Del Internet de las Cosas al Internet del Cuerpo

Cada vez son más dispositivos los que recopilan información sobre los cuerpos de los usuarios. Y muchos más los que comienzan a surgir y que se mezclan con el mismo organismo. Ilustración: Vicente Martí.

Los dispositivos ya no solo apuntan a comunicarse entre ellos y a automatizar procesos, sino que las compañías comienzan a generar equipos que dialoguen y permitan mejorar la calidad de vida humana desde el mismo cuerpo. Acá te contamos más sobre esta nueva tendencia.


El del IoT (Internet de las cosas) es un desarrollo que venimos viendo desde hace años y, de acuerdo de los distintos avances y tecnologías, está cada vez más integrado al día a día de los usuarios. Desde cámaras inteligentes que están interconectadas en un sistema de seguridad del hogar, que puede ser monitoreado a distancia; asistentes de voz que pueden controlar todo desde una misma central; parlantes e impresoras inalámbricas, entre otros tantos. Y mucho más en el mundo industrial. Pero el IoB (Internet of Bodies, según sus siglas en inglés) es otro concepto que ha ido ganando terreno, para dar un paso más allá de “las cosas” e insertarse en las rutinas de los mismos usuarios y sus cuerpos.

Los dispositivos IoB son aquellos que, en el cuerpo humano y conectados a internet o bluetooth, pueden motivar -según sus resultados- a producir cambios o controles en la rutina. Existen desde aparatos inteligentes que pueden ser externos, como los smartwatch, por ejemplo, y que pueden registrar ritmo de sueño, estrés, entre otras tantas cosas. Pero también los hay internos, como marcapasos que envían sus datos al exterior a través de un monitor y que permite ver toda la información en el teléfono celular. El siguiente nivel es un paso más allá, cuando todos esos aparatos estén interconectados y faciliten data en tiempo real.

Según Felipe Gómez, director de desarrollo de Claro Chile, se espera que en los próximos años la tendencia experimente un sólido desarrollo, particularmente desde el lado de la salud. Y plantea que, así como hace algunos años se dieron los primeros pasos en el tema con la adopción de aparatos wearables, que miden productividad y signos vitales, entre otros, se espera que con el IoB -de la mano de la analítica- se puedan prevenir y gestionar de una mejor manera el estado de salud y calidad de vida.

Los dispositivos wearables forman parte del ecosistema IoB y que recopilan información en tiempo real de, por ejemplo, frecuencia cardíaca, ritmos de sueño, estados de estrés o relajo, entre otras.

“Analizando la data de los parámetros corporales y aplicando machine learning, se podría predecir la probabilidad de ocurrencia de algún problema de salud, como por ejemplo un ataque cardíaco u otros. Esto permite que las personas y su entorno puedan reaccionar a tiempo, mejorando las expectativas de recuperación y su calidad de vida”, dice Felipe Gómez. De hecho, es el mismo sector de la salud el que hace años viene apuntando hacia el tema.

Medicina conectada

En 2017 la FDA aprobó la primera pastilla inteligente -smart pill-, orientada a pacientes con esquizofrenia. El dispositivo, denominado Abilify MyCite, tiene un sensor ingerible incrustado en su interior y que registra si los usuarios han consumido su medicación del día. Pero no es solo eso. A través de una app pueden ver sus ciclos de sueño, actividad física, registrar ellos mismos sus estados de ánimo a través de emojis, y así los especialistas médicos tienen contacto casi en vivo y en directo con lo que esté sucediendo con su atendido.

Dos años después, también en Estados Unidos, se sumó EtectRx y que comenzó a comercializar su píldora de gelatina con un sensor inalámbrico incorporado para detectar las ingestas de medicamento y así monitorear a los pacientes, a través de un receptor -similar a un walkie talkie- que recibe la información y que puede ser revisada a través de una app móvil. Una vez disuelta la cápsula, el sensor es eliminado naturalmente por el organismo sin peligro alguno.

De acuerdo a Javier Morales, académico de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, estos dispositivos una vez al interior del tracto gastrointestinal empiezan a enviar señales por vía remota con respecto del bienestar del paciente a dispositivos externos y que pueden procesar esta información y facilitar diagnósticos que puedan lograr entregar terapias de mayor precisión sobre lo requerido. “Sería como un smartwatch, pero estaría en el tracto gastrointestinal y el propósito es dar datos del paciente a través de señales al exterior que puedan generar algún tipo de alarmas de tratamiento o conectar con el médico”, plantea el doctorado en Farmacia de la Universidad de Texas en Austin.

Este tipo de dispositivos, aplicados al sector médico o farmacológico, permitiría desarrollar, por ejemplo, lo que es la medicina de precisión. Como habrán más datos de los pacientes, con las píldoras y otros dispositivos que sumarán cada vez más información, se podrán entregar terapias ajustadas a las propias necesidades y no necesariamente suministrar pastillas u órdenes médicas genéricas.

El paradigma actual es crear cápsulas que tienen potencias definidas y así los pacientes se van dosificando. “A lo mejor un usuario no responde a los 100 mg, y necesita 323 mg, o los 200 mg pueden ser una sobredosis para otros y solo les basta con 42. Entonces, con el concepto de la medicina de precisión se podría entregar dosis mucho más definidas al milígramo o microgramo de acuerdo a cada paciente”, dice el también profesor de Biofarmacia y Farmacocinética.

Para el desarrollo de este tipo de tecnología, que en Chile aún no se trabaja, habrá que hacer “un esfuerzo entre las agencias que trabajen con electrónica y robótica, con agencias como el ISP o cientistas farmacéuticos que trabajen en el material de la recubierta que transportará a este dispositivo”.

Eso sí, asegura que como las píldoras tienen fecha de caducidad y se requiere, en algunos casos, de monitoreo en un periodo extenso, probablemente los formatos varíen. “Porque algo puede ser ingerido por la boca, pero evidentemente eso significa expulsarlo, por mucho que uno pueda trabajar en sistemas de mayor permanencia: en esos casos, quizás se prefieran los implantes”, propone Morales, también director del Centro de Nuevos Fármacos para la Hipertensión (CENDHY).

Abilify MyCite se transformó en 2017 en la primera píldora admitida por la FDA para su uso. Orientada para el tratamiento de la esquizofrenia, permite hacer un monitoreo de los pacientes, si ingirieron su medicamento, rutinas y ellos mismos calificar a través de una app su estado anímico.

En el horizonte, asegura el especialista, se podría implementar la medicina personalizada de forma doméstica o en farmacias comunitarias. “A través de lo que se sepa del paciente, según los datos recopilados por estos dispositivos, que la información se integre, reciba un cuerpo médico y genere un diagnóstico. Y según el tratamiento que se le realice, pueda ir a buscarlo ahí o incluso imprimirlo en su propia casa, pero ahí hay más implicancias regulatorias”, estima.

El cuerpo como máquina

Si bien los dispositivos IoB han ido ganando terreno, hay otro sinnúmero de áreas donde podrían hacerse presentes. Uno de estos es el de las prótesis, que podrían beneficiar a las buenas prácticas de sus dueños y un mejor mantenimiento. América Silva, CEO de TakeaHand, compañía de impresión de próstesis 3D con oficinas en Chile, Venezuela y Costa Rica, dice que el internet aplicado al objeto puede ayudar a la autocalibración de esta y su mantenimiento.

La diseñadora industrial indica que existen muchas ventajas en las que se puede llegar a aplicar internet a las prótesis, e incluso ya trabajan proyectos al respecto. “La prótesis puede avisar ya no en función de un estimado de duración, sino de uso y actividades que se están realizando”, asegura. De hecho, como estas herramientas pueden contar con más de veinte componentes en su versión más sencilla, es muy necesario mantenerla. “En el proceso de rehabilitación, la misma prótesis puede mandarte información a un dispositivo de si la actividad que estás realizando es suficiente, si necesitas corregir la postura, entre otras”, detalla.

Como trabajan principalmente con pacientes de diabetes y adultos mayores, tienen mucho tiempo de vida sedentaria. “Regular y poder guiar el proceso de rehabilitación habiendo mediciones precisas de la prótesis, como los pasos que ha caminado, el tiempo que ha permanecido de pie o sentado, pueden ayudar al proceso total y de entrenamiento para actividades futuras”, precisa Silva. Actualmente fabrican las piezas con impresión 3D, pero la diseñadora afirma que ya se le pueden incorporar sensores y capacidad de respuesta, para dar feedback tanto analógico como digital.

Existen otros proyectos al rededor del mundo, algunos mezclando el control robótico con el control voluntario, e incluso una iniciativa de brazo prostético que, anexado al cuerpo, a través de un algoritmo y sensores entrega una retroalimentación sensorial confiable a través de impulsos eléctricos. De todas formas, en cuanto este tipo de dispositivos vayan añadiendo características para conectarse a la red u otros aparatos, adquirirán mayores alternativas de uso y se podrán, tal como afirma Silva de TakeaHand, mejor sus propios cuidados a través de avisos en directo.

Existen algunos dispositivos protésicos que, a través de sensores, ya envían señales y permiten monitoreo a través de distintos aparatos. Con la masificación de la tecnología, podrían incluso mejorarse los procesos de rehabilitación y la adaptabilidad del usuario a la prótesis.

El futuro es la mente

Cuando Elon Musk mostró en 2020 a Gertrude, un cerdo con un implante cerebral bajo su firma Neuralink, produjo desde impacto a molestia en los distintos sectores. Fueron tres animales los que mostró en ese entonces: uno que había tenido implantado su dispositivo de interfaz cerebro-computador, otro que estaba en su estado natural y Gertrude. A eso se sumó Pager en abril, un mono al que el empresario instaló dos chips -uno en cada lado del cerebro- y lo mostró en un video jugando videojuegos “con la mente” y que está conectados al exterior a través de bluetooth. A través de estos, pueden saber los movimientos que realizará el animal antes de realmente accionarlos y, según indica el mismo Musk, este aparece jugando con una palanca, pero está completamente desconectada.

La invención de Musk fue mostrada con principal enfoque en la población tetrapléjica, para que en un futuro, aseguró, puedas incluso controlar teléfonos móviles “por telepatía”. Pero eso está por verse. Los avances, indican expertos en el área, apuntan a que los mismos dispositivos IoB pretenden ir más allá del cuerpo mismo y se dirigen también a la mente. Uno de los grandes temas en este sentido, asegura Felipe Castro, jefe de robótica de Austral Robotics y que trabajan en robótica industrial en Chile desde hace años, será la ciberseguridad de los equipos, porque al haber más información de los usuarios y tan personal como es aquella proveniente del mismo cuerpo, los peligros pueden ser mayores. Y plantea su visión de futuro. “La siguiente frontera es el cerebro y no necesariamente lo biológico, porque actualmente ya hay muchos elementos que son absorbibles, pero cómo es el cuerpo e incluso el acto humano, es algo aún en desarrollo”, plantea el también profesor de la Universidad Andrés Bello.

El implante cerebral de Neuralink permitiría controlar objetos "con la mente". Elon Musk ya ha mostrado a animales con el chip implantado. Uno de ellos, un mono, jugaba un símil a "Pong" a través de lecturas cerebrales.

El de Musk, pronostica Castro, es solo un primer paso. En el Tesla Ai Day de agosto pasado, el empresario mostró el que sería su Tesla Bot. Complementado al chip cerebral, incluso podría manejar al robot con la mente como si de un avatar se tratara. “Y son los primeros pasos a la época del cyber-punk, de entes que sí tienen derechos y personas que no, cuáles son los derechos y roles”, plantea. El de los neuroderechos es un debate que ha tomado impulso y, de hecho, en los últimos días se aprobó legislar para protegerlos, consagrarlos como derechos humanos y que busca proteger al cerebro de la tecnología, siendo Chile el primer país que tendría una primera ley sobre el tema.

Castro reitera que “la información será mucha y la vulnerabilidad algo increíble, siendo un arma de doble filo”. Javier Morales, profesor de la Universidad de Chile, recalca el punto: “La generación de volumen de datos y su seguridad es un riesgo. Es información súper sensible sobre el estado de salud o psicológico de las personas, y podrían ser susceptibles de ataques de seguridad. Parte de la discusión tiene que ver con eso”.

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