No son solo las redes sociales las que se han caído




Por Kenneth Pugh, senador por Valparaíso

La caída de Facebook, Instagram y WhatsApp no solo paralizó el mundo de nuestra actividad social, dejamos de enviar memes, de coordinarnos o de saber de la familia, pero lo más relevante es que afectó a la economía.

Hoy muchas empresas dependen de estas plataformas gratuitas. Instagram se ha convertido en la plataforma de venta online más exitosa, lo que ha derivado en que la gente esté migrando de Facebook a Instagram que es un Marketplace, un lugar donde se vende, se comercia y por eso es tan importante para los pequeños emprendedores que funcione, y WhatsApp también, plataforma ésta última mediante la que se confirman las transacciones, e incluso hay programas que corren sobre WhatsApp para que pequeños comercios digitales puedan funcionar, y este fue el efecto que más preocupó tras la caída por más de seis horas de estas plataformas a nivel mundial.

Esta falla global nos da una señal de alerta y alarma, porque ha afectado a nuestro sistema de economía digital, una economía que tiene millones de personas en el mundo que dependen de estos sistemas y por eso necesitamos que estos sean robustos y resilientes; robustos, para evitar las caídas, y resilientes, para permitir que puedan partir nuevamente en caso de que ocurra una caída.

No sabemos qué fue lo que pasó, no sabemos si fue -tal como se señala- un error de alguna persona que dejó desconectadas los sistemas de direccionamiento electrónico, los DNS o fue un ataque que perfectamente pudo haber sido una represalia de algún grupo, no de los que conocemos, para demostrarle a este gigante de los datos que no puede usarlos a piacere.

¿Qué es lo que las personas esperan? Muy simple: que los datos personales, aquellos que uno entrega a una empresa, sean para un fin específico consentido por la persona, pero no para otro.

Si las empresas usan esos datos para otras cosas, los cruzan con otra información y empiezan a saber todo lo que estábamos haciendo se produce una vigilancia indebida y por eso uno recibe algunas veces informaciones que uno dice de dónde sacan esta información para hacérmela llegar a mí. Probablemente esto ocurre cruzando información entre varias empresas.

El tener protección de datos personales es un derecho garantizado en nuestra Constitución, que tiene que ser resguardado por una nueva Agencia de Protección de Datos Personales y es ahí donde comienza la ciberseguridad, ya que todo parte protegiendo los datos personales hasta llegar a la protección de la infraestructura crítica de la información, que no se caigan las redes que fue lo que vimos, y que los sistemas sigan funcionando.

Un mes de la ciberseguridad -que está en su cuarto año-, que es el que tenemos en octubre, donde Chile es el primer país en Latinoamérica que lo ha implementado siguiendo la experiencia europea, quiere poner estos temas en relevancia y en código simple, para que sean los ciudadanos los que le tomen el pulso a su propia ciberseguridad, que parte en algo tan simple: nuestro teléfono.

La ciberseguridad dejó de ser algo de las películas, algo extraño, es proteger nuestra vida digital, que depende esencialmente de todos estos sistemas en red, depende, por ejemplo, de los routers, de los routers wi-fi sobre lo que accedemos, de los enlaces de banda ancha, de fibra óptica, etc. Depende de todos los sistemas distribuidos por el mundo y también de las nubes, los data servers donde se almacena esta información. Si algo les ocurre a ellos, todos los sistemas se pueden caer.

Chile tiene que tener, entonces, cierta autonomía y soberanía digital, pero fundamentalmente una autoridad nacional de ciberseguridad que permita coordinar todos los esfuerzos nacionales y ese es uno de los proyectos de ley que esperamos que ingrese muy pronto al Senado, la nueva Ley de Gobernanza en Ciberseguridad y de protección de la infraestructura crítica de la información.

Desde Valparaíso entonces, este año esperamos a través de la ley de presupuestos, poder institucionalizar el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Inciber), que permitirá dirigir la investigación avanzada en ciberseguridad, detectar y potenciar los talentos ciber, porque necesitamos mucha capacidad de hombres y mujeres. Enfrentamos una brecha de género de mujeres en ciberseguridad gigantesca, lo que debe cambiar.

Valparaíso puede ser este centro de ciberdesarrollo, y estamos trabajando en ello con varias experiencias exitosas de países como España, Estonia y Rumania, que tienen centros de excelencia en ciberseguridad.

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