Política

El lazo inquebrantable de Boric y Bachelet

A pesar de la diferencia de edad -34 años- y de un inicio tempestuoso, la exmandataria se ha transformado en una consejera constante del presidente en sus cuatro años de gobierno, un vínculo que se corona con la formalización de su candidatura a la Secretaría General de la ONU.

DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Michelle Bachelet y Gabriel Boric se conocieron personalmente hace más de una década. Fue el 31 de julio de 2015, en la comuna de Primavera, en Tierra del Fuego.

A meses de que explotara el caso Caval -que vinculó al hijo de la entonces mandataria con tráfico de influencias-, Boric -recién electo diputado- había rechazado la invitación de viajar a Punta Arenas -su ciudad natal- a bordo del avión presidencial, y durante la actividad principal en un yacimiento de ENAP se había mantenido distante de Bachelet y de la delegación.

La jefa de Estado tomó la iniciativa y, a través de uno de sus asesores, se decidió a invitar al diputado a almorzar. “La presidenta quiere conocerte”, le dijeron a Boric.

Fue el inicio de una relación que se fue consolidando con los años y que hoy tiene a Bachelet como una de las principales consejeras del Presidente. “Hablamos todas las semanas”, confesó hace un tiempo Boric, quien en el año pasado asistió a su cumpleaños.

El sólido vínculo con Bachelet es una excepción en la historia de la mala relación que ha caracterizado a los dirigentes de la ex Concertación, desde donde proviene la exgobernante, y los exlíderes universitarios que conquistaron el poder a costa de criticarlos.

Un cercano a ella cuenta que Bachelet entendió tempranamente que había que sumar a esta nueva generación de líderes de izquierda que irrumpían en las universidades tradicionales. De lo contrario, sostenía en privado, “el progresismo” en Chile no tenía futuro. También supo leer que, por un “tema biológico”, el semillero político del sector estaba en el Frente Amplio. No en el PS, el PPD y menos en la DC ni el Partido Radical, agrega la misma fuente.

Pero no tendría una tarea fácil.

Al inicio de su primer mandato, se produjo la llamada Revolución Pingüina -primer semestre de 2006- donde las federaciones universitarias se sumaron rápidamente a las demandas de los estudiantes secundarios por una educación de calidad y el fin al lucro, enfrentándose rudamente al gobierno de la figura socialista, sus ministros y los partidos que la apoyaban.

La agrupación La SurDa, con Nicolás Grau (2006-2007) y Giorgio Boccardo (2007-2008) -actuales ministros de Hacienda y del Trabajo-, llegó a la FECH con un discurso muy radical contra los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y la propia Bachelet. Cuatro años más tarde, Boric, desde la Izquierda Autonomista, tomaría esa posta. En su primer discurso, el egresado de Derecho dijo que “este movimiento no está dispuesto sólo a instalar temas para que los procesen los mismos de ayer”.

En la UC, en tanto, el NAU (Nueva Acción Universitaria) revivía a la centroizquierda con nuevos liderazgos, como Pablo Vidal, Miguel Crispi, Giovanna Roa, Giorgio Jackson, Javiera Martínez y Carlos Figueroa, entre otros, abriendo un espacio político en jóvenes de sectores altos tradicionalmente afines al gremialismo.

Ambos grupos venían de los mejores colegios del país, buscaban desmarcarse de los partidos de la Concertación -que habían roncado desde la recuperación de la democracia- y miraban con recelo, distancia y cierto clasismo a las Juventudes Comunistas, que también irrumpían con dirigentas muy mediáticas, como Camila Vallejo y Karol Cariola.

El 31 de julio de 2015, Bachelet y Boric se conocieron, durante una gira de la entonces presidenta a la Región de Magallanes. En la foto aparecen ambos tras una actividad en la Empresa Nacional del Petróleo, en la comuna de Primavera.

Cercanos a Bachelet sostienen que ella no sólo miraba con simpatía a los nuevos dirigentes. “Fue una generación que la presidenta siempre respetó y tomó en serio”, agregan

Boric se posicionó como el más rebelde de esa camada de nuevos liderazgos. “Cada vez que escucho hablar a la Bachelet o sobre la Bachelet, me aburro profundamente”, tuiteó en 2011.

Los máximos dirigentes de Revolución Democrática (RD), en tanto, comenzaban a afianzar sus lazos con el bacheletismo, al punto que varios -como Miguel Crispi, Sebastián Depolo, Pablo Paredes y Nicolás Valenzuela- desembarcaron en la Fundación Dialoga, donde se instaló la exjefa de Estado al terminar su primer gobierno.

El grupo del entonces diputado de Convergencia Social -sin embargo- no daba tregua. “Para ser honesto, no creo que vaya a perdonar alguna vez a Bachelet la aprobación de la LGE y la imagen de los presidentes de la Concertación y la derecha con las manos arriba celebrando su acuerdo, señaló Grau en una columna en Ciper, en abril de 2013.

Los hijos de...

Un gesto evidente de la relación que se afianzaba con una parte del Frente Amplio la tomó Bachelet en 2014, al iniciar su segunda administración. Varios dirigentes de RD se sumaron como cuadros técnicos y de asesorías, principalmente en el Ministerio de Educación, bajo el lema de “colaboración crítica”.

En la previa, la nueva mandataria había abogado personalmente para que la ex Concertación -devenida en Nueva Mayoría- cediera un cupo a diputado por Santiago a Jackson, el líder indiscutido de RD.

Así fue como Jackson se sumó a la llamada “bancada estudiantil”, que le dio un nuevo aire al Congreso.

Boric -quien también desembarcó ese año en el Parlamento- había optado por la vía propia: se presentó en Magallanes sin el amparo de la coalición de izquierda y resultó electo logrando la hazaña de romper el binominal.

“En la Nueva Mayoría conviven dos mundos que desde mi perspectiva son irreconciliables”, afirmó en una entrevista antes de asumir.

En febrero de 2016, durante un viaje a Madrid, el parlamentario volvió a criticar a Bachelet señalando que no se sentía representado por ella, ya que su programa buscaba “humanizar un neoliberalismo desbocado” y no impulsar reformas estructurales que, a su juicio, necesitaba urgente su país.

Aunque insistía en facilitar un diálogo intergeneracional entre la nueva y la vieja izquierda, Bachelet perdió la paciencia en junio de 2017, a pocos meses de las presidenciales de ese año, al calificar a los frenteamplistas como “los hijos de...” y recordarles su condición de parentesco con ministros y autoridades de la época y su origen en los mejores colegios y universidades del país.

El lunes pasado, el Presidente Boric anunció la inscripción de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas. Diego Martin

Con todo, la mandataria solía ser en privado muy indulgente con los nacientes liderazgos, y cuando en la segunda vuelta de 2021 Boric sorprendió al pasar con José Antonio Kast, no dudó en recibirlo en su casa durante una visita de fin de año.

El gesto fue poderoso: la entonces alta comisionada de Naciones Unidas para los DD.HH. no sólo se limitó a la cita, también grabó un video que tuvo más de un millón de visualizaciones solo en Twitter.

Al llegar a La Moneda, Bachelet volvió a invitar a Boric a su casa y le propuso algunos nombres de su estricta confianza para que los tuviera en cuenta, entre ellos, sus exasesores Pedro Güell y Xavier Altamirano; sus exjefas de gabinete Paula Narváez y Ana Lya Uriarte, y sus experiodistas Haydée Rojas y Benjamín Aguirre.

La cita afianzó el reservado rol de la exmandataria como una de sus principales consejeras, cuyas observaciones han acompañado al presidente durante todo su mandato.

Según cuenta un cercano a ella, Bachelet ha sido muy crítica con Boric y su entorno frenteamplista, enrostrándoles en ocasiones actuar con más “principismo” que “pragmatismo político”, e instándolos a negociar y buscar puntos medios. Sin embargo, presisa la misma fuente, ha sido cuidadosa de intervenir directamente en alguna de las varias crisis que han golpeado a la actual administración.

En su despacho en la Fundación Horizonte Ciudadano, la exgobernante se ha reunido con muchos ministros, entre ellos, con Jackson -cuando asumió en Desarrollo Social-, Jeanette Jara -cuanto era titular de Trabajo-, Antonia Orellana (Mujer) y Ximena Aguilera (Salud).

El 9 de mayo de 2023, Bachelet recibió en su oficia al entonces ministro de Desarrollo Social, Giorgio Jackson. Él le contó que tenían un sticker de WhatsApp -que ocupaban mucho- donde aparecía ella y la frase “hay que tener, como decíamos denante chiquillas, esperanza”.

Lo que está claro es que la doctora ha estado dispuesta a poner su capital político en beneficio de Boric y su gobierno. En julio de 2022 -por ejemplo-, marcó diferencias con la postura de Lagos y Frei y apoyó el Apruebo en el plebiscito por una nueva Constitución. “No es perfecta, más se acerca a lo que yo siempre soñé”, dijo, citando una canción de Pablo Milanés. Pese a que no estaba del todo convencida y su cargo en Naciones Unidas le impedía hacer política activa, jugó al límite, apareciendo incluso en la franja del Apruebo.

Tras el fracaso constitucional y ante la expectativa de un nuevo proceso, fue más allá y dijo estar dispuesta a postular como consejera constituyente, siempre y cuando el oficialismo compitiera en una misma lista, lo que finalmente no ocurrió y no hubo alianza electoral.

En la mitad de su gobierno, en mayo de 2024, durante el lanzamiento de un libro sobre sus antecesores, Boric reveló que existía “una profunda complicidad” con Bachelet.

Con el paso del tiempo, el propio Jefe de Estado ha intentado remediar la dureza de sus anteriores juicios sobre ella y la Concertación, de los que en privado se ha arrepentido en más de una oportunidad.

En su cuenta pública de 2024, con un marcado tono conciliador, Boric señaló que Bachelet había abierto caminos “pioneros” en derechos sociales, equidad de género y protección del medioambiente, que él buscaba ampliar.

Incluso, en las últimas elecciones, el mandatario comenzó a ver con buenos ojos una tercera aventura presidencial de Bachelet, que unificara el Socialismo Democrático, el PC, el FA y la DC y le diera continuidad a su gobierno. El 5 de marzo del año pasado la dirigenta cerró esa posibilidad y la historia fue otra.

El 12 de diciembre de 2022, en una planeada puesta en escena, Bachelet y Boric caminaron juntos desde La Moneda al Centro Cultural La Moneda, donde celebraron el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Corolario

Bachelet le había comentado con anticipación a Boric que el lunes 2 de febrero partiría de vacaciones al sur y que en marzo retomaría su agenda internacional con un viaje a Nueva York. Ese día, por tanto, era el “plazo fatal” para que el jefe de Estado anunciara -junto a ella- su inscripción como candidata a la Secretaría General a la ONU. Al día siguiente, además, estaba agendada la reunión bilateral entre el canciller Alberto van Klaveren y su sucesor, Francisco Pérez Mackenna, donde el tema estaría sobre la mesa.

El anuncio y la puesta en escena para esa mañana se mantuvieron en estricta reserva, al igual que los respaldos de dos potencias continentales conseguidos por Boric y el edificio José Miguel Carrera.

El lunes, a las ocho de la mañana, acompañado de los embajadores de México, Laura Moreno, y de Brasil, Paulo Pacheco, y sus respectivas banderas -sólo reservadas para las visitas de Estado-, el mandatario hizo el anuncio.

La jugada de política internacional que, desde hace un buen tiempo, no se veía en Palacio, tuvo diversos efectos.

Causó el inmediato rechazo de un sector mayoritario de la derecha y dejó al presidente electo en una incómoda posición, con poco margen de acción. De paso, aglutinó al oficialismo aún tensionado por los cuestionamientos al respaldo a la Ley Nain-Retamal, invocada en la absolución del caso de Gustavo Gatica.

Pese a tratarse de una carrera muy cuesta arriba, Boric dejó instalada a Bachelet en la línea de partida de una carrera por el cargo más importante de la diplomacia mundial.

Esa mañana, Boric no escatimó en elogios a Bachelet: “Ella ha gobernado, ha negociado, ha sanado y ha escuchado; su trayectoria combina empatía y firmeza, experiencia y apertura, y todas ellas con la capacidad ejecutiva de decidir y de hacer”.

Así, el Mandatario transformó la que probablemente será su última apuesta política, en un homenaje a quien no dudó en abrirle puertas a él y a su sector cuando apenas asomaban en la escena nacional. Y ordenó a Cancillería seguir buscando apoyos.

Antes de la segunda vuelta de 2021, Bachelet llegó a Chile e inmediatamente se reunió -en su casa en La Reina- con el entonces candidato de Apruebo Dignidad.
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