Opinión

Zapato chino macrofiscal

6 OCTUBRE 2026 MINISTRO DE HACIENDA, JORGE QUIROZ, DURANTE COMISION MIXTA DE PRESUPUESTO SECTOR PUBLICO 2027. FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

El desafío de la política económica en 2027 es compatibilizar la consolidación fiscal con un impulso transitorio que permita enfrentar el bajo crecimiento y elevado desempleo hasta que la inversión privada recupere dinamismo.

Dos decisiones durante 2026 hicieron ese ejercicio muy difícil.

La primera fue la reacción frente al mayor precio del petróleo. El shock era real, pero la agresiva reacción inicial contribuyó a deteriorar las expectativas justo cuando la economía comenzaba a recuperarse. La política económica sobreestimó su credibilidad entre empresarios y puso en riesgo una recuperación incipiente. La desaceleración del 2o y 3er trimestres tiene mucho de origen interno.

El segundo error fue con la megarreforma. Existía un acuerdo amplio para reducir el impuesto corporativo, pero el gobierno agregó otras rebajas y beneficios tributarios de costo fiscal inmediato pero dudoso efecto en crecimiento. El objetivo era aumentarlo, pero redujo el espacio fiscal para sostener la economía mientras el crecimiento aparecía.

Hasta agosto, hay consolidación fiscal gracias al cobre, pero con una combinación compleja: el gasto corriente creció 3,1%, mientras el gasto de capital cayó 13% y la inversión pública 22,5%.

Como algunos advertimos, el gasto público es más difícil de ajustar que lo prometido en la campaña presidencial. Además de restricciones sociales y políticas, hay un problema conceptual: un programa mal evaluado no implica que sea gasto prescindible. Muchos programas mal evaluados persiguen objetivos valiosos. La solución puede ser cerrarlos, pero también reformularlos o incluso gastar más para que funcionen.

El Presupuesto 2027 transita una ruta estrecha. Hacienda proyecta reducir el déficit estructural en 0,5% del PIB en 2027 pero reconoce que la economía necesita un estímulo hasta que llegue la inversión privada. Chile Despega entrega por un lado lo que el presupuesto quita por el otro porque manda el retiro del estímulo agregado.

Hay otro problema. Michael Woodford, que ayer recibió el premio Nobel de Economía, muestra que el multiplicador fiscal es potente si la política monetaria no reacciona. No es el caso chileno. Con inflación en 4,1% y con el 67% de los meses por sobre el límite superior de la banda desde 2024, si el estímulo fiscal desanclara las expectativas, el BC podría necesitar una política monetaria más contractiva.

El gobierno está en un zapato chino. Necesita consolidar cuentas fiscales, pero con desempleo en 9,6%, debe expandir transitoriamente la demanda agregada. Descubrió que reducir el gasto es difícil y que carece de las condiciones monetarias que maximizarían el estímulo fiscal.

Quedan pocas herramientas. Apuesta a que la inversión privada crezca un 8,1% en 2027. Si no ocurre, será incómodo: mayor déficit, menor crecimiento y/o mayor desempleo. En 2026 sus decisiones redujeron innecesariamente sus grados de libertad. En 2027 su éxito depende de una recuperación que la política económica puede favorecer, pero no ordenar.

Por Guillermo Larraín, FEN U. de Chile

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