¿Cómo Instagram está afectando la salud mental de los adolescentes?

Luego de que el Wall Street Journal develara un estudio de Facebook donde se constatan los efectos perjudiciales de la app entre los adolescentes, el tema ha quedado sobre la mesa: ¿Cómo lidiamos con la presión de la red social en nuestra vida? Algunos especialistas analizan el panorama y entregan consejos.


Trastornos alimentarios, ansiedad, depresión, baja autoestima y más. La red social Instagram está generando diversos problemas de salud mental en adolescentes, quienes día a día se ven expuestos a contenidos que muestran vidas aparentemente perfectas, cuerpos cincelados, desafíos para bajar de peso y paisajes de ensueño. Lo anterior forma parte de informes internos de Meta, propietaria de la red social y que el Wall Street Journal ha dado a conocer.

“La toxicidad de las redes sociales viene principalmente de la presión que existe por mostrarse de formas que se conocen como el ideal”, dice Daniel Halpern, académico y director de TrenDigital UC. “Instagram ha sido la principal red que ha causado problemas por el tema de la comparación social, donde se ven las imágenes ideales del resto”, añade.

“Un 32% de chicas dicen que cuando se sienten mal con su cuerpo, Instagram las hace sentir peor”, sintetiza el informe que Meta -en ese entonces Facebook- maneja desde 2019, sin realizar cambios para evitar los efectos de su aplicación de fotografías y videos, especialmente entre los más jóvenes. El mismo informe señala que “las comparaciones en Instagram pueden cambiar la forma en que las mujeres jóvenes se ven y se describen a sí mismas”.

Pero esto no se limita sólo a las mujeres, los hombres también han demostrado sentirse mal con su imagen tras el uso de la aplicación. Informes sobre imagen corporal demostraron que el 40% de los adolescentes varones experimentan una comparación social negativa.

La investigación, a la que tuvo acceso The Wall Street Journal, concluyó que Instagram genera problemas en cómo los adolescentes perciben su imagen corporal. También algunos jóvenes culpan a la red social del aumento de las tasas de ansiedad y depresión.

Si bien estos estudios realizados por la compañía demostraron lo dañino que Instagram podría llegar a ser para niños y adolescentes, de manera pública Meta no ha reconocido estos problemas. “La investigación que hemos visto es que el uso de aplicaciones sociales para conectarse con otras personas puede tener beneficios positivos para la salud mental”, dijo Mark Zuckerberg en una audiencia del Congreso en marzo de este año.

De acuerdo a estudios del equipo de Instagram, la unidad perteneciente a Meta habría estado al tanto desde hace un tiempo de los problemas psicológicos que genera en los usuarios.

Falsa realidad

Según los expertos, el principal problema que ha dado Instagram a los adolescentes tiene que ver con la comparación social y los contenidos que muestra Instagram donde se ve que los demás tienen una vida supuestamente ideal, pero alejada de la realidad. Algo que puede afectar de igual manera a los niños y adolescentes de todo el mundo.

Pero, ¿por qué esto afecta principalmente a los adolescentes? El motivo tiene que ver con la etapa de desarrollo personal que están viviendo, donde los niños pasan de tener como referente a sus padres a relacionarse con sus pares y a buscar validación en ese entorno.

Michelle Fahrenkrog es psicóloga infanto-juvenil en el centro de terapia Munay y explica: “En esta etapa, el sentido de identidad y pertenencia es super importante. Ahí las redes sociales ocupan un rol fundamental que puede resultar perjudicial ya que prioriza la imagen versus un intercambio desde el sentido de comunidad”.

En ese sentido, Soledad Garcés, académica de la Universidad de los Andes y Directora de la Fundación para la Convivencia Digital, profundiza. “Si tus pares están constantemente mostrando una vida perfecta donde solo se luce el valor del cuerpo y la vida perfecta, que es lo que uno comparte en las redes sociales, te empiezas a dar cuenta que tu entorno tiene una vida más feliz o exitosa que la tuya. Eso empieza a afectar en la autovaloración y en la manera en que te relacionas con el entorno”, señala.

El funcionamiento de los algoritmos de las redes sociales como Instagram también afecta en cómo los adolescentes interactúan y se ven expuestos a los distintos contenidos que se les presentan. Daniel Halpern explica que “siempre sale lo que tiene más posibilidad de que la gente le ponga like. Los críticos dicen que no hay que poner siempre en el algoritmo al niño o la niña bonita, o al más popular, porque eso es lo que causa esa comparación constante y que hace que uno se sienta menos. Entonces, la crítica hacia la parte técnica es contra el algoritmo, porque no puede ser que tu estés constantemente confrontando a los adolescentes con este yo ideal. Eso es lo que se está peleando”.

La psicóloga Michelle Fahrenkrog comenta que la dinámica de Instagram empeora la relación de los adolescentes con los contenidos que consumen. “Entendiendo como Instagram opera eso, fomenta que la situación escale a veces, porque me muestro de tal forma y recibo un like, pero es una interpretación muy subjetiva. ¿Qué significa ese like finalmente? Voy y reacciono a una foto y se pierde mucho de la comunicación. Eso también puede generar efectos negativos si es la única manera de expresión o de mostrarse al mundo”.

No solo la depresión y la ansiedad han sido algunos de los efectos declarados por los adolescentes en esta investigaciones de Meta. Tal como lo muestra también el reportaje de The Wall Street Journal, existen casos de adolescentes que reconocen haber desarrollado trastornos alimentarios producto de su exposición a Instagram y sus contenidos.

La doctora María José Figueroa, nutrióloga infanto-juvenil de la Clínica Alemana, comenta que el tema de la insatisfacción corporal viene de dos aristas: la presión social por ser delgado y la idealización de la delgadez como modelo de salud e imagen corporal. “Eso es lo que nos muestran las redes sociales en general. Instagram en particular nos muestra una realidad que está filtrada y tergiversada. Especialmente los jóvenes asumen esto como un estereotipo de felicidad, belleza y satisfacción”, señala.

Frances Haugen, extrabajadora de Facebook, fue quien filtró la información y ha estado en los últimos meses en la palestra mediática.

Desde su especialidad, la nutrióloga confirma lo que las investigaciones sobre Instagram han revelado. “La autoestima centrada en la imagen corporal es uno de los puntos claves para posteriormente desarrollar un trastorno de conducta alimentaria, entonces claramente la influencia de las redes sociales ha producido este aumento en los trastornos de conducta alimentaria”, añade.

Equilibro online y offline

Con las redes sociales tan incorporadas en nuestro día a día, es complejo pensar en soluciones eficaces para evitar este tipo de problemas. Se ha puesto en debate la regulación de las redes sociales, y algunos tipos de padres optan por no permitir el uso de estas plataformas. Sin embargo, los especialistas coinciden en que hay que equilibrar ambos mundos, el online y el offline, a través de actividades que potencien la comunicación física.

“Yo no descartaría usar redes sociales, creo que aportan y a los adolescentes les sirven como una manera de comunicación, pero la red social que tenemos que incentivar es la real”, define Soledad Garcés. En la misma línea, Daniel Halpern ahonda en dos iniciativas: promover el mundo offline y aprovechar las herramientas técnicas del mundo digital para regularlo. “No cargar el teléfono en la pieza, no poner en la pantalla de inicio Instagram y quitar las notificaciones”, son algunas acciones clave que recomienda.

Conversar sobre el funcionamiento de la redes sociales y el acceso a la información también es fundamental para la psicóloga Michelle Fahrenkrog: “Es importante entregar una supervisión de los adultos desde la perspectiva de explicar cómo funciona el acceso a la información, las condiciones de uso, hay que informarse para resguardarnos también”. Sin embargo, también concuerda en la promoción de las actividades en persona, más allá de lo digital, donde se potencien las relaciones reales. Lo digital, no hay que restringirlo, dice. Es parte de la edad explorar más allá.

Uno de los puntos más recientes y que fue revelado este mes por un equipo de investigadores australianos, es que Meta -a través de Facebook e Instagram- recopila información de los usuarios menores de 18 años cuando utilizan sus redes sociales a través de un navegador web. A través de estas, podrían acumular data de otros sitios que visiten y lo que ven en otras pestañas mientras tienen esas plataformas abiertas. Por ejemplo, si un adolescente de 14 años tiene su Facebook abierto y revisa un sitio de videojuegos o busca algún producto, Meta podría saber y rastrear estos intereses y que les permitiría saber con cierta exactitud las preferencias de sus seguidores. La compañía, a través de su portavoz, negó las acusaciones y apeló a preocuparse por la estabilidad de los más pequeños.

La privacidad de la información de los adolescentes es clave, porque la compañía busca retenerlos para crear nuevos productos a futuro especialmente para ellos. El gran problema es que, al realizar todo este tipo de indagaciones, el conglomerado de redes sociales Meta cae en malas prácticas y descuidos, tales como provocar daños psicológicos indirectamente a sus usuarios.

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