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Entre el miedo, el trabajo y los cuidados: las barreras que alejan a las mujeres de la mamografía

Aunque la detección temprana del cáncer de mama puede marcar una diferencia en el diagnóstico y el tratamiento, realizarse una mamografía no siempre es sencillo. En Chile solo 4 de cada 10 mujeres se realizan este examen. El temor a recibir una mala noticia, la falta de tiempo para compatibilizar el trabajo con las responsabilidades de cuidado y las dificultades para acceder al sistema de salud son algunos de los obstáculos que pueden llevar a postergarlo.

La mamografía es uno de esos exámenes que muchas mujeres saben que deben realizarse, pero que no siempre consiguen priorizar. A veces, la agenda laboral está demasiado llena; otras, encontrar a alguien que cuide a los hijos o a un familiar dependiente parece una tarea imposible. También están quienes prefieren no saber, quienes sienten angustia ante la posibilidad de un diagnóstico de cáncer, y quienes no saben cómo acceder a una atención oportuna por falta de información o porque viven en zonas alejadas de un centro de salud.

Esas barreras dificultan el acceso a un examen que puede hacer una gran diferencia. El cáncer de mama es el cáncer más frecuente en mujeres a nivel mundial, y en Chile constituye la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres, con un promedio de cinco muertes al día por esta enfermedad.

Es por esto que la detección temprana es especialmente relevante. El doctor Badir Chahuán, jefe de la Unidad de Cirugía Oncológica y Reconstructiva de Mama del Instituto Oncológico FALP, explica que la mamografía “permite identificar lesiones que aún no son palpables y que pueden encontrarse en etapas iniciales, cuando las posibilidades de curación son mayores”. Esto puede ampliar las alternativas de tratamiento y mejorar el pronóstico. “Ningún otro examen reemplaza la mamografía como método de detección precoz”, agrega Chahuán.

El especialista señala que cuando la enfermedad se detecta en etapas tempranas, las posibilidades de curación son entre el 90 al 95%, además, permite ofrecer tratamientos menos extensos. “La detección precoz no solo aumenta las posibilidades de curación; también puede significar tratamientos menos agresivos, menores secuelas y un menor impacto para la paciente, su familia y el sistema de salud.”, dice Chahuán.

Sin embargo, hablar de prevención no consiste únicamente en recordar la importancia de los controles. También implica preguntarse qué dificulta que las mujeres puedan realizarlos y cuáles son las condiciones que hacen que, incluso cuando existe conciencia sobre su importancia, la mamografía termine quedando para después.

La falta de tiempo

Para muchas mujeres, realizarse una mamografía requiere reorganizar una jornada que ya está ocupada por el trabajo, los traslados, las tareas domésticas y el cuidado de otras personas. Pedir permiso en el trabajo, coordinar una hora médica, conseguir quién cuide a los hijos o acompañar a un familiar dependiente puede transformar un procedimiento preventivo en una operación logística.

Si bien, en nuestro país el Código del Trabajo establece que las trabajadoras mayores de 40 años cuentan con el derecho de medio día laboral pagado para realizarse la mamografía, la postergación no siempre responde a una decisión consciente de descuidar la salud. Puede ser la consecuencia de una rutina en la que las necesidades de los demás ocupan el primer lugar y el tiempo propio se vuelve escaso. “Las mujeres en nuestro país, en general, carecen de tiempo y, a su vez, lidian con una carga mental importante. En ese sentido, el autocuidado pasa a un segundo plano si no existen síntomas que generen una sensación de urgencia, porque se priorizan las demandas más inmediatas relacionadas con el trabajo, la crianza o el cuidado de otros”, dice Paula Vásquez, psicooncóloga de la Unidad de Salud Mental de FALP.

En ese sentido advierte que “postergar sistemáticamente el autocuidado tiene un impacto importante en términos psíquicos y emocionales, y puede generar inicialmente un desgaste que, de no ser atendido, puede derivar en síntomas ansiosos o depresivos”. Además, concuerda con el doctor Chahuán que, el caso de la mamografía, postergar este tipo de acciones de autocuidado puede llevar a detectar la enfermedad en etapas más avanzadas, lo que puede implicar tratamientos más invasivos, un peor pronóstico y “una experiencia emocional marcada por el agotamiento y la culpa acumulada”.

Así, la prevención deja de ser solamente una cuestión de voluntad individual. También depende de que existan condiciones que permitan ejercerla: horarios compatibles con las jornadas laborales, disponibilidad de horas, centros de salud accesibles y redes de apoyo para quienes tienen personas a su cargo. “Muchas mujeres internalizan estas barreras estructurales como si fueran una falla personal, lo que alimenta la culpa y la vergüenza y, con ello, las aleja aún más de la prevención”, señala Vásquez.

Miedo que paraliza

La incertidumbre que precede a un examen puede despertar ansiedad, especialmente cuando existe el temor de que un resultado altere la vida cotidiana, las relaciones familiares o los proyectos personales. “A través de la evitación, se busca disminuir la ansiedad que el examen puede provocar. Evitarlo alivia la ansiedad de manera inmediata, pero no resuelve el problema de fondo”, advierte Paula Vásquez.

Esta reacción no necesariamente responde a una falta de información. Una mujer puede conocer los beneficios de la detección temprana y, aun así, sentir que no está preparada emocionalmente para afrontar un posible diagnóstico. Entre saber que un examen es importante y conseguir realizarlo existe, en ocasiones, una distancia marcada por el miedo.

La especialista explica que este temor puede aparecer a causa de diversos factores. Uno de ellos tiene relación con creencias en torno al cáncer como la idea de que no existe un tratamiento o que la enfermedad causa mucho dolor. “Estas creencias pesan aún más cuando la persona ha tenido un familiar que padeció la enfermedad”, añade Vásquez. Por otro lado, la psicooncóloga plantea que puede surgir temor frente a sentir dolor en el examen: “Si bien las mujeres suelen describirlo más como una molestia, la expectativa de sentir dolor puede influir en la postergación, al igual que haber tenido una experiencia dolorosa anteriormente”.

Para Vásquez una de las formas para ayudar a disminuir la ansiedad y temor frente a la mamografía es “validar sin castigar, acoger el miedo y no juzgar severamente el tiempo de postergación, ya que ese mismo juicio podría reforzar la evitación y alejar a la persona de la consulta”. Además, destaca la importancia de ofrecer psicoeducación concreta y realista, explicando en qué consiste la mamografía, cuánto dura, que la mayoría de los resultados son normales y que la detección temprana permite acceder a tratamientos menos invasivos y lograr un mejor pronóstico.

No es solo tarea de las mujeres

El miedo a un diagnóstico, la sobrecarga de cuidados y las dificultades para acceder al sistema de salud son experiencias distintas, pero todas pueden interponerse entre una mujer y un examen preventivo.

Frente a estas barreras, las respuestas también deben ser diversas. La orientación y el acompañamiento emocional pueden ayudar a enfrentar la ansiedad, además, una mayor flexibilidad horaria y mejores condiciones de acceso pueden facilitar los controles de quienes trabajan y cuidan. “No basta con realizar una mamografía, el sistema debe ser capaz de responder rápidamente cuando el examen muestra una alteración. Eso implica contar con acceso oportuno a imágenes complementarias, biopsia, anatomía patológica, evaluación por especialistas y, si se confirma un cáncer, iniciar el tratamiento sin demoras innecesarias”, advierte el doctor Chahuán.

La psicooncóloga agrega que es importante entender las razones por las que muchas mujeres postergan el examen, ya que “una postura punitiva puede llevarla a seguir evitando el examen, al sentirse constantemente juzgada por la decisión que ha tomado. Debemos partir por comprender qué ha motivado esa postergación y validar esas razones”.

La prevención del cáncer de mama suele presentarse como una responsabilidad individual. Pero para que una mujer pueda realizarse una mamografía necesita algo más que conocer su importancia. Requiere tiempo, acceso, información y, en algunos casos, apoyo para enfrentar sus temores.

Acercar la mamografía a las mujeres implica reconocer esas diferencias y dejar de pensar la prevención únicamente como una decisión personal. También significa construir condiciones para que cuidar de la propia salud no sea un privilegio reservado a quienes tienen más tiempo, recursos o facilidades para acceder a la atención médica.

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