobierno de turno. Asimismo, prefieren las alianzas basadas en la afinidad personal e ideológica por encima de los mecanismos multilaterales. Otro aspecto, que no es exclusivo de los populismos pero que suele ir de la mano, es el uso de la política exterior como mecanismo para movilizar la opinión pública a nivel doméstico.

Si tomamos estos distintos elementos, podemos entender claramente por qué el presidente argentino y su gobierno han cambiado de forma significativa la política exterior trasandina. Por ejemplo, una de las claves de su mandato ha sido un antielitismo global, atacando alejando a Argentina de instituciones como las Naciones Unidas, el Mercosur o la OMS. Esto ha ido acompañado de un claro escepticismo sobre las posturas científicas sobre el cambio climático, planteando que quienes creen que el calentamiento global es por acción humana están errados.

En términos de sus alianzas, Milei ha preferido una combinación de alineamiento ideológico y estratégico, pero con líderes particulares, no con Estados. Eso explica que a pesar de que comparte matriz ideológica con Kast y el gobierno chileno, su postura estratégica es privilegiar su cercanía con figuras que percibe más poderosas, como Trump y Netanyahu. Milei no tuvo problemas en volver a poner el tema de las Malvinas en el tapete, entre otras cosas, porque sabe que Trump está molesto con el Reino Unido por su falta de apoyo en la guerra con Irán, y el mismo mandatario norteamericano ha puesto el destino de las islas en el tapete. Asimismo, pareciera que no tiene problemas en poner en duda la soberanía del Estrecho de Magallanes, porque se sabe apoyado por Trump.

Milei ha hecho todos estos cambios a costa del beneficio de su país, su agenda es personal(ista). Así, ha desarmado un servicio exterior que tenía una capacidad y reputación envidiables en la región, para reemplazarlo por sus cercanos. Asimismo, ha debilitado la relación con uno de sus aliados comerciales más importantes, China, para caerle en gracia a Trump. Lo de Milei es consistente con el egocentrismo propio de su liderazgo.

Por Javier Sajuria, Profesor de Ciencia Política en Queen Mary University of London y director de Espacio Público.

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