Un valioso llamado a los acuerdos, pero sin grandes anuncios

Frente a un ambiente polarizado, es positivo que el Mandatario haya optado por un tono conciliador. Quedan dudas, sin embargo, si el plan reactivador será suficiente para salir de la crisis.




El contexto en que tiene lugar la tercera cuenta pública del presente mandato es por lejos el más complejo de las últimas décadas. Desde luego porque después de los sucesos acontencidos a partir del 18 de octubre pasado el eje de la discusión pública cambió por completo, tanto por el surgimiento de potentes demandas sociales, como también por el afloramiento de una ola de violencia aún no superada, y por los efectos de la pandemia, que han puesto al país en una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes. Ocurre además cuando la propia coalición de gobierno ha atravesado por sus momentos más álgidos, abriendo un escenario político muy complejo para el propio Mandatario.

Probablemente el punto más valioso de este nuevo mensaje a la nación ha sido el tono elegido por el Presidente, caracterizado por la mesura y reivindicando fuertemente la importancia que ha tenido para el país la política de los grandes acuerdos, algo sin duda necesario en el desgastante ambiente de polarización que hoy aqueja al país. En ese orden de cosas, resultó especialmente simbólico que haya resaltado los importantes avances en materia económica y social de los últimos 30 años y que fueron posibles sobre la base de un amplio acuerdo por la democracia, por la economía social de mercado y por la justicia social.

En esa perspectiva, su convocatoria al país para abocarse a grandes acuerdos por la paz, el fortalecimiento de las instituciones y la justicia social constituyen ejes importantes para lo que resta de su mandato. No es casualidad que en su alocución haya aludido a la importancia que tuvo el acuerdo suscrito en noviembre pasado entre todas las fuerzas políticas para buscar una salida institucional a la crisis social, así como al reciente acuerdo para enfrentar los efectos de la emergencia sanitaria.

Se hizo cargo también de fenómenos que están afectando gravemente la estabilidad institucional, haciendo ver la importancia de condenar la violencia callejera, el vandalismo y las actitudes de amedrentamiento, por ser incompatibles con una sociedad democrática. Asimismo, marcó un punto importante al alertar sobre los perniciosos efectos del populismo, de las soluciones fáciles, de los derechos sin deberes, y del negativo ambiente que crea la descalificación y la ausencia de diálogo. No menos relevante es que haya recordado al Congreso la importancia de respetar las reglas y procedimientos establecidos en la Constitución, sin perjuicio del derecho a plantear cambios a la carta fundamental.

Destinó largos pasajes a explicar las acciones que ha emprendido el gobierno para contener la expansión del coronavirus, pero un aspecto que resultó algo ausente es una autocrítica más clara para reconocer los errores que la administración ha cometido en la forma de llegar con ayudas más eficientes a quienes más lo requieren, y que en alguna medida explican el porqué se llegó a inconvenientes fórmulas como el retiro de fondos previsionales, o que su propia coalición se dividiera en torno a dicho proyecto. Con todo, es valioso que en su alocución señalara que “vamos a hacer todo lo que esté en nuestro alcance para corregir esos errores y para llegar con esa ayuda a todas las familias que lo necesitan”.

Un punto central en esta cuenta era despejar cuál sería la batería de reformas con que el gobierno pretende recuperar los millones de empleos perdidos y volver a poner en marcha la economía, aspectos que resultarán críticos a la hora de evaluar este mandato. Tiene razón el Jefe de Estado cuando mencionó que una crisis transitoria no debe hacerse permanente, una responsabilidad en que deberían empeñarse todas las fuerzas políticas. En ese sentido, llamó la atención que en el plan de reconstrucción que detalló no abundaran medidas más ambiciosas, optando en cambio por un recetario clásico, como subsidios al empleo o un fuerte impulso a las obras públicas. Todo este conjunto de propuestas es ciertamente valioso, y debería tener un efecto reactivador, pero probablemente no será suficiente para despejar las muchas incertidumbres que hoy nublan el horizonte a la inversión privada.

También se esperaba que el Mandatario entregara más detalles acerca de cuáles serán los ejes que propondrá para acometer una reforma sustancial al sistema de pensiones, considerando que él mismo había hecho mención a la necesidad de hacer “cirugía mayor”, y por las expectativas que se ha forjado la propia ciudadanía. El proyecto que hoy se tramita en el Congreso ha sido declarado insuficiente por la oposición, y por ello habría sido clarificador que el Presidente proporcionara más detalles sobre el marco que defenderá el Ejecutivo, más allá de que se aspira a un sistema mixto y a un gran acuerdo.

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