Les propongo un pacto de orgullo

Por Alejandra Mustakis, presidenta Asociación de Emprendedores de Chile Asech



Muchos quienes leen estas líneas habrán oído hablar del famoso chef peruano Gastón Acurio. La historia cuenta que recién graduado de Le Cordon Bleu, junto a su esposa, Astrid Gutsche, regresó a Perú para abrir un restaurante francés. La cocina peruana todavía se mantenía como un secreto, sin apreciar el valor que podía agregar a la economía y al desarrollo.

Sin embargo, Gastón se dio cuenta que la receta del éxito no era copiar tradiciones europeas, sino rescatar y dar a conocer las propias. Comenzó a estudiar sabores que reflejaran la diversidad cultural de su pueblo, desde Los Andes hasta el Amazonas, y creó un menú basado en la cocina tradicional del país. Rápidamente los peruanos comenzaron a creer y apoyar su proyecto, debido al sentimiento colectivo de celebrar el amor por su cocina, su cultura y su identidad.

Ese sentimiento permitió a su vez reactivar la industria agrícola, principalmente. La gente comenzó a entender que detrás de todos esos platos maravillosos había personas produciéndolos, que necesitaban condiciones equitativas para mantenerse en el mercado.

El ecosistema productivo en torno a la cocina peruana comenzó a tomar forma, de tal manera que el turismo gastronómico llegó a mover durante el 2019 más de US$5.000 millones, según datos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo. Hasta el año pasado, unos 4,5 millones de turistas viajaban anualmente atraídos por su famosa gastronomía, la que a su vez se convirtió en un motor clave del empleo y cerca del 10% del PIB. No obstante, a mi juicio su logro más relevante fue su impacto en la identidad. Ya en el 2008, el 95% de los peruanos se sentía orgulloso de serlo por el nivel de su gastronomía y el reconocimiento que tenían a nivel global.

Me tomo de este caso para reflexionar sobre los desafíos que debemos enfrentar a partir de hoy como chilenos en la reconstrucción de un país golpeado en lo humano, en lo social y en lo económico. Y en qué estrategias deberíamos trabajar para volver a confiar en nuestros compatriotas y activar la economía.

¿Qué pasaría, por ejemplo, si la gastronomía chilena generara un plan en conjunto para valorar lo local, potenciando las tradiciones, la agricultura, la pesca y la ganadería? ¿Que pasaría si los hoteles y las empresas de turismo, en conjunto, se unieran para trabajar la cultura de las zonas en las que están insertos, arrastrando con ello la artesanía y las costumbres de cada lugar? ¿Qué pasaría si las empresas de innovación se unieran, en conjunto, en la propuesta que actualmente está encabezando el Ministerio de Energía y los expertos designados, para desarrollar el hidrógeno verde y transformarnos en el principal referente en el mundo en esta materia? ¿Y qué pasaría si los laboratorios locales se unieran, en conjunto, para investigar y desarrollar medicamentos y vacunas?

Para ello debemos urgente aprender a creer con convicción y fuerza en nuestras capacidades y en las de nuestra gente. Y la forma es apostando por las personas, sus ideas, su trabajo y sus talentos. Tenemos líderes excepcionales en todas estas áreas que podrían guiar el proceso.

“Logramos unirnos y formar un movimiento que nos hiciera sentir orgullo de nuestra cocina para salir al mundo, convencidos de que si el mundo se enamoraba de la gastronomía peruana se nos abrirían nuevos caminos”, dijo alguna vez Acurio en una entrevista. Tal vez una estrategia para creer y crear en Chile sea lo que necesitamos, no solo para salir adelante de las crisis que estamos viviendo, sino también para sembrar la estrategia que nos haga sentir orgullosos de lo que seremos 20 años después.

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