Ni rápido ni lento: así funciona el metabolismo
El metabolismo no es solo quemar calorías ni explica por sí solo el peso. Especialistas desmitifican creencias instaladas y aclaran qué factores realmente influyen en su funcionamiento, poniendo el foco en los hábitos más que en soluciones rápidas.
Hace unos días el medio estadounidense Bustle publicó un artículo titulado: ¿Estamos entendiendo el metabolismo de forma completamente errónea? En él se sugiere que la cultura del bienestar ha instalado una mirada reducida, e incluso errónea, sobre su funcionamiento.
A partir de esos planteamientos, conversamos con especialistas para poner en tela de juicio algunos de los mitos más extendidos, y revisar qué hay de cierto y qué no en las creencias que circulan social y culturalmente sobre el metabolismo.
Lo primero que hay que decir es que, cuando hablamos de metabolismo, es clave entender que no se trata solo de alimentación. En rigor, abarca múltiples procesos bioquímicos que ocurren constantemente en el cuerpo, desde funciones básicas como la respiración y la actividad cerebral, hasta la contracción muscular. Es decir, no es algo que se activa al comer o hacer ejercicio, sino que está en funcionamiento permanente.
Muchas veces usamos la palabra metabolismo para referirnos al gasto energético, es decir, la cantidad de energía que el cuerpo utiliza para sostener todos estos procesos bioquímicos. Y ahí aparece una distinción importante: si bien el metabolismo y el peso no son lo mismo, sí existe una relación entre el gasto energético y el equilibrio del peso corporal.
Como explica la doctora Valentina Serrano, nutrióloga y jefa del Departamento de Nutrición, Diabetes y Metabolismo UC, “el equilibrio del peso está determinado por la energía que yo ingiero en forma de calorías de los alimentos y la energía que yo gasto”. Este gasto energético se compone de distintas dimensiones. Por un lado, está el gasto metabólico basal, que corresponde a la energía que el cuerpo necesita simplemente para existir.
A esto se suma la termogénesis inducida por los alimentos, es decir, la energía que se utiliza en el proceso digestivo, y el gasto asociado a la actividad física. Incluso, en algunos casos, enfermedades o patologías pueden aumentar este gasto.
Sin embargo, no todas las personas gastan energía de la misma manera. “Existen muchos factores asociados. Una persona puede tener exceso de peso teniendo un gasto metabólico normal, sencillamente porque consume más energía de la que gasta”. Pero también ocurre lo contrario: “Hay personas que tienen gastos más bajos”, por ejemplo, cuando hay poca masa muscular. Esto es clave, porque “el tejido metabólicamente activo es el músculo”, por lo que alguien con baja masa muscular puede tener un gasto energético reducido, incluso si come menos de lo que su cuerpo necesita.
Por otro lado, Rodrigo Troncoso, doctor en Bioquímica y académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile, explica que “hay individuos que pueden presentar obesidad y no tener problemas metabólicos, lo que puede deberse a que tienen una vida activa físicamente o a que tienen una carga genética que los proteja del desarrollo de estas enfermedades”. Por lo que la relación del peso y el metabolismo puede variar por diversos factores como genética o enfermedades de base.
En paralelo, en los últimos años ha surgido un boom de suplementos que prometen mejorar o acelerar el metabolismo. Sin embargo, la doctora Serrano asegura que es mejor implementar hábitos cotidianos: “Ningún suplemento tiene la suficiente evidencia de que solo ingerirlo te va a ayudar en algo”. La idea de que una pastilla puede modificar de forma significativa el metabolismo, sin cambios en el estilo de vida, es más marketing que realidad.
Entonces, lo que realmente funciona vuelve a lo básico. “La mejor intervención, lejos, es hacer actividad física”, dice Serrano, no solo por el gasto energético que implica en sí mismo, sino también por sus efectos en la composición corporal. En particular, el entrenamiento de fuerza permite aumentar la masa muscular, lo que a su vez eleva el gasto metabólico.
Rodrigo Troncoso adhiere a esa idea, y asegura que antes de tomar suplementos es importante definir cuál es el objetivo para el cual se quieren consumir. “El mejor consejo es tener una alimentación balanceada, realizar ejercicio físico que incluya tanto ejercicio aeróbico como de fuerza y seguir el tratamiento médico”, añade.
Más allá de soluciones rápidas, el foco está en los hábitos: “La mejoría del metabolismo va de la mano con realizar más actividad física”, asegura la doctora Serrano y, sobre todo, con mantenerse activo a lo largo del día. Porque, al final, el metabolismo no depende de un truco puntual, sino de la suma de decisiones cotidianas que sostienen el funcionamiento del cuerpo en el tiempo.
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