Las ciudades han muerto: ¡Larga vida a las ciudades!

Imagen Santiago Ciudad



La pandemia del coronavirus ha atacado los cimientos de la principal invención de nuestra civilización: las ciudades. Es impactante ser testigos el gran vacío que yace en grandes metrópolis como Londres, New York o Tokio, y de cómo nuestras ciudades en Chile se van vaciando, lo cual parecía impensado hace unos meses. Es que las ciudades actuaban como un imán para el turismo, la inversión, la cultura y, en general, las personas. Solo hace un par de meses las veíamos colapsadas de gente, automóviles, contaminación, publicidad, sin embargo, hoy todo prácticamente desaparece.

Si hay algo que hasta ahora nos permitía clasificar a las ciudades era su nivel de internacionalización. Sus aeropuertos eran infraestructuras criticas para cumplir esta labor. Hoy, sin embargo, sus fronteras están cerradas y prácticamente ningún avión aterriza en ellas. Justamente su internacionalización fue la vía de conexión con la pandemia que nació en China. Otra de las cosas que caracterizaba a la gran ciudad era la cultura y el espacio público, otrora sitios donde los grandes espectáculos artísticos, musicales y deportivos se desarrollaban naturalmente… hoy toda actividad que aglomere personas está suspendida. 

Lo mismo pasa con el comercio, universidades, oficinas, transporte público, y, en general, con todos los intercambios, es decir, la pandemia ha atacado prácticamente todo lo que justificaba el vivir aglomerados, todos juntos, en densidad, en cercanía, proximidad y en encuentro. ¿Significa esto la muerte de las ciudades? Seguro que no. La ciudad resurgirá con fuerza como el espacio por esencia de nuestra civilización una vez que superemos esta grave crisis sanitaria, como, por lo demás, ha resurgido durante nuestra historia después de otras grandes pandemias que la pusieron en jaque, pero que no la vencieron.

Seguramente nuestras ciudades no serán exactamente iguales a como funcionábamos. Quizá el comercio online gane otro porcentaje de la cuota que disputa con el presencial. Es casi seguro que el teletrabajo y la educación a distancia representarán cifras mucho más importantes que las actuales. Quizá tendremos cambios en la movilidad de las personas. Es probable que algunas personas renuncien a la idea de vivir en densidad y nuestras periferias crezcan, al igual que el uso del transporte privado. Ojalá que veamos esto como una oportunidad para que el Estado asuma un rol mucho más activo en la planificación de la ciudad y que la evolución y sus tendencias de crecimiento no sigan exclusivamente las tendencias del mercado. No se trata de la derrota del mercado sino, más bien, de la victoria del bien común por sobre los intereses particulares. Mal que mal tendremos que seguir viviendo todos juntos en esto que hemos denominado “ciudades”. ¡La ciudad no ha muerto!

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