Aquí trabajo yo: Marcela Muñoz

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"La influencia de la orfebrería viene directamente de mi papá, él es joyero y aun con 84 años y poca vista, trabaja de vez en cuando haciendo joyas. Pero, hace no mucho tiempo, me di cuenta que también hay una parte que le corresponde a mi madre. Ella fue bordadora y antes de casarse quería tener una casa así que empezó a trabajar en un taller, algo agarró de experiencia y decidió comprarse un par de máquinas de coser. Comenzó a tener gente que trabajó para ella y me contó que le empezó a ir superbien, el asunto es que antiguamente las telas no eran estampadas, entonces mi mamá diseñaba. Eso lo vine a saber hace poco, entonces me emocioné porque siempre tuve clara la influencia de mi padre pero el diseño y la creación también vienen del lado de mi madre. Al final solo queda agradecer porque uno es lo que es también, por lo que ellos hicieron contigo y eso es bonito, reconfortante y maravilloso porque te das cuenta que nada es porque sí.

El espacio de trabajo es como tú propio interior, eres finalmente tú en tu alma y en tu esencia. Yo no podría vivir sin mi taller, es una cosa fundamental en mi vida. Es tu propio mundo. Lo tengo aquí en mi propia casa y aunque no esté trabajando en él todos los días no podría no tenerlo. Adoro mis herramientas, cuando paso por las ferreterías o por las cosas de máquinas me quedo pegada. Toda mi inversión va para mi taller. La verdad es que me gusta más hacer que tener y es que en el hacer también está el crear.

Yo estudié 'Restauración del Patrimonio Cultural Mueble' en la Universidad de Chile, un postgrado que duraba algo así como tres años y cuando terminé conseguí una práctica en Francia en 2001. Lo recuerdo porque fue el año del ataque a las Torres Gemelas. Conocí a un francés y me quedé en Europa durante 13 años, él además tenía una empresa que trabajaba dentro de lo que es el patrimonio y los museos. Trabajé ahí haciendo los llamados 'soportes', que son todas las estructuras que sostienen a los objetos en exhibición, es decir, todo eso que va por detrás y que es invisible. En el 2009 la firma Bulgari, que además celebraba 125 años de existencia, se convirtió en la primera casa de joyas que puso objetos y colecciones dentro de museos. Antes ninguna boutique o joyería importante lo había pensado y las joyas se transformaron en objetos de culto en los museos, como objetos sagrados. En ese trabajo, fui jefa de proyecto. Estuve en Roma desarrollando un tipo de soporte que aún se está utilizando y donde los objetos fueron mostrados de tal forma que parecía que flotaban.

En ese tipo de trabajos empiezas a ver los sistemas por los que se compone una pieza, pude observar las primeras joyas de los hermanos Bulgari, ver cómo desde una pulsera que se engarzaba con otra se convertía en un collar o cómo los broches se pueden transformar en collares. A mí eso me quedó dando vueltas y por eso mis joyas tienen ese sentido de reutilización.

Gracias a ese trabajo pude viajar por muchos países y tener la suerte de tocar tanto objeto maravilloso y de haber visto tantos objetos preciosos. Todo eso, aparte de mi educación y la influencia de mis padres, ha sido un aporte a lo que soy hoy en día. También las cosas que fueron pasando en la vida, los años, la madurez y los quiebres, y en todos esos procesos, las joyas siempre han estado junto a mí. Por eso mis colecciones nacen bien de la guata. Creo que muchos artistas hacen eso con el dolor y los quiebres, que en mi caso fue el término de mi relación de pareja.

Cuando regresé a Chile me reconecté con mis raíces: mirándome a mí misma, preguntándome quién soy, de dónde venía y eso me llevó justamente a los mapuches porque finalmente todos venimos de ahí. Comencé a estudiar su iconografía y también su significado, porque yo no concibo hacer algo que no tenga significado. Luego, empecé a crear mis propios diseños inspirados en estos estudios, trabajando en materiales nobles como la plata y también aprendí a tejer en telar y le enseñé a mi hija, quien ahora me ayuda en el taller.

Siento que uno gusta o va hacia eso que nos refleja a nosotros mismo. Siempre tienes que buscarle un sentido a las cosas, es importante para mí que tengan una razón. Creo que aquí en Chile hay mucha gente que tiene un montón de cosas por decir y se están encontrando cada vez más. Tenemos una identidad y una forma de ser muy especial. Creo que parte de lo que pasa hoy en día en nuestro país es que hemos dejado de soñar. La educación es fundamental, y la educación chilena nos ha convertido en números (…) pero el arte nos enseña a observar y justamente a poder expresarnos. Esta presión que se contuvo es muy grande y no va a parar. Las cosas serían muy diferentes si más personas pudiesen hacer lo que realmente les gustaría hacer.

Marcela Muñoz (55) es restauradora y orfebre. Su marca de joyas es Kimen Estudio

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