¿Es normal que un niño sea narcisista?




El concepto narcisismo tiene una larga historia pero sus orígenes provienen de la mitología griega. Hijo de un dios y una ninfa, Narciso era reconocido por su belleza. De niño fue llevado ante un profeta quién le indicó que viviría una larga vida solo si nunca llegaba a conocerse. Sin embargo, luego de haber recibido la profecía, Narciso vió su reflejo en un lago y se enamoró de sí mismo.

Si bien el narcisismo tiene orígenes míticos hoy es un concepto que se encuentra más vigente que nunca. Pareciera que en la actualidad vivimos en una sociedad plagada de narcisos y narcisas. Según datos recopilados en un estudio realizado por los autores del libro La Epidemia del Narcisismo, Jean Twenge y Keith Campbell, entre la década del 80 y el 2006, hubo un aumento de un 30% en los niveles de narcisismo registrados en estudiantes universitarios en Estados Unidos que participaron en la investigación. Y la tendencia sigue al alza.

Podríamos definir el narcisismo como la obsesión con uno mismo, una fijación con la autoimagen y una noción exacerbada de la propia importancia. Bajo esta premisa quizás el siguiente paso sería asociarlo con un fenómeno propio de la adolescencia. Y, sin embargo, el narcisismo es una característica —y un mecanismo— que se gesta mucho antes en la vida de las personas, en los primeros años de infancia y que cumple roles muy importantes. Siempre y cuando se mantenga dentro de los márgenes sanos del desarrollo de un niño.

Loreto Galvez @loretogavi, psicóloga infanto juvenil, explica que, en los primeros años, la mayoría de los niños presentan narcisismo infantil o primario. “Es normal que se viva este tipo de narcisismo hasta los 2 o 3 años y que empiece a desaparecer cuando los niños empiezan a desarrollar la capacidad de empatizar”, dice. “Esta etapa es necesaria y se relaciona con mecanismos de supervivencia porque es cuando hay gran vulnerabilidad y el niño impone sus necesidades, básicamente porque está en una situación de dependencia de su entorno y de sus cuidadores”. Loreto agrega que, en esta fase la principal característica, y que suele llamar la atención de los adultos, es la falta de empatía, la actitud egocéntrica y egoísta. “Es la etapa ‘esto es mío’. Y ahí no hay aún teoría de la mente, por lo tanto, no se percibe que hay identidades distintas a la suya, sólo importa él y esto es lo esperado, porque forma parte del desarrollo psicológico y social”, explica la especialista.

Si bien se trata de un fenómeno normal en la infancia, el narcisismo puede presentarse en forma patológica cuando hay un comportamiento de grandiosidad, en el que el niño exagera sus talentos y sus logros. Loreto Galvez explica que cuando además hay una constante necesidad de ser admirado y falta de empatía, estamos frente a un tipo de narcisismo que no es saludable. “Estos niños tienden a rodearse de otros a quienes considera inferiores y la tolerancia al error es muy baja, no viéndola como una oportunidad”, comenta. “Además, tienden a tener comportamiento frente a la figura de autoridad más desafiantes o devaluadores, porque desde su mirada, no están calificados y cuestionan sus capacidades”.

Pero, si todos tenemos cierta cuota de narcisos, ¿por qué un niño desarrolla un narcisismo patológico y otro no? Un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Princeton sobre el origen del narcisismo en niños mostró que la causa está radicada principalmente en la relación con los padres. El documento explica que si bien no se han podido entender a cabalidad las causas que dan origen al fenómeno, se cree que aquellas vinculadas al aprendizaje social, es decir, lo que nos enseñan nuestros padres o figuras de apego, es lo más determinante a la hora de hablar de rasgos narcisistas. “Consistente con la teoría del aprendizaje social, la sobre valoración parental es un predictor del narcisismo en niños en el tiempo”, explica el documento. La psicóloga infanto juvenil Loreto Galvez agrega que si además, durante el desarrollo hay experiencias de violencia, traumas o estilos de apego en donde se ha aprendido desde la vivencia, que las propias necesidades están por sobre las de los demás, con falta de respuesta emocional de parte de las figuras de apego, con interacciones que pueden ir desde falta de empatía de los adultos hacia ese niño o bien en una sobre valoración de los méritos del niño, se va creando una auto imagen que luego no puede ser sostenida en el mundo externo. “A medida que el niño crece, todas estas características se convierten en maneras de relacionarse con el mundo que lo rodea y comienzan a manifestarse como rasgos que, más tarde, van a ir construyendo la personalidad narcisista”, explica la especialista.

Loreto aclara que todo niño debe pasar por fases narcisistas como parte de su desarrollo y eso no debiese ser una señal de alerta. “Hay distintos niveles de narcisismo, empezando por el narciscismo saludable, que es el que favorece que la persona valore sus cualidades y talentos aceptando sus limitaciones”, comenta. Luego de esta primera base existen muchos matices dentro del espectro antes de llegar al punto de la patología y poder hablar de un trastorno. “Para llegar al nivel de trastorno de personalidad narcisista donde la narrativa interna de la persona es de grandiosidad con foco y centro en las propias necesidades e intereses, alejándose de la realidad y de la relación empática y compasiva con los otros”, hay muchos pasos, según comenta la psicóloga.

Todos poseemos rasgos narcisistas como parte de nuestra personalidad y que, en justa medida, nos ayudan a mantener una autoestima sana y un sentido de valor propio. En los niños los rasgos narcisistas son una pieza clave que les permite la supervivencia hasta que adquieren la autonomía suficiente para cubrir de nuevas maneras sus necesidades. Sin embargo, un mal manejo de estos componentes naturales de la personalidad puede derivar en un trastorno que aumenta la probabilidad de sufrir otros problemas de salud mental como depresión, ansiedad o incluso adicción a drogas y otras sustancias.

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