Por María José Abud Sala cuna: la Cámara debe estar a la altura

Hoy la Comisión de Trabajo de la Cámara vota en general el proyecto de Sala Cuna, que llega del Senado sin financiamiento y con la titularidad del derecho traspasada desde los trabajadores a sus hijos. Por lo tanto, es un cascarón vacío: sin recursos que permitan implementarlo y con la incoherencia de otorgar a niños un derecho laboral.
A estas alturas, lo ocurrido en el Senado, tanto por parte de la oposición como del oficialismo, es simplemente una falta de respeto hacia las mujeres. Llevamos cerca de 30 años sin lograr consenso político, mientras el artículo 203 del Código del Trabajo es la principal barrera para la contratación. Con un desempleo femenino de 10,3% que no cede y un amplio acuerdo técnico sobre la necesidad de garantizar el derecho a todos los padres que trabajan y eliminar el impuesto a la contratación de mujeres, los parlamentarios parecen no darse por enterados.
Los diputados deben recordar que la iniciativa no parte de cero: se construye sobre el texto del Presidente Piñera, al que posteriormente los presidentes Boric y Kast ingresaron indicaciones sustitutivas. Reabrir aspectos ya acordados, como la titularidad del derecho, el uso en jardines privados y públicos o el universo de beneficiarios, es desconocer los consensos alcanzados en el tiempo. Quedan temas por resolver, y debieran abordarse en un debate serio: reponer un mecanismo de financiamiento, definir el sistema de copago y garantizar apoyo a la red pública de salas cunas.
La propuesta de ChileMujeres, que ComunidadMujer respaldó y expuso en la Cámara, es una salida razonable. Primero, reduce la cotización al Fondo de Sala Cuna de 0,35% a 0,30%, mediante la reasignación de 0,1% de la cuenta individual y 0,2% del Fondo Solidario del Seguro de Cesantía. Además, exige un compromiso fiscal si los recursos no alcanzan y un monitoreo permanente para garantizar que las prestaciones del seguro no se vean afectadas. La Superintendencia de Pensiones ha sido clara: el proyecto no compromete la sustentabilidad de largo plazo del Fondo de Cesantía Solidario. Tampoco se usan ahorros de los trabajadores, sino que se reasigna cotización futura del empleador. Por otra parte, se propone devolver la titularidad a madres y padres, incluir desde el primer año a trabajadoras de casa particular e independientes, limitar el copago al 10% del aporte y financiar, con cargo al fondo, la extensión de horario y calendario de la red pública.
La reforma perfecta no existe y, mientras no lo asumamos, seguiremos perdiendo oportunidades. Falta realismo y sentido de urgencia. En la crisis laboral, no es posible financiar el proyecto con nuevas cotizaciones del empleador. Tampoco es cierto que el proyecto desprotege la infancia. Por el contrario, impone requisitos del Mineduc a las salas cunas y enfrenta el alto cuidado informal. Los mismos parlamentarios que reclaman que el plan de emergencia laboral es insuficiente dejan pasar una oportunidad concreta. Esperemos que la Cámara no la desperdicie.
Por María José Abud, directora ejecutiva de Horizontal
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