Pistas ciudadanas para el nuevo gobierno
Por Valentina Rosas, subdirectora de Tenemos que Hablar de Chile
Con el comienzo del mandato del Presidente Boric se inicia un nuevo ciclo político, uno lleno de desafíos en un contexto, nacional e internacional, especialmente complejo. Las expectativas y anhelos de cambio de la ciudadanía son enormes, y por ello es fundamental buscar la mayor conexión posible con el sentir de las personas. Durante los últimos dos años, en Tenemos que Hablar de Chile hemos desarrollado diversos mecanismos participativos para atender a este desafío, y a partir de esa experiencia es que nos atrevemos a plantear algunas reflexiones.
En primer lugar, no debemos asociar los sueños y demandas de la ciudadanía a una única voz. Chile se compone de una inmensa diversidad de visiones y expectativas, fuertemente marcadas por la diversidad del territorio y las distintas historias de vida de las personas. Pero en esa diversidad hay un enorme espacio para la complementariedad: la diversidad es vista como un elemento que enriquece la discusión y la construcción política.
Un segundo punto tiene que ver con el gran anhelo de cambio. Que las cosas cambien, significa que mejore el funcionamiento de la vida. Hoy, si se tiene una enfermedad o se pierde el trabajo se desmorona el sueño de vida por completo, porque no existe una base de apoyo a la cual aferrarse. En este sentido, el cambio no pasa por el nombre de las instituciones ni el apellido de la autoridad a cargo, sino por la traducción de las reformas que llegan a la cotidianeidad de las personas. Que las cosas cambien, significa que el funcionamiento de la salud, de la economía, de la educación y del orden público, provean mayor seguridad para las personas.
Para lograr este cambio sería necesario, de acuerdo a lo dicho por los participantes de nuestros procesos participativos, renovar la política. En este tercer punto, se espera que los representantes sean personas éticas, técnicamente preparadas y con conocimiento de la realidad que enfrentan las personas. Pero cambiar a quienes ejercen la política pareciera ser una condición necesaria pero no suficiente. En esto, las personas no se pierden: junto con nuevas caras y personas más conectadas con su realidad, también escuchamos la necesidad de mayor preparación, fiscalización y más altos estándares de transparencia.
Esta última demanda es especialmente importante. Atender este sentir debe ser una prioridad.
Todos estos desafíos navegan en aguas revueltas, donde se mezclan corrientes de esperanza e incertidumbre; de inseguridad y anhelos de cambio; de miedo, rabia y ganas de salir adelante. Si bien es cierto que el proceso constituyente abrió un espacio de esperanza, este pareciera ser la “última bala” de una ciudadanía agotada que ve en la Convención una renovación del statu quo, pero cuyo éxito no está asegurado.
Mientras que el tiempo se acaba y la discusión se tensa, ¿cómo enfrentar un escenario tan desafiante? De acuerdo a nuestra experiencia, con diálogo y colaboración. Se requieren espacios de articulación para encontrar elementos comunes que sostengan el proceso de cambios que se inicia.
Estas ideas son algunos de los hallazgos más destacados de 60 mil horas de participación ciudadana que han reunido a cerca de 110 mil personas de todas las comunas del país. Por cierto, que ninguno de los elementos recién expuestos busca ser un mantra que guíe el trabajo del nuevo gobierno, pero nos parecen elementos a considerar de cara al trabajo que se viene y, por sobre todo, a los desafíos que se vislumbran en tiempos donde Chile vive procesos transformadores importantes, históricos y decisivos.
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