Sensatez y sentimientos



Cuando los generales romanos volvían de una gran victoria, exultantes de orgullo y satisfacción, se designaba a alguien para que los acompañara durante toda la procesión. Su única responsabilidad era susurrar continuamente al oído del general: “Mira atrás. Recuerda que eres mortal”.

Parece anticlimático, pero la práctica envuelve, sin duda, una enorme sabiduría sobre el poder y sus laberintos. Sus posibilidades y sus riesgos. Sus efectos sobre los seres humanos.

Quería contrarrestar uno de los peligros mayores: la sensación de omnipotencia. La hubris griega. O el “virus de altura”, como tan bien lo describió la diputada humanista Laura Rodríguez, la parlamentaria más joven del primer Congreso posterior a la dictadura, y una de las pocas mujeres que lo conformaron. “Los síntomas principales son la falta de humildad para aprender, es decir, creer que uno se las sabe todas”, dijo. Sentirse infinitos, desconocer los propios límites.

La hazaña de nuestro presidente electo, Gabriel Boric, es notable. El Presidente más joven y más votado de la historia de Chile. Pero también es mayúsculo el desafío que se abre frente a él. Deberá administrar años complejos, de vacas flacas, en razón de la pandemia. También tendrá que hacerse cargo de las demandas más urgentes que emergieron del estallido social, además de mantener un ojo vigilante sobre el Covid y sus cepas y mutaciones. Y lo más importante, quizás: apoyar y garantizar el proceso constitucional.

Todo aquello, además de lidiar con los efectos actuales del cambio climático, dar solución a migraciones y migrantes cumpliendo las leyes humanitarias, todo esto en medio de la polarización de las redes sociales y el daño provocado por la desinformación de las fake news, y un país con ciudadanas y ciudadanos que oscilan entre el cansancio y la esperanza. Y que, tras su triunfo, esperan un nuevo pacto social, en paz, pero sin parálisis.

El Presidente Boric debe, entonces, tener la sensibilidad para comprender que simplemente no se puede esperar más para que haya una mejora sustantiva en pensiones, salud y educación. Que no hay más empate que valga. Y que debe poner todas sus habilidades políticas -y las de su equipo- al servicio de lograr aquellos mínimos civilizatorios ampliamente anhelados,.

Pero, a la vez, debe tener la sensatez de hacerlo dentro de un marco de realismo político y responsabilidad fiscal. Con sustentabilidad, con criterio, con consensos. Porque ganó con votos que sobrepasan ampliamente a la izquierda sola, y se debe entonces a quienes lo apoyaron y confiaron en él. Y también se debe a quienes no lo votaron. A los millones que entienden que el cambio es la única forma de obtener estabilidad y paz, pero no adhieren por ello a cualquier cambio, sino a uno hecho con responsabilidad, método y rigurosidad. Con mirada de largo plazo. No se trata de “sacarle los patines” a nadie, sino de explicarles, especialmente a quienes tienen más, el beneficio -tanto social como individual- de construir un país más justo y menos desigual. Y la necesidad y la urgencia de hacerlo ahora. Pero sin diálogo y persuasión es imposible sacar adelante la tarea.

Ojalá que el Presidente Boric intente actuar con humildad, aplicando sensatez, pero sin olvidar los sentimientos. Y que se procure un círculo de leales, no para que lo alaben, sino para que le recuerden, especialmente en el triunfo, que es un mortal.

Como todas y todos los que vivimos en esta tierra que, a partir de ahora, dirigirá.

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