El Venture Capital estadounidense que apuesta por las startups de La Araucanía

Uno de los primeros proyectos apoyados por Devlabs fue Lirmi, plataforma diseñada para ayudar a la labor de los profesores que hoy funciona en seis países.

Devlabs lleva varios años financiando proyectos de la región, donde han encontrado emprendedores “resilientes” y “con mucha hambre”. Ahora buscan seguir desarrollando la industria del capital de riesgo en Chile y ayudar a la internacionalización de sus proyectos.


En 2009, Rubén Hernández, fundador de Devlabs junto a José López, viajó a Chile y tuvo su primer contacto con el ecosistema de startups nacional. En ese entonces, Hernández era parte de la Cámara de Comercio de San José, California, para la cual organizaba distintas misiones de inversión a otros países, por lo que al poco tiempo fueron contactados por la Corporación del Desarrollo de La Araucanía, que los invitó a financiar proyectos de energías renovables.

Ahí comenzó un intercambio que incluyó visitas a Silicon Valley por parte de emprendedores de la región y viajes a La Araucanía para conocer proyectos que estaban surgiendo en la zona. En su primera visita a Temuco, Hernández entrevistó a casi 200 líderes de empresas en unos pocos días y decidió invitar a Estados Unidos a algunos de los que tenían más proyección.

Uno de esos proyectos fue Lirmi, plataforma de software diseñada para ayudar la labor de los profesores que hoy funciona en seis países y que dio algunos de sus primeros pasos en esa estadía en Silicon Valley.

Ya en 2013, Hernández y López decidieron canalizar aún más la labor que estaban haciendo y fundaron oficialmente Devlabs, un Venture Capital con el que querían invertir montos de entre US$ 5.000 y 30.000 en ecosistemas pequeños de California.

Aterrizaje en La Araucanía

Debido a su conexión previa con Chile, el proyecto no tardó en desembarcar en el país, específicamente en La Araucanía. “Queríamos desarrollar un espacio de trabajo para lo emprendedor de la universidades y de las empresas que estaban ahí”, recuerda Rubén Hernández.

De a poco fueron realizando inversiones ángeles en distintos proyectos y en 2016 comenzaron a levantar su primer fondo de capital de riesgo, con apalancamiento del Fondo de Etapas Tempranas de CORFO. En esa instancia levantaron US$ 2 millones de privados, provenientes en su mayoría de inversores de Estados Unidos.

El fondo lo lanzaron en 2018 y una de las primeras startups beneficiadas fue QVO, que luego fue adquirida por la fintech ecuatoriana Khuski. Tres años después, esta se convertiría en el primer unicornio (startup valorizadas en más de US$ 1.000 millones) del portafolio de Devlabs.

Camila Gutiérrez y Carol Allende, fundadoras de ComeS, startup que hoy está funcionando desde Silicon Valley.

Desde aquel entonces, casi 20 empresas chilenas han sido financiadas por ese fondo, de las cuales un 60% están lideradas por mujeres, como ComeS, una plataforma que une a pequeños productores de alimentos con tiendas y restaurantes. Ahora en febrero el fondo cerrará su período activo de inversión y solo continuará haciendo seguimientos para las startups ya beneficiadas. “Ya estamos planificando cuál es el siguiente paso, viendo si vamos a lanzar otro fondo”, comenta Hernández.

El fundador de Devlabs también destaca como sus prioridades el seguir fortaleciendo la industria del capital de riesgo en Chile. Bajo esa misma línea, hoy son miembros de la ACAFI (Asociación Chilena de Administradoras de Fondos de Inversión) y de la ACVC (Asociación Chilena de Venture Capital).

“Hay muy pocos fondos de capital de riesgo en Chile y los que están activos ahora serán como cinco o siete. Los conocemos a todos y los invitamos a que participen en las rondas de inversión con las startups, para que coinvirtamos. Ahora también los otros fondos están empezando a invitarnos a sus rondas de inversión y se está viendo una comunidad bastante robusta, donde nos conocemos, nos reunimos y trabajamos juntos para apoyar a los equipos donde coinvertimos y apoyarlos a la salida internacional, que es importante para que la industria del capital de riesgo pueda florecer en Chile”, dice Hernández.

Apostando por el crecimiento

Hernández sostiene que la forma de trabajar de Devlabs ha revolucionado en cierta forma la industria del capital de riesgo, ya que se han enfocado en empresas que están en etapas muy tempranas, al contrario del Venture Capital más tradicional, que no solía apostar por compañías que tuvieran ventas mensuales menores a US$ 30.000

“Cuando tienes una empresa que ya tiene ese motor es menos riesgoso. Nosotros empezamos a invertir cuando la empresa empieza a facturar US$ 5.000 al mes, bien temprano, y la apoyamos muchísimo. Si están en regiones, los ayudamos a que salgan rápido a Santiago o a saltarse Santiago y venirse directamente para otros mercados y ojalá directamente a Silicon Valley si están listos”, explica Hernández.

Esto también se ha reflejado en que Devlabs se ha especializado en ecosistemas más pequeños, como el de La Araucanía. El porqué de esa filosofía de trabajo se explica por varias razones. La primera es que, según Hernández, los emprendedores de esas zonas tienen más motivaciones para crear soluciones revolucionarias.

“Creemos que la transformación real de una industria, de un sector, va a venir de personas que no son parte de estos hubs tecnológicos o de innovación que ya están maduros, sino que de los que van en transformación. El incentivo que tiene un emprendedor que está en Silicon Valley para cambiar un sector, una industria mundial, es mucho menos que alguien que viene desde un ecosistema más pequeño”, comenta.

Hernández destaca además que estos ecosistemas traen oportunidades interesantes por sumas de inversión mucho más pequeñas que las que se suelen ver en los polos financieros y donde rápidamente las empresas puede generar mucho más valor.

“Eso sí que tienes que saber cómo trabajar dentro de esos ecosistemas, tener la paciencia de esperar un buen tiempo para apoyar a los emprendedores y no presionar a los emprendedores a tratar de ser unicornios cuando no están listos para serlo”, opina.

"No hay que presionar a los emprendedores a tratar de ser unicornios cuando no están listos para serlo", dice Rubén Hernández.

Hablando de la situación concreta de La Araucanía, Hernández cuenta que decidieron instalarse en el territorio debido a lo que estaba pasando en ese ecosistema. “Las universidades y principalmente los emprendedores tienen mucha hambre, mucha ambición y capacidades técnicas y de venta. Eso fue lo que nos inspiró a continuar trabajando con ellos. Y además vimos que, por ejemplo, el Estado, CORFO, le apostaron mucho al tema de emprendimiento, al tema de innovación”, explica.

Con respecto a la situación político-social de la zona, Hernández dice que no les ha afectado directamente y que también han aprendido a verlo como una oportunidad. “A los que les ha afectado bastante es a los emprendedores y a los actores del ecosistema, pero de una manera en la que ellos tienen que ser más resilientes. Tienen que ser más innovadores todavía, porque están trabajando desde un ecosistema que es bastante complejo. Si sus empresas sobreviven a ese ambiente, van a sobrevivir cualquier cosa”, cierra.

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